Visitas

domingo, 23 de diciembre de 2012

El Himen


Himeneo travestido durante un Sacrificio a Príapo. Nicolás Poussin (1594-1665). Hacia 1636.


Siendo hijo de Baco, el dios del vino y del éxtasis, todo lo explica. Su madre era nada menos que Venus, la diosa del amor, de la belleza, de la fertilidad... Sumen todo esto y tendrán como resultado a Himeneo, al que conocemos gracias a Homero, a Ovidio o a Virgilio. Se representaba como un joven de arrolladora belleza que llevaba en una mano una antorcha encendida (símbolo de la pasión amorosa), pero en la otra no le solía faltar una guirnalda de flores. Himeneo fue, durante a Antigüedad, que es lo mismo que decir Grecia y Roma, el dios de los matrimonios, la divinidad asociada a los buenos designios del casamiento y que estaba presente en las ceremonias de nupcias de las culturas clásicas.

Himeneo y las Virtudes Conyugales. Francesco Solimena (1647-1747), 1737. Palacio Real de Aranjuez. 


Himeneo era convocado mediante cantos y ritos en cada boda. Creían nuestros antepasados (forjadores de la cultura occidental) que si el dios no acudía a la celebración del enlace, éste estaría condenado de por vida a ser desastroso e infeliz. Por eso se ponía especial énfasis en gritar su nombre durante el ritual de la boda, bien en la procesión que recorría la novia desde la casa paterna a la vivienda del novio, bien durante la ceremonia propiamente del enlace.

Himeneo y las Tres Gracias. Joshua Reynolds (1723-1792).

A nosotros nos ha llegado como un joven ateniense de irresistible belleza y origen humilde que terminaría enamorándose de la hija de uno de los hombres más ricos de la ciudad. En una sociedad drásticamente estructurada, ni podría cortejarla ni siquiera hablar con su amada, de forma que nuestro protagonista decidió seguirla a todos los lugares a los que se dirigía la joven. En una de esas “persecuciones” fue más lejos y se atrevió a disfrazarse de mujer, pudiendo así formar parte de una procesión de vírgenes que participaría de unos cultos (los de Eleusis) y siempre con el objeto de estar cerca de la joven por la que suspiraba. Pero la comitiva fue apresada por unos captores e Himeneo con el grupo, teniéndolo por mujer tal y como se había travestido. Fue el joven ateniense el que consiguió enfrentarse a los raptores y liberar al conjunto de raptores, logrando volver a Atenas, que, a su llegada, le concedió la mano de una de las féminas tras su heroica hazaña. Desde entonces, la mitología griega no dudó en relacionarlo con el matrimonio. 





Grabado de Himeneo y el Carro de Amor de Wenceslao Hollar (1607-1677)


Con el tiempo, el himeneo fue un tipo de poesía que se cantaba a la novia cuando ésta se dirigía a casa del futuro marido. Y además, dio nombre nada menos que al término, HIMNO y al himen, asociado al concepto de virginidad femenina. ¡Quién sabe! A lo mejor nuestra actual sociedad, sexualmente flemática y desenfrenada, ha terminado reverenciando como en la Antigüedad al dios Himeneo mediante la membrana vaginal que toma el nombre de este milenario ateniense. 

No hay comentarios: