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sábado, 30 de junio de 2012

El arte granadino robado

La pequeña población francesa de Castres tiene un Museo dedicado a la pintura española que ha recibido el nombre de Goya. El edificio que acoge tan sublime contenido, es nada menos que un fabuloso conjunto llevado a cabo gracias al arquitecto real Jules Hardouin-Mansart (1646-1708), que entre otras, tiene una importante participación nada menos que en la realización del Palacio del Louvre. Este pequeño museo arrancó sus días en 1840, pero será a raíz de las importantes donaciones que en 1894 realizara  Briguiboul, un pintor y coleccionista, admirador de los grandes maestros españoles, que había reunido obras imponentes, entre ellas tres de Goya, cuando se convierta en el espacio dedicado al arte español en Francia.

Hay representados 35 pintores españoles que van desde el siglo XVI a nuestros días. Del maestro Goya, 3 obras. Es el autor con mayor número seguido de otro, el inconmensurable granadino Alonso Cano (1601-1661) que aporta al conjunto tres igualmente, y cuya procedencia no deja lugar a dudas: son parte del fabuloso ciclo de “La Vida de la Virgen” que tristemente fue robado del Monasterio del Santo Ángel Custodio de Granada. De las ocho obras canescas que se colgaron en muros y Altar Mayor, actualmente la Comunidad de Religiosas Clarisas sólo conserva uno, cuatro más están en colecciones europeas (los tres de este Museo y una privada inglesa) y las tropas francesas arruinaron los siete restantes perdiéndose para el arte cuando huyeron, ya vencidos, en 1812.

A los tres lienzos de Cano que posee el Museo francés se une un cuarto granadino, ejecutado hacia 1631 y que lo realiza Pedro Atanasio Bocanegra, “La Alegoría de la Peste”, una genial composición que provenía igualmente de los expolios de la Guerra de la Independencia o lo que es lo mismo, de los botines franceses que esquilmaron el patrimonio español. “La Anunciación” es un lienzo de 222 x 175 centímetros fechado entre 1655 y 1657 que ven en la imagen de arriba.

“La Visitación”, comparte igualmente medidas y fechas de ejecución con la anterior; en este mismo formato están “Los Desposorios de San José y La Virgen” que guarda el Museo de Goya de Castres y cuya imagen ven en la foto de arriba.

De estos botines bélicos hay que señalar otras piezas que perdió Granada y que ni siquiera hoy pueden verse al formar parte de colecciones privadas; nos referimos a “La Coronación de la Virgen”, que presidía el Retablo Mayor del Santo Ángel Custodio de Granada y que está en la mansión de Kingston Lacy en Dorset (Inglaterra), adquirida en 1814 por William Bankes. Éste mismo (1786-1855), alumno de Cambridge y el que reunió la mayor colección de arte español en Inglaterra, adquirió de Granada "San Francisco visitado por los ángeles" y "San Bernardino" del Convento de San Diego. El lienzo del Santo Ángel está en el comedor principal de la casa y mide 204x 160 centímetros, mientras que las otras obras se relacionan con seguidores de Cano, probablemente

¿Se acuerdan de la devolución de documentos del Archivo de Salamanca? ¿Y las obras de arte granadinas que un día perdimos por robo? 

viernes, 29 de junio de 2012

El Premio Óscar

El ideólogo Cedric Gibbons. 

Para reconocer a los más sobresalientes de aquella industria del cine que ya se había convertido en sonoro y era una realidad social sin paliativos, nació la necesidad de crear en 1927 un premio que se convirtiera en referencia para la historia. Fue así como Cedric Gibbons, director artístico de Metro Goldwyn Meyer, ideó la estatuilla que sigue siendo el máximo reconocimiento del cine, teniendo el concurso del escultor George Stanley para que naciera el referido premio.

Puede ser la escultura más reconocida del mundo.

Un hombre desnudo sostiene una espada; la peana que lo sostiene es un rollo de película con cinco radios que simbolizan a cada una de las cinco ramas originales de la Academia: actores, guionistas, directores, productores y técnicos. Conocido como el “Premio Dorado”, el origen de su nombre sigue siendo original.

¿Sería el tío de Margaret, el que prestó su nombre al Premio Dorado?

Margaret Herrick era la bibliotecaria de la Academia del Cine americano. Tuvo la oportunidad de ver el boceto de Cedric Gibbons y luego la obra del escultor Stanley, recordándole en todo caso a un tío suyo llamado Óscar. Lo cierto es que esa fue su exclamación y sirvió para que entre los académicos, se diewra a conocer como Óscar, sin que trascendiera el origen del cariñoso apelativo. Pero fue gracias al periodista Sidney Skolsky que al escribir sobre la Ceremonia de entrega de los “premios dorados”, dio a conocer el apelativo que de manera privada usaban los académicos para referirse a la estatuilla, causando verdadero impacto su columna periodística; fue en 1934 y el autor, hacía referencia al premio a la mejor actriz que ese año ganaría Katharine Hepburn. Eso sí, hubo que esperar hasta 1939 para que la Academia lo empleara de forma oficial, convirtiéndose desde entonces en el Óscar.

Una jovencísima Bette Davis, quizás la que concedió a la estatuilla su nombre. 

Otra teoría abunda en que la propiedad intelectual del nombre se le debe conceder a Bette Davis, la genial y particularísima actriz que al ver el premio, insistió en el parecido que tenía el caballero desnudo con su primer marido. En concreto, la Davis vino a decir que lo identificaba por “el culo”, calcado al de su primer esposo.

La primera estatuilla era de bronce macizo bañado en oro, pero poco después pasó a elaborarse en una aleación que permitía darle un acabado pulido. Excepcionalmente se fabricaron en yeso, en tiempos de guerra. Una vez superada la crisis, sus dueños pudieron cambiar esos premios temporales por las clásicas estatuillas doradas. En un principio las figuras no llevaban número de serie en la base. Empezaron a ser numeradas en 1949, y se tomó el número 501 como punto de partida. Anualmente se hacen entre 50 y 60 estatuillas, y las que no cumplen con los controles de calidad son partidas y se vuelven a fundir, una operación que necesita del trabajo de 12 personas y 20 horas para terminarla.

El genio Billy Wilder recogiendo tres premios.

Y ocho décadas después, el Óscar es ese codiciado reconocimiento cinematográfico que tocado por la varita mágica de los americanos, concita la atención de miles de millones de personas. 

jueves, 28 de junio de 2012

Rubens

Minerva protege a Pax de Marte (1629)

En la historia del arte, sentir una especial predilección por un artista es un acto voluntario inherente a la calidad del mismo o la aportación que para los criterios del arte haya podido realizar el autor seleccionado; en el caso de Rubens, que hoy viene a cumplir 435 años desde que tal fecha como la presente lo viera nacer en aquel País de Flandes bajo la Corona Española, se convierte con plena convicción en el pintor que mejor ha sabido interpretar el color, que ha conseguido otorgar los volúmenes y planos más aguerridos a sus representaciones y que encarna los valores del barroco como pocos.

La masacre de los inocentes (1611)

Rubens es un católico convencido y convincente. Un diplomático al servicio de varias cortes europeas, un organizador sin precedentes a la hora de forjar un taller capaz de parir cerca de dos mil obras y un esteta que como pintor se hizo a sí mismo, pues si bien tuvo un par de maestros en su juventud, los maestros de la ciudad de Amberes poco influyeron en su trabajo.

Los Horrores de la Guerra (1637)

Y habría de llegar Italia, la que conoce a los 23 años y subyuga al autor. Pedro Pablo se había empeñado en copiar a Durero o a Holbein. Y allí descubre la sensualidad clasicista y también rupturista de Tiziano, Veronés o Caravaggio, entre otros. Y nace su estilo, este que desde 1603 estará vinculado a la Corona Hispana y que será una mezcla entre el color veneciano, la fortaleza de Miguel Ángel y los tipos barrocos paridos por él mismo entregados a la sensualidad detallista de la histórica pintura flamenca.

La elevación de la cruz (1610)

He de reconocer que me apasiona su obra. El pasado año disfruté frente a frente, con “La Elevación” o con  “El Descendimiento” de la Catedral de Amberes, que además me reservaba una reproducción de la Virgen del Rosario de Granada. Pero la colección pictórica de la sede amberina incluía genialidades entre las que no faltaba un Murillo, un Van Dyck o un Jordaens. Y precisamente viendo el “San Francisco” del sevillano Murillo y las obras de Rubens, me dieron ganas de establecer una categoría personal e intransferible que ahora comparto: hay pintores con obras embaucadoras, y otros que ante autores de este tipo, y en este tipo entra Rubens, le pintan a la anorexia. Porque muy por encima de los tópicos rubensianos (“Las tres gracias”) el San Francisco de Murillo parecía haberse encogido ante la incontestable capacidad del pintor flamenco que hoy, hace 435 años que nació. 

sábado, 23 de junio de 2012

Puerta Real de Granada

Plataforma de Ambrosio Vico de 1595, en rojo lugar de la Puerta de la Rambla. 

Justo donde se abre la Calle Mesones, una puerta rompía la línea de muralla que en tiempos de la dinastía nazarí había corrido paralela al curso del Río Darro, protegiendo la ciudad baja en esta zona. Si hoy urbanísticamente hablando estamos a caballo entre el centro histórico (más bien neurálgico) y el Barrio de la Magdalena, era entonces hasta más debajo de la actual traza de la Calle Puentezuelas, el Arenal de Granada, a consecuencia de los depósitos del Darro y de los desbordamientos y crecidas del curso de este río que terminaron por dar a conocer toda esta zona de la ciudad medieval como “La Rambla” o bien, el Arenal.

Plano de Granada de Dalmau (1795). En rojo, la Puerta Real.

La puerta de la muralla, que los musulmanes conocían como Bib-al-Rambla, y que daría origen a la ulterior Plaza céntrica y polarizadora de la vida social granadina desde el siglo XVI, amenazaba ruina en el año 1515, por lo que fue rehecha y revestida con decoraciones heráldicas, coronadas por el escudo de los Reyes Católicos. La presencia del cercano Rastro de Granada, le terminó por dar este nombre a la Puerta, en tanto en 1610 una nueva remodelación le añadiría las nuevas armas patrias y una lápida que a manera de tarja, recordaba la expulsión morisca y venía a decir: “Granada mandó hacer este ornato, haciendo oficio de Corregidor el doctor Pedro de Antequera en el año en que mandó Su Majestad expeler los moriscos de este reino. Año de 1610.”

El Cristo de la Puerta Real en la Hornacina adosada al Hospital de San Juan de Dios.

En 1624, poco después de subir al trono, cruza esta puerta el Rey Planeta, el poderoso Felipe IV y la comitiva regia que habría de desplazarse hasta Granada. Desde ese mismo año, Puerta y entornos urbanos de su alrededor, empezaron a ser conocidos como LA PUERTA REAL  y a partir del siglo XIX, con el apelativo de Puerta Real de España como aún continúa. Será en 1640 cuando además se le añada una Capilla, donde venía a venerarse el lienzo de un Cristo atado a la columna que costeó Francisco Fernández de Cordova, uno de los descendientes del Gran Capitán. La pequeña construcción religiosa lindaba con la sólida puerta, que se abría entre las dos torres medievales y contaba con puertas de madera forradas de metal. Con el tiempo, el lienzo viene a ser sustituido por un pequeño Cristo dentro de la iconografía de la Humildad y Paciencia, que se encargará de difundir la Orden de los Jesuitas a través de los ejercicios de “Meditación” de San Ignacio de Loyola. Hoy, ese Cristo sigue contando con su hornacina en la Calle de San Juan de Dios, en la fachada del Hospital con la Calle del Rector López Argüeta y se le sigue conociendo como “El Cristo de la Puerta Real”.

En 1790 se derruyó la Puerta. Normalmente, estas piezas ya en desuso y sin necesidad de supervivencia en las ciudades contemporáneas, fueron derruidas a lo largo del siglo XIX, sobre todo tras las normativas de alienación y salubridad urbana que con el Reinado de Carlos III diseñarán los ilustrados españoles, pero es especialmente precoz este proceso de derrumbamiento, que deja claro que esta ciudad ha sido pionera en demasiadas ocasiones, y no siempre para bien. La pérdida de la puerta, si bien no supuso un menoscabo patrimonial sí que ha dejado, 222 años después, que la gran parte de los granadinos desconozca por qué el más céntrico espacio de la ciudad es denominado Puerta Real y a consecuencia de qué figura vino a ser conocida de tal forma.

Pues eso, que tal día como hoy, hace 222 años, corriendo 1790, se derruyó la Puerta Real de Granada. 

viernes, 22 de junio de 2012

El poeta Zorrilla en Granada

Una de las grandes iniciativas que el Centro Artístico de Granada llevó a cabo como fundación cultural de extrema vivacidad y empeño en la difusión de las artes y las letras fue el reconocimiento por parte de todos los que tenían algo que decir al respecto, del poeta vallisoletano José de Zorrilla, uno de los máximos exponentes del romanticismo literario español y consagrado para la inmortalidad por su “Don Juan Tenorio”. Algunos han querido ver en el acto que habría de acontecer precisamente en Granada, el origen del actual Premio Nacional de Poesía que laurea la carrera de un poeta y su trayectoria como vate, mientras que otros fijan en esta declaración, el primer premio español de letras.

Sea como fuere, la idea impulsada desde Granada y secundada por otros, bien sumándose a ella, bien colaborando en su puesta en marcha, aglutinó a la Corona Española, el Ministerio del ramo, la Real Academia y estamentos académicos de carácter cultural. En todo caso, España en cuerpo y alma, en jerárquico gobierno, estuvo o secundó la iniciativa. De modo que lo que celebramos este 22 de junio es que hace 123 años, en nuestra ciudad se vino a celebrar la primera Fiesta de reconocimiento, tal vez la concesión del primer premio literario de la Historia de España.

El 14 de junio de 1889 llegaba a Granada José de Zorrilla. Se encuentra con el recibimiento de las Autoridades Locales que le dan un paseo por la ciudad, hasta llegar a la Plaza de la Trinidad, recién formada, pues precisamente en mayo de este año de 1889 se había demolido el convento calzado de la Santísima Trinidad y el solar, hoy plaza pero hace 123 años “improvisada plaza”, vio cómo se levantaba un arco de triunfo formado por hojas de palmera y otra vegetación en honor al poeta.

La Alhambra y los principales conjuntos patrimoniales de la ciudad sirvieron para que concluyeran una tras otra las jornadas. El poeta, se alojaba en el palacio neorrenacentista del Carmen de los Mártires, que en aquella época era propiedad aún de Carlos Calderón, nieto del aristócrata granadino que lo compró y general y agregado diplomático del Reino de España.

La agenda de Zorrilla en los ocho días de elogios y actos que vivió en Granada fue intensa. El 15 de junio asiste a la inauguración de la Exposición Regional de artes y artesanía que comisionó el Centro Artístico. El 21, en el Paseo del Salón, la ciudad le rinde el Homenaje Local, engalanando el Paseo del Salón y llamándolo Cantor de Granada. Años antes, no habían sido pocas las poesías dedicadas a esta ciudad y los muchos elogios escritos por su parte.

Por último, un 22 de junio y que hoy se cumplen 123 años, en el Palacio de Carlos V fue revestido de honores nacionales de manos del Duque de Rivas, en nombre de la Reina Regente María Cristina frente a la congregación de 14.000 granadinos. El hijo del ilustre poeta romántico Ángel de Saavedra, coronó a Zorrilla diciendo: "En nombre de S.M la Reina Regente, que es la más alta representación de la Patria, tengo el honor de colocar esta corona sobre la egregia sienes del inmortal autor de Granada”: Y los asistentes, le empezaron a llamar “príncipe de los poetas”.

Poco después el Ayuntamiento de Granada acordó un 29 de Julio de 1889 nombrar a Zorrilla Hijo Adoptivo de la ciudad, acuñar una moneda conmemorativa de bronce con su efigie en una cara, y poner en valor los poemas que había dejado escritos haciendo referencia a la Capital de la Alhambra. Pero lo anecdótico de todo esto es que después de los fastos de la coronación, Zorrilla, asfixiado económicamente, cuando ya está de regreso en Madrid, pretendió empeñar la corona que se empleó en su homenaje, llevándose la sorpresa de que ésta fue un elemento simbólico más que una pieza material de la que pudiera haber obtenido alguna compensación económica, desilusionándose al estar seguro que había sido ungido con una presea de oro auténtico.

jueves, 21 de junio de 2012

La rana de Salamanca

Tres teorías históricas han venido a explicar por qué una rana polariza y concita la atención de la fabulosa fachada de la Universidad de Salamanca, empezando por aquella que viene a decir que se trata de una simple firma del autor, a manera de recordatorio de su obra y como señal identificativa de su producción escultórica. Pero esta es poco creíble, porque cuando hemos dado con el empleo de un símbolo o una codificación concreta del trabajo de un artista, también ha trascendido su nombre, no siendo así en este caso. Es algo extraño que se haga uso de esa vanidad artística (firmar una obra) pero con la finalidad opuesta: que no se sepa la autoría con nombre y apellidos.

Una segunda teoría queda explicada mientras la iconología, en tanto la rana ha sido siempre asociada al pecado mortal de la lujuria. Además, la salmantina de piedra reposa sobre una calavera, por lo que tal vez se trate de un mensaje didáctico con el propósito de explicar al espectador que la comisión de ciertos pecados, acarrea la muerte.

La tercera es la más famosa, pero no es más que una leyenda de transmisión oral y carga fantástica que ha calado mucho entre el pueblo, precisamente por su concepción fabulosa: el estudiante que conseguía verla antes de terminar sus estudios, aprobaba éstos.

Pero la cuarta teoría, de reciente cuño, es quizás la más verosímil aunque no precisamente la más sencilla; son tres las calaveras de la fachada de decoración plateresca ocultas entre el inmenso y rico trabajo ornamental de la Universidad Salmantina, como tres los hijos fallecidos de los Reyes Católicos. El último, el príncipe Juan, fue tratado por el prestigioso médico de la época, Gonzalo de la Parra, muriendo el 4 de octubre de 1497 en Salamanca, dando origen al romance conocido como “Tragedia de Salamanca”, porque la muerte del heredero, recién casado con Margarita de Austria, ensombreció a España.

La rana sobre la calavera del que estaba llamado a ser Rey de España, es conocida entre los salmantinos como Parrita, precisamente por don Gonzalo de la Parra, el médico que puso todos sus esfuerzos en salvar la vida del Príncipe de Asturias, muerto, según la época, por calenturas. Y la rana advierte de la fugacidad de la vida. Es un mensaje didáctico en consonancia con los fabulosos óleos pintados por Juan de Valdés Leal para el sevillano Hospital de la Caridad, caso de “In ictu oculi” o “Finis gloriae mundi”.

Pero para el mundo, la escondida y difícil rana de la fachada plateresca de la Universidad de Salamanca, es sólo la obligada búsqueda del estudiante que debe encontrarla y visualizarla, si desea aprobar los estudios académicos que “si natura no da, Salamanca no presta”. 

miércoles, 20 de junio de 2012

Una bicoca

bicoca.
(Del it. bicocca, y este de Bicocca, población italiana al oeste de Milán, y nombre de la batalla que en este lugar libraron franceses y españoles en 1522).

1. f. coloq. Cosa de poca estima y aprecio.
2. f. coloq. ganga (‖ cosa apreciable que se adquiere a poca costa).
3. f. ant. Fortificación pequeña y de poca defensa.


En el Milanesado, las tropas francesas y venecianas, apoyadas por los arcabuceros y soldados suizos, se enfrentan a las tropas españolas, que bajo el trono del Emperador Carlos, aquel 27 de abril de 1522 se encuentran en la pequeña población de Bicoca. 15.000 piqueros suizos por parte de franceses y venecianos, frente a 4.000 arcabuceros de los Tercios Españoles. 4,000 enemigos de España muertos. Las bajas españolas, anecdóticas: un solo soldado. UNO. La coz de una mula, cuando se recogían ya los ajuares de guerra tras una batalla triunfal para los españoles, mató a un arcabucero.

Enterado el Emperador de la aplastante victoria española, resultó hasta graciosa la muerte de aquel soldado, mientras que miles y miles de enemigos de España habían caído merced al ingenio bélico español, y eso que eran casi 4 veces más. Pronto, la población se enteró de lo sucedido y con el devenir de los años, cada vez que algo cuesta muy barato o es muy fácil de llevar a cabo, no dudamos en decir que “Es una bicoca”. 

martes, 19 de junio de 2012

Atentado de Hipercor

"Hacia las tres de la tarde, uno de los miembros del grupo realizó desde cabinas telefónicas públicas tres llamadas, comunicando en nombre de ETA que tendría lugar una explosión en el establecimiento entre las 15,30 y las 15,40, a la Guardia Urbana, a “Hipercor” y al diario “Avui”, llamada que se participó a los “Mozos de Escuadra”, quienes a su vez dieron cuenta, a las tres y media, a la Sala de Seguridad Ciudadana... Las fuerzas policiales que acudieron al lugar y el servicio de seguridad del establecimiento no consideraron conveniente la evacuación del edificio y, sobre las 15,55 horas, visto que no se había localizado la bomba y que había pasado ya con creces el tiempo del aviso, se adquirió por la dirección del centro comercial la convicción de que se trataba de una falsa alarma...” (Sentencia dictada el 23 de julio de 2003 por la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional).

Aquel 19 de junio de hace 25 años, 21 muertos, 45 heridos y muchas indemnizaciones por omisión de la responsabilidad de actuación de parte de los responsables, siguen sin cobrarse. A mí me interesa menos saber si el Estado, en letras mayores, en líneas generales, tiene una responsabilidad directa y sí que tres asesinos fueron los primeros y principales actores de una masacre sin precedentes en la historia de España, hasta los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid.

Ahora que ha pasado un cuarto de siglo, seguimos comprobando la débil memoria del pueblo español, pero especialmente de sus políticos. Ahora que han pasado 25 años, un informe de la Policía Nacional habla de la seguridad del chivatazo de la cúpula del Ministro Socialista Rubalcaba para que unos terroristas pudieran escapar en el famoso caso Faisán. Y el PP, que antaño creíamos que estaba en la línea acertada (al asesino, ni agua), ningunea a los colectivos de víctimas.

Ahora que Barcelona y el Centro Comercial Hipercor son historia, para muchos remota, no deja de ser menos cierto que hubo un periodo de 40 años en España, donde vivir a veces, y según en qué lugares, no era más que un ejercicio de valentía y de persecución. Pero como siempre, nuestros dirigentes políticos no estarán del lado de la razón y de la lógica sino del “resultado electoral” y del provecho personal.

Ahora que 66 familias llevan 25 años con una vida destrozada, cada vez que sigo atento noticias y reclamaciones sobre acercamiento de presos y demás disparates, no puedo dejar de pensar que una Nación como la nuestra, incapaz de resolver sí o sí el problema del crimen terrorista, jamás será capaz de hacerle frente a la prima de riesgo, a los rescates financieros y a la corruptela política, porque ni siquiera, anda unida en algo tan primordial como la defensa de la vida.

Ahora, me doy cuenta que el socialismo y la centro derecha de este país, lleva años usando a las víctimas y a los que todavía nos parece increíble que en el Primer Mundo, en la cuna de la civilización occidental, pasen estas cosas y se olviden tan pronto. 

lunes, 18 de junio de 2012

Juan Martínez Montañés

Hablar de un genio de la escultura como éste del que hoy se cumplen 363 años de su muerte, acaecida en 1649, es simplemente jugar a la reiteración, porque poco más se puede añadir del autor cuya estela, tan inalcanzable, le ha terminado por reconocer sus méritos al punto de sobrenombrarlo como “el dios de la madera”. En todo caso lo que realmente nos interesa de Montañés es esa etapa en la que su formación granadina marcaría una conformación del estilo que adoptó a los años Juan de Mesa entre otros, y que viene a señalar la ciudad de Granada como el epicentro de las escuelas escultóricas del barroco en el sur de España.

Es innegable que Montañés se formó con Pablo de Rojas como que nuestro hombre terminará por adoptar los estilos y modos que el maestro le influiría. La revisión del crucificado de la Sacristía de la Catedral de Granada lo emparenta más que nunca con las obras de Rojas y de sus seguidores. Ésta soberbia pieza es una atribución al grupo de barristas granadinos del manierismo, preconizadores del barroco, los Hermanos García. Precisamente hay un detalle estelar que nace en Granada y adopta Sevilla a través de Montañés para convertirse en uno de los elementos de la estatuaria del barroco hispalense: la corona de espinas tallada sobre la base craneal enroscándose con vehemencia en la cabeza del Hijo del Hombre. El elemento definitivo y definitorio que Juan de Mesa dejó en el Gran Poder y hoy más que nunca, conviene indicar su procedencia granadina.

Montañés es el vínculo y nexo entre ambas zonas del sur de España: Granada y Sevilla. Incluso toda vez que es admitido como maestro escultor (entallador) sigue su vinculación granadina ejerciendo de padrino de bodas o llevando a acristianar a hijos de amigos. Si Pablo de Rojas es el “padre de la imaginería andaluza”, Montañés hace lo propio en Sevilla, dando forma y contenido a la que después serán las líneas básicas con las que se pueda definir la escuela sevillana.

A su muerte, ya era más que seguro que desaparecía uno de los creadores más grandes que el Barroco español dio y daría. Su calidad, las líneas naturalistas, el casi eclecticismo de sus obras, entre el clasicismo a la romana y el barroco hispano y su arrolladora personalidad (como Hermano de la polémica Cofradía de la Virgen de la Granada, otra vez más el nombre de esta ciudad en su vida) han terminado por hacer de Juan Martínez Montañés, el maestro más insuperable de la imaginería religiosa universal. 

domingo, 17 de junio de 2012

La conspiración de las mantillas

“Queda elegido Rey de los Españoles el Señor Duque de Aosta”. Y así, en 1870, las Cortes españolas habían decidido que para sustituir a Isabel II de Borbón en el trono español, el hijo del rey de Italia sería el idóneo. Pero si la elección ya de por sí fue reñida y auspiciaba poca adhesión al recién proclamado rey (de 319 votos, 191 fueron para Amadeo de Saboya), el pueblo español fue mucho más contundente, haciendo que la pareja real se sintieran en todo momento como extraños nada menos que en el mismísimo Palacio Real.

Amadeo gastó su fortuna personal en rescatar las embebidas arcas españolas. Su esposa la Reina María Victoria, se dejó las piedras y metales preciosos de su joyero personal en obras de caridad. Aún así y siguiendo la tradición regia hispana, ningún noble quiso amadrinar al primer hijo de la pareja, nacido en el Palacio de Oriente. Fue una vulgar cortesana quién lo llevó a acristianar. Y si se atrevían a pasear en calesa por el Retiro, rápidamente dejaban de hacerlo el resto de los madrileños. Pero el desaire mayor vino en 1871, cuando a cada acto público al que acudían los monarcas, el pueblo de Madrid contestaba, como protesta y repulsa por la presencia de dos intrusos (por cierto, llamados por España y no por su voluntad) italianos, vistiendo todas y cada una de las castizas españolas, la tradicional mantilla.

Llegó a tal punto su uso y abuso, que a pesar de haberse retraído su empleo y haberse dictado otras modas en la esfera pública, a la reina María Victoria del Pozzo, la consorte de Amadeo de Saboya, no le quedó duda alguna que en efecto, era poco querida. Pero como quiera que intentó integrarse, en una Solemne Función oficiada en la Basílica de Atocha, en ese instante en que la vieron aparecer con el clásico velo hispano, las españolas se destocaron del mismo, naciendo desde ese momento el principio de la salida de los Saboya del país.

Mal se juzgó al rey, un caballero de luces y oficio que accedió al trono español por imposición paterna y que fue maltratado en demasía, sin necesidad. Pero lo cierto es que una simple mantilla, una españolísima y castiza mantilla, fue la que ocasionó nada menos que la caída de una casa real. 

sábado, 16 de junio de 2012

El alma

El doctor William McDougall lleva años dedicado en cuerpo y alma a la psicología, posiblemente desde 1899. Estamos en los Estados Unidos y es el año 1907; el científico trabaja para el hospital de Massachussets, con toda la atención puesta en demostrar que sí existe algo que las religiones han venido a denominar alma, de forma que diseña una cama capaz de registrar la menor variación de peso inimaginable y se dedica a experimentar con varios enfermos terminales, de suerte que segundos antes de su muerte pesan 21 gramos más, justo 21 gramos más, que en el instante en que pueden considerárseles muertos clínicamente.

La comunidad científica no encontró aval de peso en la teoría de McDougall, que venía a decir que existía el alma y que pesaba justo 21 gramos, por lo que se decidió a probar con perros, pero en esta ocasión llevando hasta el grado de crueldad su experimento, pues envenenaba a los animales para captar la posible variación. En todo caso, antes de morir y una vez muertos por el veneno suministrado por el doctor, el peso de los perros no variaba, luego llegó a la conclusión que los animales, no tenían alma.

En 1962 recibe el Premio Nobel de Medicina Francis Harry Compton Crick, que había descubierto en 1953 la cadena del ADN. Su cualidad y mérito científico quedaba fuera de toda duda. Entre sus trabajos, destacó precisamente por precisar que tras un riguroso protocolo científico que una serie de neurotransmisores del cerebro humano perdía, en el instante de la muerte, justo 21 gramos de peso. De suerte que a lo que el doctor McDougall llamaba alma, el Nobel Crick lo llamaba conciencia. Pero ambos, con más de medio siglo de diferencia y mediante experiencias científicas distintas, llegaban a la misma conclusión: algo se pierde tras la muerte y ese algo pesa 21 gramos.

Los recuerdos y vivencias, la conciencia, el alma... Los creyentes apostamos porque es un todo y se llama alma. Pero algunos además, hemos de oponernos a la tesis del doctor de Massachussets, porque el mismo San Francisco nos lo dejó claro hace más de 8 siglos... ¿Animales sin alma? ¿Acaso dan muestra de ella algunos humanos?