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jueves, 13 de diciembre de 2012

Pasquín


Pasquino vivía en la Roma del siglo XV y tenía cerca de la actual Piazza Navona su peluquería, quizás uno de los negocios más prósperos y frecuentados de la ciudad eterna, no ya por el excelente trabajo que con el cabello podía realizar el barbero sino porque su lengua, mordaz, ingeniosa y combativa no descansaba nunca y siempre estaba dispuesto a realizar cualquier crítica hacia los gobernantes, la Iglesia con el Papado a la cabeza y cualquiera que con mando y poder, no hiciera en el desempeño de su cargo lo que el honrado y satírico peluquero creía oportuno. Pasquino se hizo inmensamente famoso, siendo visitado por los romanos que no querían perder detalle de sus críticas agrias y ácidas, mordaces y creativas.

Pero a lo mejor Pasquino era un profesor de gramática, un viejo maestro que solía callejear y ofrecer sus servicios (y captar nuevos alumnos) entre el Campo de las Flores y la plaza donde se levantaba un viejo palacio que con el tiempo compraría la familia Baschi, emparentado con un Papa y que es hoy el Museo de la Ciudad.

Conjunto de Melenao y Patroclo del siglo III a. C. 

Fuere cualquiera de las dos historias, lo que sí es cierto es que en 1501 unas obras sacaron a la luz un conjunto escultórico del siglo III antes de Cristo que representaba a Menelao y Patroclo pero que con sus 1.800 años encima, presentaban daños que la alejaban de su aspecto original. El poder civil romano decidió que la estatua ocupara la esquina de una edificación como parte del ornato público de Roma, y es aquí cuando de nuevo nacen las leyendas, pues unos apuntan que se colocó junto a la que había sido la peluquería de Pasquino, otros dicen que los estudiantes le encontraron un curioso parecido con el viejo maestro de gramática que siempre andaba por esas calles y al fin, se convirtió en una de las tradicionales “estatuas parlantes” de la Ciudad Eterna.

Pasquino en la actualidad.

Entre el siglo XVI y hasta casi entrado el siglo XX, los romanos idearon una curiosa forma de quejarse de los males y vicios del poder, de la inoperancia o falta de actitud de sus gobernantes o simplemente, de sacar a relucir su ingenio y sagacidad mediante rimas populares. Consistió este “romano modo” en colgar papeles con quejas, demandas o versos subidos de tono de los pedestales o cuellos de algunas de las estatuas de la Antigüedad que jalonaban las calles de Roma. Con el paso del tiempo se extendió la costumbre, de forma que los ciudadanos pasaron a conocerlas como “estatuas parlantes”, pues en efecto, transmitían más de lo que uno creía a priori, si no es que acababan de crear sin pretenderlo nuestros modernos “buzones de sugerencias”.

Curiosidad que despertaban las estatuas parlantes.

Pasquino era ya ese viejo Melenao de mármol, ejecutado 300 años antes de Cristo que ocupaba, bien los dominios del anciano maestro o bien las lindes del local del peluquero. Y todo lo que se colgaba de él acabó siendo conocido como pasquín. Hoy, la Real Academia de la Lengua Española define pasquín así: Del italiano Pasquino, nombre de una estatua en Roma, en la cual solían fijarse libelos o escritos satíricos). 1. m. Escrito anónimo que se fija en sitio público, con expresiones satíricas contra el Gobierno o contra una persona particular o corporación determinada.

Marforio, o el dios Neptuno.

Las más famosas estatuas parlantes de Roma fueron Pasquino y Marforio. Cuando al primero le colocaban alguna crítica escrita en los “pasquines” que colgaban de su pedestal, lo más normal es que otro comentarista anónimo se atreviera a replicar pero en esta ocasión, fijando algún papel reivindicativo en la estatua de Marforio, la escultura parlante más grande y la que mejor se conserva, gracias a que se encuentra dentro de los Museos Capitolinos. Se trata de una obra del siglo I que representa a Neptuno y que se emplazó originariamente en el Foro de Augusto, hasta llegar a la plaza del Campidoglio ya en el siglo XVII convirtiéndose así en el “rival” contestatario de Pasquino.

Il Babuino, una estatua parlante basada en una obra del siglo I. 

Pero hubo otras célebres, como Il Babuino, un recostado señor que seguro era el retrato de un patricio de la época y que se le puso dicho apelativo por su cara, más cercana a la de un mono que a la de un humano. Estaba en una de las calles que salía desde la Plaza del Populo y fue tal su repercusión que hoy la calle se llama “del babuino” en honor a la estatua de “uomo dei pigiama”, pues el desgaste de la piedra ha hecho que esta escultura encarnando un sileno (sátiro que siempre acompañaba al dios del vino) pareciera llevar un pijama.

Decamerón (1837) obra de Franz Xaver Winterhalter (1805-1873)

De Italia, como tantas otras cosas, nos viene el término pasquín, en honor de un peluquero, de un maestro, tal vez de un pasaje del Decamerón de Boccaccio o del ingenio corrosivo y mordaz de la Roma del Renacimiento, pero que en definitiva nos sirve para llamar al papel publicitario o irónico que suele estar presente en nuestro día a día. 

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