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lunes, 3 de diciembre de 2012

Hugo Boss


Metzingen es una pequeña población alemana a unos 20 minutos de Stuttgart, en el sur del país. Sus 21.000 habitantes viven de los “outlet”, la división barata de las grandes marcas de ropa. Pero lo que muchos desconocen es que en esta encantadora población centroeuropea de gran cultura vinícola, vino al mundo en 1885, Hugo Ferdinand Boss, el creador de una marca de ropa, complementos y perfumes que intentó hacer una ropa exclusiva y referente en la moda del hombre y que se ha convertido con los años en sinónimo de buen gusto y clase. Hugo Boss toma su nombre del ciudadano que hace más de un siglo viera la luz en este Metzingen donde siguen conservando una fábrica de la marca, a lo mejor no la más grande, pues aquí sólo se produce el uno por ciento de los trajes del gigante alemán, pero sí la que recibe los pedidos más exclusivos.

Hugo Boss nació como línea de ropa en 1924. Y lo hizo en su ciudad natal. El dueño creyó que el auge industrial que estaba viviendo Alemania le aseguraría pingües beneficios si se dedicaba a la confección de ropa de trabajo para la industria alemana; pronto, sacó una línea destinada al Ministerio de correos, para a continuación crear impermeables para carteros, ropa deportiva y uniformes de la policía. A los pocos años daba trabajo a 22 trabajadores y mantenía extraordinarias relaciones industriales con sastres judíos que le realizaban patrones y cortes concretos, además de hacerse muy buen amigo de la familia holandesa Herold.

Pero en 1931 la economía alemana se resintió. A pesar de cumplir escrupulosamente con las duras exigencias que el Tratado de Versalles les había impuesto, condiciones tras la I Guerra Mundial que dejaban malparada a la Alemania derrotada, la parálisis del Mundo tras el crack del 29 no iba a pasar de puntillas por Alemania. Estados Unidos había retirado sus ya generosas inversiones en Alemania, se habían agotado las reservas de divisas del Banco Central (Reichsbank), con la aceptación del patrón oro que había impuesto Estados Unidos al resto del Mundo no podían devaluar su moneda y la solución pasó por subir impuestos. La economía era mala. Pero la moral y la confianza de los alemanes, peor.

A Hugo Boss no le amilanó que la sociedad germana estuviera apuntillada. Con el espíritu propio de su pueblo, creyó que la base del progreso era trabajar más. Todo lógico hasta que a finales de 1930 cae en sus manos los idearios incendiarios del  Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores, el NSDAP (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei). Y Hugo Boss no dudó en abrazar todo lo que el universo nazi le decía y prometía. En abril de 1931 se inscribió en el partido y más que eso, empezó a ser un febril defensor de sus postulados. De repente, los judíos fueron los culpables de la situación del país y los comunistas, poco menos que el gran error. Sus amigos los Herold, dejaron para él de ser personas; los hebreos que le hacían los patrones, escoria. Hugo Boss sólo soñaba con el Führer que rescataría Alemania de los enemigos que la habían humillado.

Y tanta fidelidad al partido no pasó desapercibida. Cuando en 1933 los nazis tomas el Parlamento Alemán, se hacen con el control socio-político del país y dominan la economía, las empresas de aquellos que han sido del partido desde sus inicios se verán recompensadas. A la pequeña población de Metzingen llegan encargos importantísimos, convirtiéndolo en el suministrador oficial de los uniformes paramilitares de las Sturmabteilung, las SA (sección de asalto formada por miembros del Partido Nazi) para las que diseñó sus reconocibles (y temidas) camisas pardas, aunque no tuvo la suerte de hacerlas para todo el contingente de paramilitares, que cuando fueron disueltas llegaba al escandaloso número de 4,5 millones de integrantes, porque se aprovecharon muchas camisas sobrantes de la I Guerra Mundial.

En 1934 conseguía nada menos que el gran contrato que le obligaba a vestir a las Schutzstaffel, las SS. Era la guardia personal de Adolf Hitler que en 1945 llegó a tener casi 1,3 millones de sádicos persecutores encargados, por ejemplo, de purgar las ciudades de judíos. Para las SS, Hugo Boss diseña el elegante uniforme ordinario, el de gala y gran gala, en base a una guerrera muy contemporánea negra que dejaría asomar una camisa blanca. Los dotes de la que hoy es una de las marcas de moda más reconocidas para hombre, se dejaban ver casi 80 años.

Para 1936, Hugo Boss era rico. Con un negocio que gozaba de una prosperidad indiscutible, se dedicó a ejercer como buen alemán nazi, delatando y señalando a los judíos; sus denuncias fueron notorias y no pasaron desapercibidas en el Partido. A partir de 1943 la fábrica de Boss funciona a pleno pulmón, dando todo lo que de sí podían, entre otros, los 180 trabajadores forzados, la mayoría mujeres judías de Francia (140) y Polonia (40).

Un trabajo agotador y en condiciones esclavistas pudo hacer que Hugo Boss hiciera frente a los encargos de  los uniformes de las Waffen SS y sus trajes mimetizados, paracaídas, mochilas, guantes... Tocó el turno de las Juventudes Hitlerianas (HJ, las Hitlerdjugend) que con 3 millones de afiliados púberes y adolescentes le iban a suponer unos inmensas ganancias.

La II Guerra Mundial le iba a brindar un definitivo negocio, con los pedidos de la Wehrmacht, las fuerzas de tierra, mar y aire del ejército alemán). Boss, además, realizará en Metzingen la Sección de Vestuario (Bekleidung) y del Estado Mayor (Stab) de la Oficina de Asuntos Generales del Ejército. Todo esto lo convertirá la segunda compañía textil más importante de Alemania.

La Guerra le supuso una continua falta de materiales y productos necesarios para la realización de los uniformes. El Estado además entendió que la necesidad de vestir decorosa y meritoriamente a sus soldados, era infinitamente menos importante que proveer de la dotación armamentística precisa a sus fuerzas para alcanzar la anhelada victoria que, a Dios gracias, nunca llegó. Al reciclado de ropa y al empleo de paracaídas se le sumó la nada desdeñable cantidad de lana y otras materias primas que el Ejército Alemán confiscó a los países invadidos. Cuando la II Guerra Mundial acabó, Boss cayó en desgracia. Una fuerte multa de 80.000 marcos y entrar en la lista de colaboradores del nazismo. En 1948, el  convencido nacionalsocialista y proveedor del Tercer Reich moría.

Hugo Boss continuó pero en esta ocasión, vistiendo a los “triunfadores alemanes”, a los hombres de negocio, a los nuevos ciudadanos. En 1991 fue adquirida por la marca italiana Marzotto y el capital británico actual, la ha purgado por completo. En 2011 la directiva de Hugo Boss pidió perdón por su pasado nazi, por su colaboracionismo y por emplear “trabajadores forzados judíos”. Hoy día nadie asocia ni debería asociar la firma de moda con un pasado tan negro, pero nunca está de más recordar episodios como este, para que no se nos olvide de lo “capaz” que puede llegar a ser la raza humana, el más alto y evolucionado escalón de la creación. 

1 comentario:

David dijo...

Muy bueno!! no tenía ni idea de esto.