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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Manuel de Falla


Gaditano de cuna, granadino por elección. El músico elegante. El hombre bueno. Así de sencillo y así de fácil podríamos definir a quien hace hoy 66 años abandonaba el Mundo tras haber parido las más excepcionales obras musicales del primer tercio del siglo XX en España, convirtiéndose en uno de los mejores músicos de la historia española y en uno de los más relevantes compositores europeos de su época. Y es que Manuel de Falla, en sus casi 70 años de vida, pasó más de 20 en Granada, casi tantos como en su ciudad natal, Cádiz, hermanando para siempre a ambas poblaciones distintas, distantes, o no... Porque si el sevillano Antonio Burgos pudo un día decir que “el gaditano nace donde le da la gana”, lo cierto es que a don Manuel “le nacieron granadino en tierras de Cádiz”.

En 1904 Falla tiene 28 años y no conoce Granada; pero el misticismo inherente al nombre de la ciudad viene a someterlo, al punto que cuando escribe su primera ópera, centra toda la carga musical y ambienta la ópera en Granada. Acababa de nacer “La vida breve” y se perpetúa el romanticismo musical español. Todo el primer acto conecta incluso con la tradición histórica granadina. Se ambienta en ese Albaicín que atrae incluso sin conocerlo aún, a don Manuel. Estaba claro que dentro del gaditano, había genética granadina. Pero mucho más importante: Falla escogió ser granadino en sentimientos.

Para su “Sombrero de Tres Picos” escoge una novela del granadino Pedro Antonio de Alarcón. Aún no ha fijado en Granada su residencia. Como curiosidad, esta obra se estrenará el 22 de julio de 1919 en el Alhambra Theatre de Londres, de forma que pareciera que GRANADA, perseguía intelectualmente a nuestro hombre. Pero es que volverá de nuevo sin más a granadinizar su obra, cuando nazca “Noche en los Jardines de España”, describiendo tres jardines, de los que sólo uno es corpóreo y tan real como el primero de su primera parte de la obra, el Generalife. El segundo, conocido como “Danza lejana” (este segundo jardín no es identificable), sirve de tránsito a los jardines de la Sierra de Córdoba, el último. Fue el 26 de junio de 1916 cuando interprete la obra en el granadino Palacio del Emperador Carlos con la Sinfónica de Madrid, describiendo el libreto como "impresiones sinfónicas", en las que la parte del piano es brillante y elocuente, la partitura exuberante y en definitiva, la obra más impresionista del maestro.

Fue el 15 de septiembre de 1919 cuando Falla definitivamente, tatúe Granada en su alma. Ese día el Centro Artístico de la ciudad le tributaba un homenaje. Era la fiesta (como sigue siendo) de la Patrona de Granada, la Virgen de las Angustias. Don Manuel llega a la ciudad en compañía de su hermana María del Carmen, ambos huérfanos desde que ese mismo año murieran, el 12 de febrero su padre y el 22 de julio su madre. Se hospedó primero en la Pensión Alhambra y más tarde en la Pensión Carmona, ambas instalaciones hoteleras situadas en la Calle Real de la Alhambra. Y desde entonces, la Antequeruela sería la casa de Falla, rodeado de los artistas e intelectuales de la talla de Ángel Barrios, Antonio Gallego Burín o Federico García Lorca, sus amigos.

A mediados del verano de 1921, se trasladó al Carmen de Santa Engracia en la Calle Real de la Alhambra, número 40. Pero será en enero de 1922 cuando adquiera el número 11 de la Calle Antequeruela Alta, su casa, la que es hoy el Museo Manuel de Falla, a las faldas de la Alhambra, coronando el barrio del Realejo y donde el visitante puede observar las pertenencias, mobiliario, cartas, partituras, lienzos o el piano del maestro. Es aquí donde se estudia y contempla a don Manuel de Falla, su vida, su intimidad y su genio.

El 6 de enero de 1923 Falla acude a la Casa de Federico, la granadina Huerta de San Vicente, y junto a éste y a Hermenegildo Lanz, realizaron una función, los títeres de cachiporra en la que representaron obras de Miguel de Cervantes, el propio Lorca o el Misterio de los Reyes Magos, un auto sacramental del siglo XIII para el que Falla había compuesto la música. Son los años en los que estrena “El retablo de maese Pedro”, con decorados del granadino Manuel Ángeles Ortiz y figuras del también hijo del Darro, Hermenegildo Lanz. Y el 21 de febrero de 1924, su granadinismo se estampa al ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada.

La casa de Falla es frecuentada por los artistas granadinos Ángel Barrios, Miguel Cerón, Fernando de los Ríos, Hermenegildo Lanz, Manuel Ángeles Ortiz y, sobre todo, Federico García Lorca. El gran pintor Ignacio Zuloaga reside entonces en Granada, y con éste, con Lorca, Miguel Cerón y H. Lanz, Falla hace nacer  el “Concurso de Cante Jondo”, organizado por el Centro Artístico en los días 13 y 14 de junio. El escenario, nada menos, que la Plaza de los Aljibes de la Alhambra.

En 1926 celebra conciertos en la ciudad, que repetirá el 8 y el 9 de febrero de 1927 en el Coliseo Olympia de Granada, dirigidos por Ernesto Halffter y por él mismo. En marzo de 1927 es el encargado de dirigir los conciertos-homenaje a Beethoven que ha preparado el Ateneo granadino. Este fecundo y granadinísimo año continúa con la representación del auto sacramental de Pedro Calderón de la Barca “El gran teatro del mundo” que se realizó en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra el 27 de junio (aunque en un principio estaba planeada para el 18, problemas técnicos impidieron la representación) que fue organizada por el Ateneo de Granada y la Junta de Damas de Honor y Mérito, y prosigue entre noviembre y diciembre con la interpretación de 14 sonatas bajo la organización del Ateneo de Granada en el Olympia.

En octubre de 1928, Falla recibe en su casa de la Antequeruela a Maurice Ravel. Y también desde Granada, cuando conoce los desmanes y atropellos que se están produciendo tras la proclamación de la II República, escribe junto con otros amigos granadinos, al presidente Niceto Alcalá Zamora y a su amigo Fernando de los Ríos, ministro de Justicia, para pedirles que tomaran las medidas oportunas para detener la quema y saqueo de Iglesias, así como el creciente proceso de "desevangelización" de España. Ese mismo año fue designado vocal de la recién creada Junta Nacional de Música y en 1937, colabora con José María Pemán en un Himno marcial para las fuerzas nacionalistas.

Falla sufría una patología psíquica con la limpieza. El trastorno compulsivo le llevaba a limpiar una y mil veces su piano y a lavarse con fruición las manos tras tocar algo. Se parapetaba tras un muro de medicinas y solía ingerir todo tipo de remedios, preocupado porque alguien quisiera envenenarlo. Estamos a punto de contemplar el final de la Guerra Civil y Manuel de Falla siente miedo que algún izquierdista quiera acabar con su vida. No aguantando más, justo cuando termina la Guerra Española, decide exiliarse en Argentina. Es el propio Francisco Franco el que intenta por todos los medios que don Manuel regrese a España, ofreciéndole una pensión, nombrándolo Caballero, con el grado de Gran Cruz, de la Orden de Alfonso X el Sabio en 1940 y desatando todo un hito de peticiones a través de la diplomacia española en Argentina para que el fastuoso maestro regrese. Pero no lo conseguirá.

Falla moría hace hoy 66 años en Buenos Aires, a punto de cumplir 70 años. De éstos, más de 20 los había pasado en Granada. 22 años en Cádiz, 8 en Madrid, 8 por toda Europa, especialmente París, Niza, Londres y ciudades suizas e italianas. El resto, se lo repartió entre varias poblaciones españolas como Barcelona, y al fin, la Argentina que por espacio de más de siete años lo vio morir. Regresó a España a bordo de un barco de guerra español, el minador “Marte”. Enterrado en la cripta catedralicia de Cádiz, el Ayuntamiento de Granada se encargó de costear las placas que figuran en el nomenclátor gaditano en honor a Falla, como último recuerdo a un genio que compuso la mayor parte de su obra en Granada, pensando en Granada, o sintiendo en granadino, como demuestra esta relación:

La Vida breve (inspirada en Granada, 1904-1905).
El sombrero de tres picos (de un granadino, y en Granada, 1919).
Suite nº 1 (1919-1921).
Suite nº 2 (1919-1921).
El retablo de maese Pedro (1919).
Homenaje: Para la Tumba de Claude Debussy (1920).
Canto de los remeros del Volga (1922).
Canción de Nadal (1922).
Preludio a la siesta de un fauno (1924).
Preludio (1924).
Obertura de El barbero de Sevilla (1924-1925).
El amor brujo. Ballet. Versión de concierto (1925).
Ave María (1932).
El anfiparnaso (1934).
Homenaje para la Tumba de Paul Dukas (1935).
Invocación a la Trinidad Indivisa (1935).
Himno marcial (1937).
Suite Homenajes (1938-1939).
Emendemus in melius (1939).
Madrigal: prado verde y florido (1939).
Romance de Granada: qué es de ti, desconsolado (1939).
Tan buen ganadico (1939).
¡Ora, sus! (1939).

En la ciudad, el fabuloso Auditorio Manuel de Falla, su Casa Museo, la Cátedra de estudios de la Universidad, el Premio que lleva su nombre, el Festival que igualmente se realiza en su honor y su memoria imborrable asociada a todo tipo de hechos, actividades y proyectos cumplidos nos recuerdan su figura. Durante todo este mes de noviembre, mes en el que nacería y moriría, la Casa Museo abre sus puertas en visitas guiadas, cada tarde, a precios más que asequibles, 1 euro.

Hoy, desde Granada, su Granada, don Manuel, seguimos acordándonos y dándole las gracias por tanto...

1 comentario:

José Miguel Moreno Sabio dijo...

Enhorabuena por la entrada, David. Me gustaría apostillar que Falla llegó a Granada buscando un lugar en el que poder componer con la tranquilidad que el necesitaba y en un entorno sugestivo como el que encontró finalmente en la Antequeruela. En alguna biografía suya he leído que en algún momento se sintió tan molesto durante las fiestas del Corpus por el ruido que llegaba a su casa de la verbena del Salón o del Paseo de la Bomba, no sé exactamente donde se celebraban, que llegó a registrar varios escritos en los que amenazaba con abandonar definitivamente Granada ¡si no se acababa con tan molesta actividad!
No sé si lograría algo, pero es evidente que si abandonó Granada no fue a causa de las verbenas del Corpus.