Visitas

domingo, 2 de diciembre de 2012

El Gran Capitán y Granada


Considerado uno de los más grandes genios de la guerra, comandante por excelencia y destacado militar español, fue el creador de los Ejércitos Modernos, siendo los primeros los de la Corona de España. Gonzalo Fernández de Córdoba es el exponente de caballero en todos los sentidos; nunca fue derrotado en ninguna de las batallas en las que se vio inmerso, tanto en suelo español como en el italiano, a pesar de que la mayoría de estas no partían favorables para el mejor militar español de todos los tiempos, pues normalmente los adversarios superaban en número a las tropas que conducía.

El Magno Capitán demostró una lealtad superior a lo esperado. La fidelidad era la base de un código de honor exacerbado que le llevó a rehusar los intentos de soborno que el Gran Dux de Venecia, el Rey Ferrante II de Nápoles (que le ofreció la mitad de su reino), el Gran Turco Bayaceto (prometiéndole nada menos que Grecia entera), Felipe El Hermoso, (cuando quiso plantarle cara al rey Fernando el Católico a cuyas órdenes lealmente combatía don Gonzalo),  Guliano de Medicis (tentándolo en Génova y Venecia), el Papa Alejandro VI, (que quiso hacerlo Capitán de los Ejércitos Vaticanos) o el mismo César Borgia, le plantearon.

Esa generosidad del vencedor (porque siempre lo fue) lo llevaría a perdonar la vida decidida y repetidamente a todos sus enemigos vencidos en el campo de batalla, desde el Duque de Garellano al mismísimo Rey de Francia, sin olvidar que fue magnánimo y humanísimo con los musulmanes durante la Guerra de Granada. Su lema, “Omnia per ipso facta sunt”, resume esa bondad sencilla de espíritu de la que hizo gala a lo largo de su vida: “Todas las cosas han sido hechas por Él”. Porque el Gran Capitán, de profundad fe, reconocía que la voluntad de Dios era más importante que sus méritos y valentía.

Al castellanísimo grito de guerra, convertido en el aguijón de la españolidad militar, arengaba a sus tropas y cargaba contra el enemigo: resonaba en sus labios el ¡Santiago!, al que respondería la tropa que gobernaba: ¡Cierra España! Y fue tanta su gloria que el Papa lo condecoró con el prestigioso y muy exclusivo título y galardón de la Rosa de Oro, al tiempo que el Vicario de Cristo le daba el apodo que mejor resume su vida de éxitos militares al servicio de España: “la Espada de Cristo”. Precisamente sobre su espada, que se conserva en el Museo de Armas del Palacio Real de Madrid (al igual que su Armadura), han jurado durante varios siglos su mandato los Reyes de España.

Los Fernández de Córdoba disponían en su Castillo de Montilla, una cuadra para 400 caballos meritorios y admirados. De ella, saldrán equinos que dieron gloria al jinete, fieles y nobles amigos que eran tratados de manera admirable por el Gran Capitán. Fue famoso “Mudarra”, que dio paso a “Tizona”, muerto durante la Guerra de Granada...  La pérdida del équido fue lamentada por el Gran Capitán, que recibió uno nuevo de manos del mismísimo Sultán de Granada, el último de los reyes granadinos Abú Abd.Allah, Muhammad XII (Boabdil). Con el nombre de “Lupo”, de pura raza árabe y pelaje blanco, el Gran Capitán tenía que parecer la reencarnación de la escena de Clavijo en el instante en que gritara su famoso ¡Santiago! Con el granadino Lupo ganó la Batalla de Ceriñola.

Gonzalo vivió en Granada desde 1492 y tras sofocar la primera rebelión musulmana en 1498, para marchar después a Italia, a Granada regresó. Tuvo amistad pretérita con Ibn Comixa, al-Musarrah, con el Zagal. Le gustaba Granada; en ella comienza costeando la Cartuja y después hará lo propio con San Jerónimo. Fija en la ciudad su residencia y hace hoy 497 años moría en Granada. Esta ciudad está en deuda con él. La Plaza de su nombre requiere de un Monumento con el tamaño de sus hazañas. Las edificaciones ligadas a él, deberían un centro de interpretación/museo que recree la vida de finales del siglo XV y principios del siglo XVI, que explique el logro de la unificación peninsular y el nacimiento de España, que hable del dominio sobre Italia, pero sobre todo, que recuerde al héroe don Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán... Un granadino que nació donde le dio la gana para gloria de esta tierra.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me lparece maravillosa la figura del gran capitan con unas cualidades vigentes hoy en dia.