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domingo, 30 de diciembre de 2012

Esnob


Se ha puesto de moda para mi monumental y más rotundo enfado; utilizamos anglicismos con una cotidianeidad sospechosa, peligrosa y hartamente inútil, tal vez porque nos suene mejor en otro idioma que en uno como el nuestro, sin necesidad de méritos y fomento que no precisa por los números y datos que lo avalan. Permítanme que caiga en la trampa de los barbarismos lingüísticos y defina como esnob a los esnob que hacen lo posible por intercalar frases de todo idioma conocido en sus habituales conversaciones, para hartura de interlocutores como yo. Sí, esnobs. Aquello o aquellos que según nuestro Diccionario de la Lengua es lo que tiene cierto aire de excentricidad, y en origen, las que querían aparentar una mayor posición social.

Lo sorprendente es su procedencia, por qué el empleo de este término inglés que en todo caso, no tiene raíz anglosajona alguna; pues habríamos de irnos al siglo XVII y a la Universidad de Cambridge, la segunda universidad de habla inglesa más antigua, después de Oxford, fundada en 1209. Ésta, en la centuria del seiscientos, habilitó una serie de becas y ayudas que permitieran el estudio superior a los hijos de familias humildes pero que destacaran por su capacidad. Esta novedad, revolucionaria y no bien acogida por un grueso estudiantil de corte aristocrático, hizo que se distinguiera a los alumnos según su estrato social, quedando marcados los estudiantes becados en su matrícula y en las hojas informativas que de cada alumno disponía el profesorado, con una expresión que los identificaba y señalaba. Imaginamos que no para facilitar su nota ni su aprendizaje.

Desde el rectorado de Cambridge se pidió que estos alumnos pobres llevaran en latín, tras su nombre y apellido, el término sine nobilitas (sin nobleza), que fue acortándose poco a poco. Al fin, acabó contraído hasta snob, de donde se castellanizó a esnob.

¡Cierto, sin nobleza! Pero su paso por Cambridge los devolvía al seno familiar o al lugar habitual, cambiados, estirados, diferentes y con ciertos aires prepotentes de una superioridad mal digerida. Eran unos “snob”, pero al comportarse tal y como hemos dicho, el término discriminatorio que la Universidad inglesa acuñó para ellos se acabó destinando a quién de manera excéntrica, quiere sobresalir y destacarse.

P.D. Hay otra forma de definirlos, que en granadino es TONTOPOLL... Dónde va a parar, mejor que usar barbarismos. 

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