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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Álvaro de Bazán


El 21 de noviembre de 1923 la ciudad de Granada creía pagar la deuda histórica con uno de sus hijos más ilustres, más grandes y más nombrados, mandando colocar una sencilla, sobria y escueta placa de piedra y bronce en las nuevas edificaciones que ocuparían la que fue en su día solariega y nutrida casa de la familia Bazán en Granada y que viera nacer al que quizás haya sido el más ilustre y más victorioso de los marineros que haya tenido España en todos sus tiempos. En 1988, cuando se terminó la reestructuración de otro de los grandes errores constructivos de esta ciudad, verdadero adefesio que fuera de sitio y fuera de todo gusto culmina la Gran Vía de Colón con la Calle Reyes Católicos, señalando casi el inicio del Barrio del Realejo, se volvió a colocar esa lápida laudatoria escueta, insuficiente, taimada y que nos recuerda uno tras otro día que Granada puede ser a veces demasiado olvidadiza con quienes merecen mejor trato.

En este edificio que se recorta tras el Monumento a Colón estuvo el palacete de los Bazán.

Fue un 12 de diciembre de 1526 cuando nacería en este sitio de la colación de la Parroquial de Santa Ana Álvaro de Bazán y de Guzmán, hijo de don Álvaro el Viejo, Capitán General de las Galeras de España y de doña Ana de Guzmán, hija del conde de Teba y Marqués de Ardales, ambas familias arraigadas en Granada desde la Reconquista de la ciudad por los Católicos. El espíritu marinero estaba sembrado en el joven Álvaro que tendría la oportunidad, con dos años de edad, de ser testigo cómo el Emperador Carlos revestía con el prestigioso hábito de Santiago a su padre y le otorgaba el título de alcaide de Gibraltar. Precisamente con su progenitor tendría oportunidad de defender las costas gallegas de los ataques franceses con tan sólo 18 años (en 1544)y desde 1556 empieza a labrarse el prestigio que le convertiría en el mejor marinero español de todos los tiempos, gracias lo que fue elevado dos veces al marquesado, nombrado Capitán de la Mar Océana y Almirante de la Marina y ensalzado por los más ilustres coetáneos.

La Fragata Álvaro de Bazán de la Armada Española.

No es por tanto extraño que Miguel de Cervantes en “El Quijote” lo cite y llame "rayo de la guerra, padre de los soldados, venturoso y jamás vencido". Quizás por ello, una fragata de la Armada Española se llame Álvaro de Bazán, un pueblo de Ciudad Real cambió su nombre para ser conocido desde entonces como El Viso del Marqués, el Archivo Histórico de la Marina Española lleve por nombre “Álvaro de Bazán” y como corona de tantos laureles, escribiera el insigne Lope de Vega sobre nuestro paisano en 1588, año de su muerte:

El fiero turco en Lepanto,
en la Tercera el francés,
y en todo mar el inglés,
tuvieron de verme espanto.

Rey servido y patria honrada
dirán mejor quién he sido
por la cruz de mi apellido
y con la cruz de mi espada.

Monumento a Álvaro de Bazán inaugurado en 1891. 
Obra de Benlliure para la Plaza de la Villa, corazón de la ciudad de Madrid.

El 19 de diciembre de 1891 se inauguraba en Madrid, nada menos que por manos de don Mariano Benlliure, en la mismísima Plaza del Ayuntamiento (el de siempre, en la Plaza de la Villa madrileña) un fantástico monumento que inmortalizaba así a uno de los más preclaros españoles y granadinos de todos los tiempos. En la primera imagen de esta entrada, tienen el monumento que delante de su Palacio, el pueblo de El Viso del Marqués concedió a su morador más ilustre....

Pero esta Granada olvidadiza ni siquiera en el pretendido “paseo de la fama”, esa lengua de estatuas que algunas no merecen estar en esta ciudad por su carestía artística y estética, ha querido incluir la figura de tan inalcanzable marino. Sin demérito de otros, creo que Álvaro de Bazán requería de un espacio y si me apuran propio, desde luego antes que Frascuelo o Agustín Lara. Lo único que testimonia el nacimiento y ligazón de este granadino con su patria chica es la placa burda y escondida que en el edificio de oficinas de la entidad bancaria BBVA  testimonia que en ese solar se levantó la casa familiar y natal de don Álvaro. A orillas del Darro, entre Reyes Católicos, la Plaza de Isabel y Colón y la Gran Vía, en el centro del centro de Granada, una lápida pobre y desmembrada reza así: “En memoria del insigne granadino Don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz del Viso, General de la Armada, vencedor en Lepanto, Túnez, las Islas Terceras y Alta Mar, nacido en la Casa Señorial que ocupaba el solar de éstas el 12 de diciembre de 1526. Fallecido en Lisboa el 9 de febrero de 1588. El ayuntamiento la repuso en el IV Centenario (1988)”.

Una de las embarcaciones de don Álvaro de Bazán y Guzmán

Los méritos de nuestro paisano fueron inmensos: venció ante los turcos, en la más grande de las batallas navales de la época moderna, Lepanto, ante la resistencia portuguesa, frente a los franceses... El mismísimo rey Felipe II protagonizó una anécdota que describe la alta estima que la Corona Española tenía del granadino. Al verlo parado al sol y descubierto, en una recepción regia, se acercó al ilustre marino y en voz alta para que todos lo oyeran dijo: cubríos. Ese privilegio, sólo reservado a los grandes de ESPAÑA, lo inmortalizaba como tal. Cuando se marchaba, echó ironía el adusto Rey Felipe II diciéndole: “por el sol, mi buen marqués, por el sol”... Acababa de investirlo del mayor honor reservado a la nobleza española en premio por las 27 Villas y ciudades rendidas, 202 barcos capturados, 70 capitanes vencidos, 11.782 marinos derrotados (portugueses, franceses, ingleses y turcos) y triunfos en todas las aguas europeas.

<Yo no mandé mis barcos a luchar contra los elementos>, diría Felipe II de su "Armada Invencible"

En 1588 estaba en Lisboa. Su gran proyecto fue una flota que acabara con el pirateo inglés y pusiera en jaque a las autoridades de las Islas Británicas. La Armada Invencible fue idea de nuestro hombre, pero al morir un 9 de febrero de ese mismo año, no pudo dirigir y encabezar la gran marcha marítima destinada a asestar el golpe definitivo a los ingleses. Primero por la inclemencia meteorológica pero especialmente por el poco tino y capacidad del que lo sustituyó, Alonso de Guzmán, la Armada Invencible pereció sin alcanzar la gloria para la que fue proyectada. ¡Quién sabe si estando bajo el gobierno del granadino, hubiera podido sortear el mal tiempo y alcanzar su meta! Lo que sí inventó y patentó Álvaro de Bazán fue nada menos que la infantería de marina. Hoy día todas las naciones incluyen este factor militar tan trascendente en sus ejércitos, pero si bien se conoce que fue España la inventora y creadora, lo que muchos no saben es que debemos tal incorporación al granadino don Álvaro.

Fragmento de los frescos del Peinador dela Reina en la Alhambra (Alejandro Mayner, 1533)

Fue un mecenas consumado que protegió a pintores y poetas. Su palacio ciudadrealeño de El Viso es el mejor ejemplo de ello, pero nos ocuparemos en otra ocasión de una de las mejores arquitecturas renacentistas españolas con cuidadísimos frescos del mejor gusto italiano. Lo que sí es cierto es que sus casas y propiedades granadinas estuvieron en manos de la familia hasta después de la muerte del grandioso marino. Fue su viuda quien las vendió a los Fernández de Córdova que ya eran vecinos desde 1530 de los Bazán y Guzmán. De hecho, el insigne Álvaro de Bazán había mandado decorar al prestigioso Alejandro Mayner su propio palacete granadino. Mayner (1485-1545) había ayudado a la decoración de la logia vaticana y emigrado a Granada por las obras imperiales que Carlos I estaba realizando en la ciudad. Es el autor de los frescos suntuosos del Peinador de la Reina en la Alhambra, habitaciones que ocupó la Emperatriz Isabel, esposa de Carlos en el recinto alhambreño. De 1539 a 1542 estuvo al servicio de Álvaro de Bazán, perdiéndose hoy tan lujoso conjunto en pos del horrendo edificio que viola y mancha la propia historia de Granada y de su más ilustre hijo y marino.

Poco parece una triste placa con enmarcación burda de latón. A otros de menor entidad les ha hecho Granada monumentos de cuidada estética. Queda aquí narrada la gloria del Capitán General de la Armada de España y cómo nunca se olvidó de su ciudad natal, la misma que vio también nacer a su propio padre, otro ilustre de la mar. En un día como hoy que se cumplen 486 años de su nacimiento, hemos de replantearnos qué debe y qué no hacer Granada para consigo misma y con su historia. Y con los que han paseado su nombre y le han granjeado las virtudes que posee. Algo tengo en claro... para eso debería haber servido un Milenio, que, como la rumba, “se nos va”. 

1 comentario:

José dijo...

Excelete post, todo un heroe desconocido para muchos granadinos.