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martes, 11 de diciembre de 2012

Fray Luís de León


Era el lunes 11 de diciembre de 1576. En la clase de Filosofía Moral de la Universidad de Salamanca, orgullo de la cultura de la España Imperial y meritoria entre las europeas, los alumnos no podían contener la emoción. Acaso ni se creían que en efecto, tras cuatro años, ocho meses y diez días en prisión, volviera a ser él el que cruzara el dintel de la vieja aula salmantina y se pusiera sobre el escabel para impartir la materia de los “Sagrados Estudios Teológicos” en aquellas Escuelas Mayores. Los más de 6.500 alumnos que ese 1576 nutría a la Universitas Studii Salmanticensis, venía desde el mismo jueves 7 de diciembre, apenas 4 días antes, haciendo cábalas y apostando. Algunos confiaban que, a pesar del poco tiempo transcurrido, sí que fuera el de “rostro más redondo que aguileño; trigueño el color; los ojos verdes y vivos... El hombre más callado que se ha conocido, si bien de singular agudeza en sus dichos... de mucho secreto, verdad y fidelidad, puntual en palabras y en promesas, compuesto, poco o nada risueño” [descripción de Francisco de Pacheco] quien cruzara la portada magisterial y se colocara ante ellos. Y bien de mañana, a la hora convenida para el comienzo de la lección, llegó y les espetó:

"Dicebamus hesterna die..."

Aula y cátedra en la Universidad de Salamanca de Fray Luís de León

Sí, “Decíamos ayer”. Casi cinco años más tarde, al viejo profesor, al asceta, al maestro de San Juan de la Cruz, al humanista del Reino de España, al poeta, al traductor más sagaz y perspicaz, no le pareció nada más correcto ni nada más sugerente que reírse de la Santa Inquisición y en especial del Padre Dominico fray Bartolomé de Medina que contestando con esta sagacidad inmutable y que se ha convertido en una de las más agudas respuestas y más repetidas frases de la historia de España. Porque fue un dominico el principal culpable que durante casi 5 años, en la Cárcel de Valladolid, el fraile agustino Fray Luís, llamado de León pero nacido en Belmonte (Cuenca), por el hecho de traducir al español la Biblia (primera traducción a una lengua del Mundo) e interpretar el Cantar de los Cantares, hubiera de estar encarcelado. El dominico había sido derrotado en dos ocasiones por Fray Luís, las dos mismas veces que optó a una cátedra de Salamanca y ganó el fraile de la Orden Agustina. Pero de los “perros de Dios”, en la España de siempre, qué vamos a decir.

Un jueves 7 de diciembre de 1576, tras 1.717 días recluido en prisión por tamaña estupidez que en efecto, fue más un castigo a la torpeza y la falta de intelectualidad de muchos, junto a la envidia de otros, Fray Luís volvía la vista atrás para contemplar por última vez la Cárcel Nueva, aquella que muy cerca de la vallisoletana iglesia de San Pedro, ocupaba el palacete de Pedro González de León. En lo que fueron las cuadras solariegas del caserón sufrió reclusión Fray Luís. Y para demostración de su sagacidad y su harta cultura, decía en verso:

Aquí la envidia y la mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso.

Las acusaciones por las que Fray Luís acababa en los sótanos carcelarios de la Santa Inquisición, en manos de la Orden de Predicadores o de Santo Domingo, no eran otras que las que siguen: “haber traducido a lengua vulgar el libro de los Cánticos de Salomón, quitar alguna autoridad a la edición vulgata, diciendo que se puede hacer otra mejor y que tiene hartas falsedades, añadiendo que esto es público y notorio y que en la Universidad de Salamanca hay mucho afecto a cosas nuevas y poco a la antigüedad de la religión y fe nuestra”.

Imponente estampa de Madrigal de las Altas Torres

Aquello pasó y nos sirve para que España cuente con una de las más humanas, santas y arrolladoras frases de su historia, el de un hombre que harto de envidias y malos actos, aunque se haya visto recluido durante cinco años en una prisión de la España del siglo XVI, perdona con alteza y recupera de inmediato el tiempo perdido, como si en efecto, hubiera pasado tan solo un día desde que fue obligado a dejar Salamanca y sus aulas y de nuevo, se encaramara a la cátedra que nunca hubo de perder. “Decíamos ayer...” y 15 años después, en 1591, moría en una ciudad que es, según nos tiene acostumbrados en la historia, IDÓNEA PARA EMPEZAR O ACABAR. Moría el fraile agustino en Madrigal de las Altas Torres (Ávila), en el lugar donde había nacido nada menos que la Reina Isabel I, la Católica. Antes de ello, nos había dejado la inmortal e imperecedera Oda a la vida retirada...

¡Qué descansada vida 
la del que huye del mundanal ruïdo, 
y sigue la escondida 
senda, por donde han ido 
los pocos sabios que en el mundo han sido;


436 años de una de las más históricas, ingeniosas, lúcidas y humanas frases del español...

1 comentario:

Santi dijo...

dominicos de mas de 9000 a poco mas de 5000, desde 1960 a 2009. agustinos recoletos se mantienen en torno a los 1200 en este mismo periodo, con un leve descenso.
curioso como los guardianes de la irden de predicadores, han quedado como perros mudos, siguiendobtu simil... y tras la senda de la compañia, van camino de la extincion...porque las cifras cantan y la edad media sube y sube...