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domingo, 30 de diciembre de 2012

Esnob


Se ha puesto de moda para mi monumental y más rotundo enfado; utilizamos anglicismos con una cotidianeidad sospechosa, peligrosa y hartamente inútil, tal vez porque nos suene mejor en otro idioma que en uno como el nuestro, sin necesidad de méritos y fomento que no precisa por los números y datos que lo avalan. Permítanme que caiga en la trampa de los barbarismos lingüísticos y defina como esnob a los esnob que hacen lo posible por intercalar frases de todo idioma conocido en sus habituales conversaciones, para hartura de interlocutores como yo. Sí, esnobs. Aquello o aquellos que según nuestro Diccionario de la Lengua es lo que tiene cierto aire de excentricidad, y en origen, las que querían aparentar una mayor posición social.

Lo sorprendente es su procedencia, por qué el empleo de este término inglés que en todo caso, no tiene raíz anglosajona alguna; pues habríamos de irnos al siglo XVII y a la Universidad de Cambridge, la segunda universidad de habla inglesa más antigua, después de Oxford, fundada en 1209. Ésta, en la centuria del seiscientos, habilitó una serie de becas y ayudas que permitieran el estudio superior a los hijos de familias humildes pero que destacaran por su capacidad. Esta novedad, revolucionaria y no bien acogida por un grueso estudiantil de corte aristocrático, hizo que se distinguiera a los alumnos según su estrato social, quedando marcados los estudiantes becados en su matrícula y en las hojas informativas que de cada alumno disponía el profesorado, con una expresión que los identificaba y señalaba. Imaginamos que no para facilitar su nota ni su aprendizaje.

Desde el rectorado de Cambridge se pidió que estos alumnos pobres llevaran en latín, tras su nombre y apellido, el término sine nobilitas (sin nobleza), que fue acortándose poco a poco. Al fin, acabó contraído hasta snob, de donde se castellanizó a esnob.

¡Cierto, sin nobleza! Pero su paso por Cambridge los devolvía al seno familiar o al lugar habitual, cambiados, estirados, diferentes y con ciertos aires prepotentes de una superioridad mal digerida. Eran unos “snob”, pero al comportarse tal y como hemos dicho, el término discriminatorio que la Universidad inglesa acuñó para ellos se acabó destinando a quién de manera excéntrica, quiere sobresalir y destacarse.

P.D. Hay otra forma de definirlos, que en granadino es TONTOPOLL... Dónde va a parar, mejor que usar barbarismos. 

sábado, 29 de diciembre de 2012

Ver menos que Pepe Leches


Muchos se habrán preguntado si existió Pepe, ese que no veía nada de nada, que sirve hoy día para señalar jocosamente un problema visual o para ironizar con la pérdida de la capacidad ocular, propia o extraña. No es raro, ya que si vivieron realmente Rita la Cantaora y en efecto hubo uno tan feo como lo esperado que se llamó Picio, habría de existir ese “don José de las leches” que tanto repetimos los españoles. Los hay que se atreven a señalar la intrahistoria del sevillano pueblo de El Viso del Alcor, en el que entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX vivió un lechero acuciado de dolencias visuales que solía tropezar frecuentemente y caerse, como en cierta ocasión, por los lugares más insospechados, caso en una ocasión de su tropiezo y caída al interior de un pozo. En El Viso pronto, ver poco fue sinónimo de “ver menos que Pepe Leches” (se entiende que el apelativo hace referencia a su oficio), y pronto
Sin embargo, en 1903 comenzó a circular por Madrid un pequeño librito, más folleto didáctico que otra cosa, que bajo el lírico nombre de “No hay prenda como la vista”, procuró mediatizar a los escasos lectores de la época sobre la importancia del cuidado ocular y especialmente sobre conceptos de higiene visual y corrección a la hora de leer o no forzar la vista. Entres sus hojas, se incluyó a posta a manera de reclamo, la historia jocosa de un viejo guardia de la población madrileña de Leganés y activo en su ejercicio a mediados del siglo XIX.
En el relato, el protagonismo es todo para José Fernández Albusac, guardia municipal del Ayuntamiento de Madrid, que no se andaba con tiento a la hora de cortar y dar por zanjada cualquier discusión vecinal y no se atenía a diálogos estériles cuando había de sancionar a un viandante. Excesivamente rápido a la hora de desenguantar su recia mano, atajaba problemas con la palma de ésta, lo que le valió ser conocido como Pepe Leches, que le venía como anillo al dedo por su pasión por la bofetada.
José Fernández era una institución en aquel Madrid que sobre 1840, no alcanzaba los 160.000 habitantes. Además le caracterizaba una profunda miopía que nunca fue atajada a tiempo, quizás por cierta necesidad de rudeza a la hora de vestir el uniforme de guardia municipal; sea como fuere, los años iban recrudeciendo la dolencia de José Fernández al punto de haberle hecho perder una gran cantidad de vista, algo que terminó por inmortalizarlo, unido todo ello a una frase que a manera de coletilla, repetía cada vez que solía coger a un grupo de amigos afectados por el alcohol o en medio de una disputa: “ninguno es totalmente inocente cuando dos se pelean”.
José Fernández, hacia 1845, empezó a sospechar de la fidelidad jurada ante un Altar que un día pronunció su mujer. Alertado y cada vez más meditabundo, la vida de una urbe como Madrid (a pesar de su recoleto tamaño en comparación con el actual), llena de problemas y enfrentamientos, y todo ello aderezado con el poco respeto que a causa de su vista cada vez más fallona le conferían los madrileños, terminaron por convencerse de lo útil y provechoso que sería regresar al pueblo de sus ancestros, aún rural y pequeño, pero intentando seguir en el ejercicio de la autoridad pública que tanto le gustaba y hacía disfrutar.
El guardia Fernández comenzó a acariciar la idea de entrar en un Cuerpo de Seguridad recién creado, la Guardia Civil. En un pueblo, quizás el suyo, dedicado a tareas por las que fuera respetado, alejando a su mujer de las tentaciones masculinas de la capital y gozando de la tranquilidad del campo español, José Fernández tenía que entrar como fuere en ese nuevo Cuerpo. Y la oportunidad se le presentó en la celebración de una cena benéfica a la que le habían enviado para prestar sus servicios, o bien se había encargado él de que se la adjudicara la vigilancia en ese acontecimiento, en el mismo instante en el que pudo saber que contaría con la presencia de Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada y fundador de la Guardia Civil un año antes (1844).  
Aprovechando un momento distendido de la encopetada fiesta, José Fernández se dirigió al Señor Duque de Ahumada en el intento de convencerlo de su capacidad y experiencia para ingresar en el nuevo cuerpo sin necesidad de tramitar peticiones y rellenar formularios; pero si Madrid se reía de él no era por gusto, pues en el momento preciso en que se creía frente al Excelentísimo Fundador de la Guardia Civil, empezó su meditado discurso, sin darse cuenta que se lo estaba diciendo de tirón (entre méritos inflados y proezas inventadas) a una niña pequeña, hija de los anfitriones, a quien confundió con Ahumada dando muestras inequívocas de su falta de visión.
Que no entró en la Guardia Civil nos consta, pero que su miopía próxima a la ceguera no cesó nunca de crecer, da fe que muriera a los años, atropellado por una carroza fúnebre cuando cruzaba al encuentro de una sobrina suya. Y déjenme que les diga: lo más probable es que esto lo escribiera algún lúcido y creativo escritor decimonónico que cobró por crear esta historia, por encargo de algún óptico que quisiera difundir su negocio y alertar a la sociedad de la necesidad de cuidar la vista. Pero nadie puede negar que siglo y medio después, si José Fernández Albasac, naturalde Leganés, Guardia Municipal de Madrid, no existió, es imposible borrarlo del colectivo español, que se ríe e ironiza de problemas visuales (humor patrio) diciendo que “ves menos que Pepe Leches”.

viernes, 28 de diciembre de 2012

¡Las doce en punto y sereno!

No conocimos la figura del sereno pero nuestros mayores se han encargado de hacérnosla saber y de glosar de manera poética su cometido. Formaban parte de una sociedad extinta pero sabiamente reglada, en la que los delitos y las infracciones “graves” habrían de ser resueltas por la policía, la verdadera fuerza de seguridad civil, mientras que las pequeñas faltas y ataques al civismo les correspondían a ellos. Además, el sereno es sin lugar a dudas uno de los signos españoles más castizos, uno de los hitos carpetovetónicos que con dos siglos largos de supervivencia, el cine y los documentos históricos nos retratan y recuerdan.


En 1715 empezaron a actuar de acuerdo a las ordenanzas de la Villa y Corte de Madrid, para evitar los escándalos nocturnos que los más licenciosos se permitían a horas intempestivas del día. No es fácil determinar si en efecto se trata de una figura de orden público creada en España, puesto que en la Inglaterra del siglo XVIII también existieron, bajo el sobrenombre de nignt watchmen. En realidad su origen más remoto habría que buscarlo en el Imperio Romano, aunque bien es cierto que perdida y desaparecida su figura, podríamos pensar que la recuperación en la época moderna de la labor del sereno, se la ha de apuntar una vez más España, habida cuenta que en la temprana fecha de 1715 es citada ya su presencia en la capital.


Sin embargo, los hay que recuerdan que nacieron oficialmente en el reinado de Carlos III, el monarca que más cambios, mejoras y modernizaciones haya causado en la Nación. En la España de 1759, año del comienzo del reinado de Carlos III, la fuerte migración del campo a la ciudad y la precaria situación de muchos de estos emigrantes para conseguir un trabajo digno en las ciudades vinieron a suponer la comisión de delitos menores, pequeños hurtos y malestares en la vía pública que eclosionó en las enérgicas protestas de la burguesía. Así las cosas, fruto del empeño del Rey por mejorar el día a día de la Corte, vieron la luz “innovaciones” destinadas a controlar el orden público y salvaguardar la integridad ciudadana, aunque no todas bien tomadas por los madrileños. Anecdóticamente hay que recordar cómo, al construir y poner en marcha el alcantarillado, multando a quienes siguieran llevando a la práctica la repugnante pero histórica costumbre de vaciar bacinillas por la ventana, los madrileños protestaron contundentemente a lo que el rey Carlos III respondió la inmortal frase que sigue: “Mis súbditos son como niños pequeños. Lloran cuando se les lava”.

Entre las mejoras estaba el alumbrado público, la rotulación de calles con nombres visibles y la identificación de las viviendas con números, el primer censo poblacional y al fin, la creación de un grupo de vigilantes nocturnos que harían su primera aparición en Cádiz y Valencia. Y decimos creación refiriéndonos a su fundación oficial, porque esta figura ya había sido puesta en marcha por Felipe V, su padre, décadas antes. Acababa de nacer el oficio del sereno, que recibieron tal nombre de manera popular a raíz de uno de los cometidos para los que se les instruyó: anunciar cada cuarto de hora el tiempo y la meteorología del momento; al ser el cuerpo de vigilantes nocturnos de Valencia uno de los primeros y el más pujante de la época y la climatología valenciana tan benigna, acostumbraron los trabajadores a repetir, tras la hora que cantaban y pregonaban con voz rotunda, que se esperaba un tiempo SERENO.  Y así, de manera jocosa quedaron bautizados hasta el punto de identificarlos con ese nombre de manera inequívoca

Los esfuerzos de Carlos III por hacer de Madrid la capital que merecía su vasto reino (¿o podríamos seguir diciendo Imperio?) fueron impagables. La historia le ha otorgado no ya sólo un lugar de excepción entre los grandes monarcas de España y de su tiempo, sino el título castizo y resolutivo de “El buen alcalde”: Y en los propósitos por mantener la seguridad de las noches capitalinas, constituyó mediante Real Orden aplicable sólo a Madrid, el Cuerpo de Vigilantes Nocturnos el 12 de abril de 1765, por lo que si oficiosamente es cierto que nacieron en la ciudad del oso y del madroño, el privilegio institucional les corresponde a Cádiz y especialmente a Valencia.

Joaquín Manuel Fos (1730-1789), fue un Industrial de la seda y técnico textil que descubrió el modo de perfeccionar los tejidos de muarés. En 1776 Carlos III le nombró vocal de la Real Junta de Comercio e inspector general de fábricas de seda de Valencia. Su fama y trascendencia social creció al punto de ser reconocido como prohombre valenciano y recibir el nombramiento de alcalde de barrio. En 1777, ya en el ejercicio de sus funciones, habrá de enfrentarse a una disposición que ordenó cumplir Carlos III, por la cual los pirotécnicos y coheteros quedaban sin empleo y suprimida su actividad por encontrarla peligrosa. De la noche a la mañana, decenas de valencianos perdían su único modo de vida y Joaquín María Fos encontró la manera de buscarles un empleo a cambio de que realizaran un servicio social esperado y demandado. Fue así como en 1777, nacía el Cuerpo de Vigilantes Nocturnos que imitó a los pocos años Vitoria y Toledo, con el encargo de rondar por las calles desde las once de la noche hasta las cinco de la mañana, atendiendo a quienes lo necesitaran y evitando escándalos y hurtos.

Poco a poco las ciudades españolas se dan cuenta de la utilidad de estos personajes; es lo que viene a ocurrir en Murcia, cuando el 1 de octubre de 1785 se organice un Cuerpo de Vigilantes nocturnos que en aquella remota fecha está constituido por cuatro serenos que actúan en el barrio murciano de San Bartolomé y al poco de su cometido, el Cabildo Municipal se da cuenta que la delincuencia y las denuncias sobre comisión de faltas había disminuido ostensiblemente, de forma que en menos de un mes empieza a aumentar el número de serenos, llegando a 11 el 1 de noviembre de 1785. Los ejemplos de Valencia, Murcia, Toledo o Cádiz van cundiendo por la geografía española y provocan que el Rey Carlos IV amplíe las competencias del vigilante nocturno y sume a sus funciones, las de encargados de encender el alumbrado público, de suerte que emite una Real Orden en 1797 para el “Cuerpo de Serenos/Faroleros”. Esta ley delimitó y especificó las funciones, atribuciones, número de pagas y mantenimiento del servicio de los serenos, a la vez que sirve de institucionalización del cuerpo, algo que llegará en 1834.

El Reglamento de Serenos-Faroleros del 16 de septiembre de 1834 sirvió en un primer momento para los vigilantes madrileños, haciéndose luego valedero para todo el territorio nacional. Lo primero que hace es estructurar jerárquicamente a sus trabajadores, al mando de un “inspector” que se vería auxiliado por “celadores” y cerrando la pirámide laboral, los serenos/faroleros ordinarios. Eran los celadores los que pasaban revista y distribuían el material de trabajo, otorgando al particular cuerpo un carácter marcial y severo. Entonces, el sereno ordinario cargaba con su voluminoso equipo compuesto por escalera, cadena y candado... La aceitera de media arroba (unos 8 litros) era imprescindible para atender sus tareas de “encendido del alumbrado” y no faltaban bayetas y similares que ayudaran a limpiar los cristales de las farolas; provistos de un chuzo o pica, podían defenderse e imponer la seguridad en las oscuras y nocturnas calles de su ruta, mientras que el farol de mano en caso de travesías mal iluminadas y el pito colgado del cuello completaban un atuendo, que nació y murió elegante y distinguido: levita de paño, una esclavina larga, y un sombrero acharolado.

Los serenos, desde 1840, están como mínimo en todas y cada una de las capitales de provincia españolas. Hubo poblaciones que por dimensión, se pudieron permitir la presencia aplaudida de éstos españolísimos vigilantes, que en 1865 sufrirían el primer varapalo cuando empezaron a sustituirse las antiguas farolas dieciochescas por las de gas. Pero entonces, a sus atribuciones sumaron las de acompañar a los vecinos que transitaban tarde por las calles al portal de la vivienda, que abrían con su propio juego de llaves, disponiendo así de la posibilidad de abrir las puertas de todo el vecindario. Eran tiempos en los que a España no habían llegado los porteros comunitarios y en los que las horas eran dichas con puntualidad caballeresca, en tanto se podía oír por las calles aquello de “¡las tres y cuarto y nublado”!, aunque seguro, lo que más repetían en una tierra dominada por el clima mediterráneo era aquello de “¡las doce en punto y sereno!”, que les bautizó para siempre.

El pito del sereno... Expresión que recuerda cuando alguien no es tomado en serio. Porque por más que nuestros desaparecidos personajes hicieran sonar su “arma” más habitual, no siempre (por no decir en rara ocasión) se les hacía caso. Y sirvieron para dar forma a otra expresión popular y castiza. Pero hay quienes nos recuerdan, que era sosegadamente tranquilizador asomarse a la calle y contemplar que alguien velaba los sueños del vecindario.

Y en 1977, se fue el último de ellos en una España de mayor número de policías, vigilantes jurados y porteros de librea. 

jueves, 27 de diciembre de 2012

El principio del fin de Granada


Zahara de la Sierra (Cádiz) en la actualidad

Zahara había caído en manos cristianas en octubre de 1407, dentro de las campañas de reconquista con las que Castilla había tomado posesión de Cañete La Real o Setenil de las Bodegas, un proyecto acariciado desde tiempo atrás y que había sido pretendido por las tropas cristianas desde que en 1362 empezara a cercarse todas esta zona geográfica gaditana, aunque entonces no pudieran hacerse con las poblaciones que, siendo del Reino de Granada, habían resistido el asedio castellano.

Mapa de los conflictos producidos durante las segundas guerras civiles castellanas. 

En agosto de 1464 Abul Juyush Nasr ben Muhammad, que los cristianos conocerán como Muley Hacén, sube al trono de Granada sucediendo a su difunto padre y es proclamado Emir de los creyentes. Inició su reinado manteniendo el vasallaje con Castilla y esa cordialidad aparente con la que los reinos cristianos y el musulmán de Granada se trataban de tú a tú. Un largo periodo de paz y de cese de hostilidades entre ambos territorios peninsulares, a consecuencia de la guerra civil que asolaba Castilla, fue recibida animosamente por los sultanes granadinos. En los conflictos internos que azotaban al reino castellano, destacaríamos el periodo que entre 1465 a 1468 enfrentó al rey Enrique IV con su hermanastro Alfonso tras la muerte del soberano Juan II y al fin, el dificultoso proceso de sucesión que desde 1475 a 1479 intentó decantarse por la hija ilegítima del rey, Juana, o por la que a fin de cuentas terminaría por comandar Castilla, crear España tal y como la conocemos y granjearse el respeto de la historia, Isabel I, la Católica.


Dinar granadino

Pero las relaciones se habían salvado de alguna forma. Los granadinos eran conscientes que hasta tanto Castilla no arreglara sus problemas intestinos, las fronteras del Reino andarían a salvo de los impulsos reconquistadores cristianos, que habían atosigado desde la Batalla de las Navas en 1212 a al-Andalus. Las treguas entre Castilla y Granada se habían renovado regularmente en 1475, 1476 y 1478. Bien es cierto que los incidentes fronterizos solían ser frecuentes, hasta que Muley Hacén, mucho menos dotado que sus antecesores en el trono granadino, decidió que era hora de emprender la tarea de recuperar el esplendor del Islam en la Península Ibérica, y aprovechando una de las frecuentes legaciones diplomáticas, con más interés recaudatorio que de cordialidad, les espetó a los castellanos: "Han muerto ya los reyes de Granada que pagaban tributo; también han muerto los reyes de Castilla que los recibían. En las cecas en donde se acuñaba la moneda de las parias, se forjan hierros hoy para impedir que se sigan pagando".

Trono de los Reyes Católicos en el Alcázar de Segovia.

Oyeron repetidas estas palabras los Reyes Católicos no sin cierta incredulidad, que venía a poner fin a casi dos siglos de religiosa y puntual entrega de una cuantía en concepto de protección que los granadinos satisfacían desde 1246 cuando Alhamar aceptó el trato de pagar por 20 años de paz al rey Fernando III el Santo. Pero consolidada la unión entre Castilla y Aragón, pacificada Castilla y cumplimentada la promesa de la Reina Isabel de no descansar hasta ver expulsado al Islam de las tierras de la Hispania Romana y la España Visigoda, es Fernando el Católico el que se adelanta a contestar las palabras de Muley Hacén: “no descansaré hasta desgranar, uno a uno, los granos de esa Granada”.

Grabado de Peter van der AA.

El sultán entendió roto la tregua que en 1475 había firmado con el Conde de Cabra pactando la paz en toda la frontera entre reinos, desde Lorca a Tarifa. Por ello, un 27 de diciembre de 1481, hace hoy 531 años, se toma y recupera para Granada la población gaditana de Zahara, golpeando doblemente la moral cristiana, que por un lado daba muestras de debilidad dejándose arrebatar una plaza fronteriza como aquella, y por otro, la pérdida se producía nada menos que en el día de San Juan Evangelista, la gran figura del catolicismo castellano y santo patrón del padre de la Reina Isabel, el difunto Juan II. El fin de Granada estaba ya sentenciado. No había excusas para posponer las campañas militares que recuperaran el territorio peninsular y acabaran con el último domino musulmán en el Continente europeo. La respuesta de los católicos se hizo esperar hasta que el 28 de febrero se asestara el más doloroso y mortífero golpe bélico a Granada y su reino: la conquista de Alhama. Y el final del romance, que bien es cierto su autoría es cristiana, puede servirnos para entender la importancia de la reconquista de esta ciudad granadina para el trascurso de la Guerra, pero también el mazazo moral que supuso:

Por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino,
y aquí se pierda Granada.

Salida de la familia de Boabdil de la Alhambra. Manuel Gómez Moreno, 1880

Ese mismo 1482 Abú Abd Allah, que subirá al trono como Muhammad XII, depone a su padre Muley Hacén y se hace con el trono. El nuevo Emir ha de hacer frente al inicio de la Guerra, a los conflictos internos entre la nobleza del reino que ha sido mancillada por el antiguo sultán y a la flaqueza moral con que la población se está contagiando. Si unos años atrás fue Castilla la castigada por una Guerra Civil, la que estalla en Granada entre los partidarios de Muley Hacén y los de Boabdil vienen a confirmar que el fin del Reino está cerca. La última llama de al-Andalus, realmente, comenzó a consumirse tal día como hoy de hace 531 años con un poco meditado ataque a Zahara por parte de un ejército de voluntarios de la fe del yund o distrito gaditano, se apresuró a tomar la plaza. Las tres ramas del ejército granadino con casi 100.000 efectivos, no pudo evitar que en menos de diez años, los Reyes Católicos tomaran Granada, unificando el territorio y creando el Primer Estado Moderno del Mundo, ESPAÑA.

Odalisca. Mariano Fortuny, 1861

Por cierto que dice la leyenda que cuando el Sultán Muley Hacén regresó a Granada tras la conquista de Zahara de la Sierra, entre el botín traía lo que algún alfaquí granadino profetizó como la ruina y en efecto, terminaría siéndolo: Isabel de Solís, hija del Comendador de Martos y apresada en la razia de esa jornada. LA FAVORITA. 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El origen de los Christmas


Propongo un modelo de Tarjeta de Navidad: Granada Nevada


Atrás quedan los años en los que los buzones hogareños contenían alguno de esos “christmas” que familiares, empresas o firmas comerciales enviaban con propósitos todavía navideños. El correo electrónico, los avances en tecnología móvil y una cada vez más acusada insociabilidad y desafecto han terminado por enterrar una tradición que a duras penas sigue viva y en estas fechas está cumpliendo 169 años.

Sir Henry Cole ()1808-1882

En la Inglaterra de 1843 Henry Cole se había ganado un más que plausible lugar; su tarea de diseñador, unido a su pretensión de difundir y fomentar la educación lo llevaron a inventos que revolucionaron la sociedad de su época, entre los que están el sello, que se le ocurrió mientras trabajaba para el Servicio Postal londinense (esto ocurriría entre 1837 y 1840), pero si lo recordamos hoy aquí es por crear la primera tarjeta navideña con la que felicitar estas fiestas. Conocida como Christmas, el término en inglés ya evidencia dónde nacieron estas tarjetas. Ahora bien, seguro  que ustedes se habrán preguntado por qué los ingleses no hablan de Navidad y sí de Christmas... y ciertamente no están muy confundidos, ya que esa palabra anglosajona habla de “Misa de Cristo”. Pero será mejor tratarlo en otro momento en esta Alacena.

"Día de San Valentín" de John Calcott

Nos habíamos ido a 1843 y a la idea nacida en la cabeza de Sir Henry Cole. Éste encargó a un amigo suyo pintor que le realizara un dibujo coloreado con el que ilustrar sus mejores deseos y enviarlos a familiares y amigos. El designado fue John Calcott Horsley (1817-1903), especializado en asuntos históricos pero que pasará a la fama por realizar el primer Christmas de la historia y el primer cartel anunciador de la fiesta de San Valentín.

Primera Tarjeta de Navidad de la Historia (1843)

Ejecutado el dibujo, coloreado y  terminado, Henry Cole recibió las 1.000 copias que una imprenta londinense se había encargado de reproducir. En la escena, una familia estaba rodeada, en un instante del tradicional banquete navideño pero ya en el momento de los brindis. El autor quería que el acto de los protagonistas representara un brindis en recuerdo de los ausentes y se permitió la licencia de hacer que la Navidad fuera un momento relajado, incluso para la educación de los niños.

Detalle de la primera tarjeta navideña (1843)

A propósito de la anécdota, seguro que muchos de ustedes han dejado que en ocasiones tan importantes, festivas y relajadas como la Nochebuena, niños menores de edad prueben levemente algo de alcohol. La famosa expresión: “mojarse los labios” justifica la ingesta de alguna bebida del tiempo y la fiesta en los más pequeños. Hay padres y padres, claro está. Incapaces de cuidar y educar a su prole y los que se permiten algún gesto; y eso mismo hizo John Calcott en su tarjeta de navidad, pintando a un niño de esa familia de la que hablábamos, brindando también con alcohol, lo que levantó las más enérgicas protestas de la sociedad conservadora inglesa y en especial de los anglicanos más ortodoxos, los puritanos.

Otro modelo de Tarjeta de Navidad: Granada en estas fechas

A Henry Cole la tarjeta le encantó, celebrándola con vehemencia y haciéndosela llegar a los suyos; pero no todas las 1.000 tarjetas las usó, de forma que su autor, el pintor Calcott se encargó de vender las sobrantes al precio de un chelín cada una. Sin quererlo, acababa de originar el empleo del christmas.

Definitivamente, no creo que haya una Tarjeta de Navidad más bonita que la de Granada nevada

En 1863, las tarjetas para felicitar las fiestas se imprimían ya en serie; en aquellos años, la cursilería de diseño no era el motivo de sus escenas, desechando paisajes nevados y escenas idílicas, para centrarse en temas religiosos y en escenas de hogar y familia. En 1875 Louis Prang se convirtió en la primera impresora en ofrecer tarjetas en América y de la mano de la Reina Victoria del Reino Unido, llegará la consagración del Christmas cuando en 1893 encargue a la imprenta proveedora oficial de la Casa Real Inglesa, 1.000 tarjetas navideñas con las que cumplimentará el protocolo de la época. El christmas nació en Inglaterra y también fue inglés el primer personaje público que lo usaría.

Quizás, no aguanten dos siglos pero a día de hoy, siguen siendo parte de la Navidad de Occidente. 

martes, 25 de diciembre de 2012

El origen de la Navidad


Aurora de Guercino, frescos del Casino de la Villa Ludovisi (1621)


¿Cuál es el origen de nuestra Navidad cristiana? ¿Por qué el domingo es el día del Señor? ¿Nació Cristo un 25 de diciembre? Nos vamos a Roma, tal día como hoy del año 220. El Emperador Heliogábalo comenzó a rendirle culto al Sol consagrando la Fiesta del Sol Invicto, del Nacimiento del Dios Sol. Ya desde siglos atrás, venía celebrando el Imperio el acontecimiento mágico en el que el Sol renace y cobra vida. Las fiestas de las Saturnales arrancaban un 17 de diciembre y culminaban, a manera de Octava cristiana, brindando por Helios. Júpiter dejaría de ser la primera deidad cediendo el puesto a la Estrella que centra nuestro Sistema; a la muerte de Heliogábalo, el Imperio de nuevo recupera a sus deidades habituales.

Templo de Saturno en el Foro de Augusto de Roma.


Año 274. El emperador romano es ahora Aureliano; su principal idea es que la unidad militar y política que impone el Senado, se vea correspondida en los más recónditos rincones del vasto territorio con una sola deidad. Un Dios, un emperador, un mismo sentimiento. En el Campo de Agripa de Roma. el 25 de diciembre de ese 274, se inaugura el Templo dedicado al dios Sol, convirtiéndose en la religión estatal de Roma y en la paternidad divina por excelencia. Desde entonces, las monedas se graban con la inscripción “deus et dominus natus” (“dios y señor nato”) y se terminan de prefijar los nombres de los días de la semana, quedando uno reservado para Sol.

La salida del Sol. François Boucher, 1753.


Año 321: El Emperador Constantino proclama que el día del sol será el festivo, el de descanso. Él mismo había permitido el culto a Cristo en el año 313 y acabado con las persecuciones cristianas, pero fue el dios Sol el que sin embargo marcaba la festividad y descanso de los romanos de todos los rincones del Imperio.


La puesta de Sol. François Boucher, 1752.


Año 350: el Papa Julio I sugiere que el nacimiento de Jesús sea celebrado este día. Casi siglo y medio después de las celebraciones sin precedentes en honor del Sol, la Iglesia hace coincidir la fiesta de Cristo con la primera y más significativa de Roma. Desde luego, ni fue una casualidad sino que se buscó a propósito entroncar a Cristo como el Sol que alumbrara a los ciudadanos del Imperio.

Navidad. Proyectos de portada para "Vogue", Salvador Dalí 1946.


Año 354: el papa Liberio decreta este día como el nacimiento de Jesús, celebrándose por vez primera la Navidad en tanto se produjo la primera festividad litúrgica. Los cristianos toman prestado también de Roma el término, pues “Navidad”, sinónimo de natividad o nacimiento, era el concurso de festividades (las saturnales) que ensalzaban y celebraban el regreso triunfante y poderoso de Sol, cada vez más presente y cada vez más notorio en el Cielo del Hemisferio Norte. A fin de cuentas, lo que se pretendía era hacer más fácil que los romanos pudiesen convertirse al cristianismo sin abandonar sus festividades, mediante coincidencias temporales y espaciales.

Descanso en la huida a Egipto. Giovanni Battista Pittoni, 1725.



Año 379: Estamos en Constantinopla, hoy Estambul. El Arzobispo de la Ciudad es Gregorio Nacianceno también conocido como “el teólogo”. Gracias a él sabemos que la víspera del 25 de diciembre, la antigua capital del Imperio de Oriente celebró un banquete que recordara el Nacimiento de Cristo y sirviera como fiesta ante un acontecimiento religioso de tal magnitud. La tradición de la Nochebuena o del banquete navideño, tiene por tanto 1633 años.

La Sagrada Familia. János Dónat (hacia 1787).


Año 380: El Emperador Teodosio promulga un edicto en el que la fiesta del Sol ha de acabar, quedando desde este mismo momento sustituida por la celebración del Nacimiento de Cristo. En Tesalónica, el Emperador Teodosio expide documento oficial un 27 de febrero de 380, con el que se establece como la única religión del estado al cristianismo y se prohíbe cualquier otra manifestación religiosa anterior.

San Ambrosio y el emperador Teodosio, de Anton van Dyck (1620).


Año 383: El Emperador Teodosio renombra a uno de los días de la semana, de forma que el conocido como Dies Solis (el Día del Sol) se convierte desde entonces en Dies Dominicus, es decir, en el Domingo, el Día del Señor.

Coronación de Carlomagno. Estancias Vaticanas. Rafael, 1515.


Año 800: En la basílica de San Pedro (Roma), el Papa León III corona a Carlomagno. El franco y el Vicario de Cristo acuerdan esta fecha por la trascendencia religiosa desde luego, pero no olvidemos que Carlomagno se consideraba el artífice de la reconstrucción del Imperio Romano de Occidente, de forma que su designación como Emperador en esta fecha, a la vez que se veía imbuida del espíritu cristiano propio de la Edad Media, recuperaba las tradiciones de arraigo de la Roma Imperial.

Año 1223: San Francisco inventa el primer “pesebre”.

Primer desembarco de Cristóbal Colón en América. Dióscoro Puebla, 1862. 


Año 1492: Colón regresa a la Española (actual Haití) encallando la nave “Santa María”. Con los restos de la embarcación se construye el primer establecimiento permanente de España en América: “Fuerte Navidad”.

San José secando los pañales de Cristo. El Bosco (hacia 1500)

A la luz de estos datos, la Iglesia aprovechó la tradición y costumbres romanas que las hizo suyas a fin de perseverar en la extensión y confirmación del cristianismo por la geografía conocida. Ahora bien, ¿cuándo nació Cristo realmente? Para ello podemos servirnos de los Evangelios, y en concreto del pasaje en el que Lucas cuenta cuándo vino al Mundo Juan el Bautista y con qué diferencia lo hizo Cristo respecto de su primo. En el capítulo 1, versículos 5 al 14 de su Evangelio, Lucas nos dice que San Juan Bautista fue concebido en el momento en que su padre Zacarías servía en el templo.

Pedrella inferior del Políptico de la Adoración de los Magos de Gentile da Fabriano (1423).


El Templo era atendido por 24 grupos de sacerdotes que lo atendían por turnos. Zacarías, estaba en el de Abdías que le tocaba servir a comienzos de junio (y en concreto, del 8 al 14). Esto indica que el embarazo de Isabel, la madre de Juan, concluyó en marzo, fecha en la que nacería San Juan Bautista. Es el mismo San Lucas en su Evangelio el que nos dice que Cristo nació seis meses después que su primo, luego la fecha (Lucas 1:24-36) sin duda fue en septiembre. Y no nos hace falta irnos del Evangelio de Lucas, puesto que es él mismo el que nos dice () que a noche del nacimiento de Jesús los pastores cuidaban los rebaños al aire libre, lo cual difícilmente podría haber ocurrido en diciembre. Bien es cierto que el clima palestino no tiene el rigor de los inviernos europeos, pero precisamente las oscilaciones térmicas de aquella zona cuando se hace la noche, hubiera obligado a los pastores a acostarse al abrigo de algún refugio.

Virgen con el Niño. Jacopo Amigoni (hacia 1715).


Pero les puedo asegurar, que aunque la celebración del Nacimiento de Cristo obedezca más a necesidades vitales de los cristianos del Siglo IV y la tradición haya cogido prestado prácticamente todo el rito de Roma y el paganismo, a los creyentes nos da igual cuándo hubiera ocurrido el imponderable acontecimiento del parto de María Santísima, ya que a fin de cuentas, lo grande y valioso de todo esto es que el NUEVO SOL ILUMINÓ AL MUNDO.