Visitas

sábado, 24 de noviembre de 2012

Los Libros Plúmbeos


Dice la tradición que corría el día 1 de febrero del año 58 cuando un varón de profunda sabiduría y eminente santidad, el más sólido elemento de la naciente comunidad cristiana en Granada, erigido como primero de sus Obispos siendo cónsules Publio Manilio y Quinto Cornelio, fue martirizado y consumido en las llamas. Su nombre quería decir “cieguecito”. Granada, tenía ya en el año 52 de nuestra era un obispo convirtiéndose así en una de las diócesis más antiguas de todo el Continente. Acababa de nacer la historia legendaria de San Cecilio y con él, la “irrefutable” cristiandad granadina que tras casi ocho siglos de dominio musulmán, renacía y daba “nuevas oportunidades” a la jerarquía del momento.

Primero fue el año 1588, cuando se llevaba a cabo la demolición del alminar de la Mezquita Mayor de Granada para permitir la siguiente fase constructiva de la Catedral. Conocida desde antaño con el nombre de Torre Turpiana, entre sus ruinas apareció una caja de plomo que contenía varias reliquias y un pergamino, escrito en árabe, con una profecía de San Juan sobre el fin del mundo, que según detallaba,, había mandado ocultar San Cecilio, para que no fuera profanado. Tan singular hallazgo fue encontrado por un cristiano nuevo, de ascendencia musulmana, Miguel de Luna, que no dudó en dejársela a un amigo también cristiano nuevo y descendiente de musulmanes, Alonso del Castillo, para que la tradujera. Por su parte, la Iglesia contó con la traducción de Benito Arias Montano, uno de los mayores eruditos y expertos en lenguas con los que contaba la España de Felipe II. La traducción que realizó Alonso del Castillo, distaba mucho de la que auspiciaba Arias Montano, y además de su ambigüedad, jamás se prestó a aclarar ciertas cuestiones que reclamaba Luís del Mármol Carvajal, militar, escritor e historiador granadino de contrastada y solvente erudición. Nadie creyó realmente en esos hallazgos, entre los que había un retal del pañal de Cristo, una pluma del Arcángel Gabriel y reliquias de San Esteban el primer mártir cristiano. Acababa de gestarse la trama mejor urdida y pensada que nunca antes conoció Granada y que por espacio de casi 94 años mantuvo engañados o al menos confundidos, a Arzobispos, eclesiásticos y Papas. La historia, cronológicamente, es esta:

18 y 19 de marzo de 1588: Sorprendente hallazgo de reliquias durante la demolición de la Torre Turpiana. Es el alarife Francisco Cano el que se encuentra la caja de plomo que contiene un arsenal sacrosanto que observado y estudiado, termina considerándose falso por los especialistas que a tal fin ha nombrado Felipe II y que encuentran un total de 20 incongruencias históricas, semánticas o léxicas. Causan poco revuelo y pronto de olvida el descubrimiento. Pero empieza a tramarse entonces algo que sí revolucionará la ciudad y a la Iglesia Católica.

21 de febrero de 1595: Francisco Hernández, de profesión obrero, cava en el pago de Valparaíso de la ciudad, conocido también como Monte Ilipulitano, junto a otros granadinos, movidos todos por la secular tradición de las riquezas que los musulmanes dejaron escondidas antes de su marcha y diseminaron en lugares ocultos y protegidos de Granada. Durante esta “búsqueda de oro”, Francisco Hernández halla una faja de plomo ya carcomido, con signos manifiestos de ser antiguo y llevar harto tiempo bajo tierra. Consultando a letrados de la ciudad, pudieron descifrar una inscripción que decía que: “en ese lugar había sufrido martirio a mano de los gentiles, San Mesitón”.

22 de marzo de 1595: Habiendo sido informada la Autoridad Eclesiástica de los hallazgos fortuitos que un mes antes habían descubierto tres “buscadores de oro y fortunas” de Granada, fue el Arzobispo Pedro Vaca de Castro y Quiñones, que ocupó la Silla Granadina de 1589 a 1610, quién contrató a particulares para que siguieran excavando en el Cerro o Monte de Valparaíso. Este día del 22 de marzo hallaron un hueco cavado sobre la roca lleno de cenizas blancas que supusieron, eran las de San Hiscisio que murió en este lugar.

25 de marzo de 1595: Prosiguieron los “santos” hallazgos en Valparaíso, y en esta jornada concretamente se descubrió una lámina de plomo con inscripciones en latín que decía: En el año segundo del Imperio de Nerón, a primeros de marzo, padeció martirio San Hiscio en este lugar Ilipulitano, escogido para este efecto. Discípulo de Santiago Apóstol, con sus discípulos Turitio, Panuncio, Maronio y Centulio. Pasaron a la vida eterna por medio del fuego en el que fueron quemados vivos, convertidos como piedras en cal, cuyas cenizas están en cavernas de este Santo Monte. Que sea venerado, como es razón, en su memoria.

3 de abril de 1595: tres obreros que cavaban en Valparaíso por orden de Pedro Vaca de Castro y Quiñones, hallan en un hueco entre piedras y carbones, cenizas y restos humanos que hicieron suponer, pertenecían a San Tesifón, discípulo de Santiago.

10 de abril de 1595: Continúan los descubrimientos. En esta jornada, se halló una lámina de plomo con seis renglones inscritos en ella que traducidos, decían: “En el año 2º del Imperio de Nerón, primer día de abril, padeció martirio en este lugar ilipulitano San Tesifón, que antes de su conversión se llamaba Abenathar, discípulo de Santiago Apóstol, varón docto y santo.Escribió en tablas de plomo aquel libro llamado Fundamentos de la Iglesia. Y juntamente fueron martirizados sus discípulos San Máximo y Supario, cuyos polvos y libros eran los polvos de los Santos Mártires en las cavernas de este sagrado monte. Reverénciese en memoria de ellos”.

12 de abril de 1595: Aparece una cruz en Valparaíso que mueve y conmueve a la ciudad, de forma que a lo largo de esta jornada y las que la suceden, los granadinos suben hasta el Sacromonte movidos por una piedad inusitada y fijan en las laderas del lugar hasta un total de 679 cruces.

22 de abril de 1595: Los nuevos descubrimientos del Sacromonte se atribuyen a los restos de San Hiscio o San Hiscisio como también suele transcribirse en esta época.

30 de abril: La emoción por los descubrimientos “sacros”  se refuerza al aparecer una nueva lámina de plomo con esta inscripción: “En el segundo año del Imperio de Nerón, primero de febrero, padeció martirio en este lugar Ilipulitano San Cecilio, discípulo de Santiago, varón dotado de letras, lenguas y santidad. Comentó las profecías de San Juan Apóstol, las cuales están con otras reliquias puestas en la parte alta de la Torre inhabitable Turpiana, como me lo dijeron sus discípulos, los cuales padecieron martirio con él, San Setentrio y Patricio. Los polvos están en las cavernas de este sagrado Monte. En memoria de los cuales se venere”. A poco más de dos metros de distancia del sitio donde se encontrara esta nueva lámina se encontró también un hueco en la roca con una masa de cenizas que estaba cobijada bajo dos piedras.

1 de abril de 1600: El Arzobispo Pedro Vaca de Castro da a conocer un Edicto convocando para el 16 un Concilio que trataría de averiguar la autenticidad de las reliquias halladas en Valparaíso y en la Torre Turpiana.

16 de abril de 1600: Apertura del Sínodo Episcopal que trataría de certificar la autenticidad de las reliquias de Valparaíso y de la Torre Turpiana. La jornada se abre con una procesión que desde la Parroquial de San Cecilio hasta la Catedral, serviría para iniciar la Misa del Espíritu Santo oficiada por el propio Arzobispo y predicada por el chantre catedralicio. Los vocales nombrados ex profeso subieron por la tarde para examinar el lugar en el que se habían hallado los descubrimientos sacros en Valparaíso siguiendo el Breve de Clemente VIII con el que este Papa había instituido la Congregación para las Indulgencias dentro del organigrama del Romano Colegio en 1593, de acuerdo a lo que el Concilio de Trento acordara unos años antes.

17 de abril de 1600: Primera sesión del Concilio Sinodal y observación de las reliquias extraídas que los ponentes observaron en el Palacio Arzobispal.

Continuará...

No hay comentarios: