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domingo, 9 de diciembre de 2012

Cuando la Torre Eiffel pudo ser española


Parque de la Ciudadela de Barcelona; el Paseo de San Juan nos conduce hasta este “salón” decimonónico escenario en 1888 de la Exposición Universal que España destinó a la capital catalana para la celebración de este multitudinario evento que transcurrió entre el 8 de abril y el 9 de diciembre de 1888, cumpliéndose por tanto hoy, 124 años de su clausura.

Exposición Uiversal de Londres, 1851

El concepto de las Exposiciones Universales había nacido en Londres. La capital inglesa albergó la primera de ellas en 1851, y a lo largo de todo el siglo XIX y si acaso hasta hoy día, vivían un momento de gran apogeo. La idea era llamar la atención de los ciudadanos del Mundo en torno a una ciudad que se convertía en un gigante expositor de los adelantos técnicos, los progresos industriales y la cultura como estrategia económico-comercial. De repente, a lo largo de las fechas de duración de una “exposición” de este tipo, la ciudad anfitriona era lo más parecido al centro del Mundo, a la capital del progreso, recibiendo a cuantos interesados no dudarían en asistir al mayor evento de la década, o del siglo, dependiendo del éxito de la venta de imagen de la Exposición en sí. Qué duda cabe que se convertían en verdaderas oportunidades de desarrollo económico para la ciudad organizadora y de gran prestigio internacional para el país y la ciudad en sí. De manera que Barcelona, en 1888, con el dinero de todos los españoles, fue todo lo anteriormente dicho.

Exposición Universal de París, 1889

Antes que Barcelona habían sido sedes expositivas internacionales, Londres en 1851, París en 1855 de nuevo París en 1867; Viena en 1873; Filadelfia en 1876; París, como no, una tercera vez en 1878 y al fin una ciudad fuera de Europa, en este caso Melbourne, en 1880. Pero si los barceloneses querían colarse entre las ciudades llamadas a realizar un acontecimiento de esta magnitud, deberían correr, porque en 1889 París, por cuarta vez, iba a celebrar una. El caso es que cumplieron ampliamente. El pueblo español gastó en adecentar la ciudad, llevar a cabo infraestructuras públicas, obras de ornato, construcciones específicas, y la programación cultural al uso, la friolera de  5.624.657 pesetas de la época. Sí, es cierto que se recaudaron 7.657.000 pesetas en concepto de ingresos, que obviamente fueron a parar a Barcelona y a los catalanes que invirtieron en esto, de forma que España dio sin esperar a cambio. Y ESTO HA DE SER CONTADO TAMBIÉN POR LOS NACIONALISTAS CATALANES.

La Exposición de Barcelona (1888)

Pero volvamos a lo que nos interesa: 450.000 metros cuadrados que desde la Avenida de San Juan hasta la Playa de la Barceloneta, servirían para 12.233 expositores, 22 países y sus correspondientes edificios y una afluencia de público que llegó a la sorprendente cifra de 2.240.000 personas de la época. La Cascada Monumental contó con diseños de Antonio Gaudí; ocho estatuas de Condes Catalanes de 3 metros de alto se ubicaron en la Avenida Central de la Exposición. Grupos escultóricos dedicados al comercio, la industria, la agricultura y la marina se encargaron a los hermanos escultores Agapito y Venancio Vallmitjana. Edificios con solera (sólo hay que tener en cuenta las medidas del Palacio de Bellas Artes, de 88 metros de longitud, 41 de anchura y 35 de altura), el Castillo de los Tres Dragones (hoy Museo de Zoología), el Liceo, el Invernáculo (a la manera del Crystal Palace de Londres), el Museo de Geología, el Museo de la Prensa, la edificación de las Colonias españolas...

Cascada Monumental en Barcelona, gracias a la Exposición.

La exposición fue todo un impulso a Cataluña que a costa del bolsillo del resto de los españoles se recibía por enésima vez. Se urbanizó el Parque de la Ciudadela, tras la finalización de la Exposición, el parque más grande de la ciudad. Se urbanizó el frente marítimo de la ciudad, naciendo Las Ramblas, el Paseo de Colón y un nuevo muelle: el actual Muelle de la Madera. Se construyó el Palacio de Justicia, el Monumento a Colón, Las Golondrinas, embarcaciones de recreo que salían frente a la estatua de Colón y ofrecían un paseo marítimo a los visitantes. Asímismo, se dotó de iluminación eléctrica a las primeras calles de Barcelona.

Las obras llegaron justo a tiempo, en un momento de depresión económica, creando miles de puestos de trabajo y permitiendo que las infraestructuras mantuvieran el sector servicios y el empleo al término de las construcciones. Por tanto, se considera que la Exposición de 1888 fue el primer gran paso de la economía catalana, provocó la fundación de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona, que aprovechó el éxito de la Exposición para fomentar el flujo comercial con el extranjero y abrió nuevas oportunidades a la ciudad y a la región.

Barcelona recibía y de qué manera. Pero una de las curiosidades (aparte de demostrar que Cataluña no le da a España, sino que se ha aprovechado históricamente de esta) es que antes de la celebración de la Exposición de París, dos años después de la que nos ocupa, Gustave Eiffel había ideado ya la majestuosa e impresionante torre que lleva su nombre y encandila a medio Mundo. Y además, la ofreció a la ciudad de Barcelona para que sirviera de reclamo y de faro para los visitantes de la Exposición. La comisión encargada de llevar a buen puerto (con el dinero de todos los españoles) la Muestra Internacional, rechazó ese “esqueleto de 300 metros de altura que el ingeniero Eiffel soñaba para Barcelona. El francés consiguió a fin de cuentas que sus paisanos sí apostaran (aunque reticentes) por su obra, hoy el más representativo símbolo no ya de París, sino de Francia. En cambio, a la entrada del recinto de Barcelona donde se sugirió la Torre Eiffel, colocaron... digamos... ESTO. Sí, lo de la foto de abajo.

El Arco del Triunfo barcelonés en lugar de la Torre Eiffel

Y resumo: la Torre Eiffel hoy podía estar en España; pero a cambio, proseguimos todos los españoles sacando dinero de nuestros bolsillos como desde el siglo XVI para acallar las continuas sublevaciones catalanas y en vez de invertir nuestro dinero en cosas como la Torre Eiffel, nos encasquetaron un episodio mudéjar que... ME CALLO. Aunque nunca sabe uno si fue mejor esta elección (por si algún día se hace verdad el sueño independentista); de todas formas, los franceses nos tienen a los españoles, el mismo cariño que el que profesan los catalanes. Sí, definitivamente la prefiero en París y que nosotros pagáramos este Arco de Triunfo de la foto de arriba y la de abajo. 
Arco de Triunfo de Barcelona en lugar de la Torre Eiffel

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