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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Pánico


(Del latín panĭcus, y este del griego Πανικός).
1. adjetivo: Referente al dios Pan.
2. adjetivo: Se dice del miedo extremado o del terror producido por la amenaza de un peligro inminente, y que con frecuencia es colectivo y contagioso.

Pan era un semidiós en la cultura griega, Fauno en el Mundo romano. Dotado de una potencia sexual y un apetito descontrolado, perseguía por los bosques a ninfas y muchachos con los que pretendía mantener relaciones, consiguiéndolo la mayoría de las veces. Como quiera que tenía dotes proféticas, su veneración se extendió entre los pastores y cuantos vivían directamente de los recursos boscosos y su hábitat natural era el espesor de la vegetación, terminó considerándosele que encarnaba todo lo salvaje.

Pero Pan tenía una manera peculiar de restringir el acceso a sus dominios e incluso de conseguir sus “presas sexuales”: mediante gritos espeluznantes que producían un temor inigualable en quienes tenían la desdicha de toparse con esta figura, mitad hombre mitad carnero. Es cierto que tuvo su conmiseración para con el género humano, en concreto en el año 490 antes de Cristo, cuando los enviados de Atenas a Esparta se toparon con Pan (o Fauno). Los atenienses habían buscado el apoyo de los espartanos en la inminente batalla que el rey Darío I, soberano de los persas, iba a presentarles a los ciudadanos de Atenas con el fin de conquistar y someter a los griegos. Fue entonces cuando Pan se sumó a las tropas atenienses y predijo que la victoria iba a estar de su lado. Y en efecto, se sumó al grueso bélico griego enfrentándose junto a estos en la célebre Batalla de Maratón.

La mitología no debe empañar este hecho. El enfrentamiento militar ocurrió en efecto, hace 2.500 años. Los persas llevaron hasta casi la misma Atenas un contingente imparable, compuesto por 25.000 s0ldados de los cuales, 1.000 iban a caballo. Además, contaban con el apoyo de 600 barcos que sumaban un total de 15.000 hombres más en el caso que la guerra prosiguiera sobre las aguas. Enfrente, los griegos no llegaban a los 11.000 hombres. Hasta aquí la realidad, que se saldó con la victoria griega que produjo 6.400 bajas en las filas persas y la captura de 7 barcos, perdiendo los atenienses 203 soldados. Además, la famosa batalla de Maratón nos ha dejado a la Humanidad el épico gesto de Filípedes, que fue en busca de ayuda desde Maratón a Esparta. Casi todos conocen que el recorrido era de 240 km y lo completó en 2 días. Corrió 42 km desde Maratón hasta Atenas, para anunciar que los griegos habían vencido a los persas y al instante murió, no de cansancio, sino por las heridas de la batalla. Y en 1896, en los primeros Juegos Olímpicos Modernos, se recordó su gesta (casi seguro que una leyenda), instituyendo la prueba reina del Maratón.

Pero para los escritores de la Antigüedad, los griegos pudieron haber alcanzado la victoria, a pesar de la desigualdad de fuerzas que entraron en combate y lo provechoso que para los atenienses fue la batalla, gracias a que los griegos fueron ayudados por Pan, que con sus gritos, su aspecto medio humano medio animal y su capacidad para provocar miedo, ahuyentó y mató, literalmente, de susto, a los rivales.

Desde entonces, aquellas experiencias inexplicables y sorprendentes en las que alguien siente un temor irrefrenable, empezaron a ser conocidas entre las culturas antiguas como el terror pánico. Grecia y Roma cayeron, se extinguió la grandeza cultural y social de ambas. El cristianismo sembró sobre la tierra abonada de la cultura grecolatina y se aprovechó de algunos de sus credos, de sus manifestaciones religiosas. Hizo coincidir escenas de sus santos con las de los dioses y semidioses más venerados. La Virgen María fue la nueva Venus, Cristo ocupó los Templos donde antes estuvieron los cultos a Júpiter y a Apolo.  Y el que daba tanto miedo hasta el punto de prestar su nombre al terror, sin más, se convirtió en EL DEMONIO. Y a raíz de Grecia, hace más de 2.700 años, por tanto antes de Cristo, el “Príncipe de las Tinieblas, el Ángel Caído”, tenía su propia iconografía más que conocida: ERA, SIMPLEMENTE, PAN.

¡La importancia de conocer la cultura de Occidente estriba que, hasta el por qué de algunas palabras, nos lo explica la historia! 

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