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martes, 6 de noviembre de 2012

Juan de Bolonia y el Dios Apennino


Desde el siglo XV Italia era el más atractivo de los destinos que un artista europeo podía soñar, tanto para formarse como para convertirse en un autor de renombre, codeándose con las glorias vivas y perennes que Florencia, Roma, Venecia o Siena estaban (y habían) dando al Mundo. Es así como desde su Douai natal (en Paso Norte de Calais, Francia, frontera con Holanda), llega a Italia Juan de Bolonia (1529-1608) que se había formado como escultor en Amberes y que como tantos artistas paisanos que aprovecharon que el nuevo Papa era flamenco (Adriano VI) para probar fortuna en la Ciudad Eterna. A él la suerte no le fue tan propicia. Será gracias al florentino Bernardo Vecchietti, un rico comerciante con alma de mecenas, que Juan de Bolonia se quede en Roma, pues tras dos años no había llegado ningún encargo y sólo el viejo hacendado había podido comprobar la calidad de sus dibujos, aconsejándole que fuera a Florencia y descubriera a Miguel Ángel, que entonces residía en su patria tras las estancias en el Vaticano.

Tarda 15 años en recibir su primer encargo. Fue en 1558 y por medio del Gran Duque de la Toscana, Francisco I de Médici, que, todo sea dicho, era medio español por su madre Leonor Álvarez de Toledo, prima del Gran  Duque de Alba. Y desde que en ese 1558 Juan de Bolonia hiciera aquella Venus de mármol a tamaño natural, le llovieron los encargos desde la Casa Real francesa, la española (suya, aunque terminada por su discípulo Pietro Tacca es la estatua de Felipe III de la Plaza Mayor de Madrid de la foto de arriba), el Papado o cardenales y arzobispos de la región toscana.

Pero será en 1581 cuando realice una de las más sorprendentes esculturas de la Historia del Arte, la colosal representación del Dios Apenino, caracterizando a los Montes Apeninos, de 12 metros de altura y todo ello en piedra. La obra se encuentra en los jardines de la Villa Pratolina, propiedad del Gran Duque Francisco I de Médici que invirtió en su decoración y en su fastuosa presencia la nada desdeñable cantidad de 800.000 escudos de la época, más del doble de lo que costó el Palacio Uffizzi, hoy día una de las mejores galerías de arte del Mundo, posiblemente el Museo patrimonial que ofrece lo mejor del arte italiano de todas las épocas.

Prato está a 15 kilómetros de Florencia. En medio del bosque, en las estribaciones de los Montes Apeninos, Francisco I quiso hacer “un jardín de las maravillas”. Hoy día se conoce como la Villa Demidoff, pero es sin lugar a dudas esta impresionante obra de Juan de Bolonia su principal foco de atracción, que con la roca que le sirve de peana improvisada, alcanza los 25 metros de altura y se recorta e imprime en las aguas del lago que tiene a sus pies. 

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