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jueves, 27 de diciembre de 2012

El principio del fin de Granada


Zahara de la Sierra (Cádiz) en la actualidad

Zahara había caído en manos cristianas en octubre de 1407, dentro de las campañas de reconquista con las que Castilla había tomado posesión de Cañete La Real o Setenil de las Bodegas, un proyecto acariciado desde tiempo atrás y que había sido pretendido por las tropas cristianas desde que en 1362 empezara a cercarse todas esta zona geográfica gaditana, aunque entonces no pudieran hacerse con las poblaciones que, siendo del Reino de Granada, habían resistido el asedio castellano.

Mapa de los conflictos producidos durante las segundas guerras civiles castellanas. 

En agosto de 1464 Abul Juyush Nasr ben Muhammad, que los cristianos conocerán como Muley Hacén, sube al trono de Granada sucediendo a su difunto padre y es proclamado Emir de los creyentes. Inició su reinado manteniendo el vasallaje con Castilla y esa cordialidad aparente con la que los reinos cristianos y el musulmán de Granada se trataban de tú a tú. Un largo periodo de paz y de cese de hostilidades entre ambos territorios peninsulares, a consecuencia de la guerra civil que asolaba Castilla, fue recibida animosamente por los sultanes granadinos. En los conflictos internos que azotaban al reino castellano, destacaríamos el periodo que entre 1465 a 1468 enfrentó al rey Enrique IV con su hermanastro Alfonso tras la muerte del soberano Juan II y al fin, el dificultoso proceso de sucesión que desde 1475 a 1479 intentó decantarse por la hija ilegítima del rey, Juana, o por la que a fin de cuentas terminaría por comandar Castilla, crear España tal y como la conocemos y granjearse el respeto de la historia, Isabel I, la Católica.


Dinar granadino

Pero las relaciones se habían salvado de alguna forma. Los granadinos eran conscientes que hasta tanto Castilla no arreglara sus problemas intestinos, las fronteras del Reino andarían a salvo de los impulsos reconquistadores cristianos, que habían atosigado desde la Batalla de las Navas en 1212 a al-Andalus. Las treguas entre Castilla y Granada se habían renovado regularmente en 1475, 1476 y 1478. Bien es cierto que los incidentes fronterizos solían ser frecuentes, hasta que Muley Hacén, mucho menos dotado que sus antecesores en el trono granadino, decidió que era hora de emprender la tarea de recuperar el esplendor del Islam en la Península Ibérica, y aprovechando una de las frecuentes legaciones diplomáticas, con más interés recaudatorio que de cordialidad, les espetó a los castellanos: "Han muerto ya los reyes de Granada que pagaban tributo; también han muerto los reyes de Castilla que los recibían. En las cecas en donde se acuñaba la moneda de las parias, se forjan hierros hoy para impedir que se sigan pagando".

Trono de los Reyes Católicos en el Alcázar de Segovia.

Oyeron repetidas estas palabras los Reyes Católicos no sin cierta incredulidad, que venía a poner fin a casi dos siglos de religiosa y puntual entrega de una cuantía en concepto de protección que los granadinos satisfacían desde 1246 cuando Alhamar aceptó el trato de pagar por 20 años de paz al rey Fernando III el Santo. Pero consolidada la unión entre Castilla y Aragón, pacificada Castilla y cumplimentada la promesa de la Reina Isabel de no descansar hasta ver expulsado al Islam de las tierras de la Hispania Romana y la España Visigoda, es Fernando el Católico el que se adelanta a contestar las palabras de Muley Hacén: “no descansaré hasta desgranar, uno a uno, los granos de esa Granada”.

Grabado de Peter van der AA.

El sultán entendió roto la tregua que en 1475 había firmado con el Conde de Cabra pactando la paz en toda la frontera entre reinos, desde Lorca a Tarifa. Por ello, un 27 de diciembre de 1481, hace hoy 531 años, se toma y recupera para Granada la población gaditana de Zahara, golpeando doblemente la moral cristiana, que por un lado daba muestras de debilidad dejándose arrebatar una plaza fronteriza como aquella, y por otro, la pérdida se producía nada menos que en el día de San Juan Evangelista, la gran figura del catolicismo castellano y santo patrón del padre de la Reina Isabel, el difunto Juan II. El fin de Granada estaba ya sentenciado. No había excusas para posponer las campañas militares que recuperaran el territorio peninsular y acabaran con el último domino musulmán en el Continente europeo. La respuesta de los católicos se hizo esperar hasta que el 28 de febrero se asestara el más doloroso y mortífero golpe bélico a Granada y su reino: la conquista de Alhama. Y el final del romance, que bien es cierto su autoría es cristiana, puede servirnos para entender la importancia de la reconquista de esta ciudad granadina para el trascurso de la Guerra, pero también el mazazo moral que supuso:

Por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino,
y aquí se pierda Granada.

Salida de la familia de Boabdil de la Alhambra. Manuel Gómez Moreno, 1880

Ese mismo 1482 Abú Abd Allah, que subirá al trono como Muhammad XII, depone a su padre Muley Hacén y se hace con el trono. El nuevo Emir ha de hacer frente al inicio de la Guerra, a los conflictos internos entre la nobleza del reino que ha sido mancillada por el antiguo sultán y a la flaqueza moral con que la población se está contagiando. Si unos años atrás fue Castilla la castigada por una Guerra Civil, la que estalla en Granada entre los partidarios de Muley Hacén y los de Boabdil vienen a confirmar que el fin del Reino está cerca. La última llama de al-Andalus, realmente, comenzó a consumirse tal día como hoy de hace 531 años con un poco meditado ataque a Zahara por parte de un ejército de voluntarios de la fe del yund o distrito gaditano, se apresuró a tomar la plaza. Las tres ramas del ejército granadino con casi 100.000 efectivos, no pudo evitar que en menos de diez años, los Reyes Católicos tomaran Granada, unificando el territorio y creando el Primer Estado Moderno del Mundo, ESPAÑA.

Odalisca. Mariano Fortuny, 1861

Por cierto que dice la leyenda que cuando el Sultán Muley Hacén regresó a Granada tras la conquista de Zahara de la Sierra, entre el botín traía lo que algún alfaquí granadino profetizó como la ruina y en efecto, terminaría siéndolo: Isabel de Solís, hija del Comendador de Martos y apresada en la razia de esa jornada. LA FAVORITA. 

4 comentarios:

Fernando de Tal dijo...

La monedea de oro que pones no es un dinar nazarí, es un moravetino castellano del rey Alfonso.

Fernando de Tal dijo...

La moneda que pones es un morabetino del rey castellano Alfonso VIII, no es un dinar nazarí.

Saludos.

Roy dijo...

Interesantísimo.

P.S.: el topónimo castellano es Fuenterrabía (800 años tiene), no Hondarribia.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Gracias por la acloaración, amigo.