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viernes, 9 de noviembre de 2012

Fanta


John Pemberton decidió un día mezclar hojas de coca y semillas de nuez de cola con el objeto de patentar una medicina que aliviara el dolor de cabeza; sin embargo, el farmacéutico estadounidense acababa de descubrir un brebaje apreciado entre sus primeros (y escasos) clientes, que lo que realmente hacía era calmar la sed. Eso sí, los que lo probaban, aseguraban mejorar de pequeñas dolencias estomacales, digestiones pesadas y náuseas derivadas de estas. Cada vaso, costaba cinco centavos del año 1886 y para que el producto farmacéutico que colocó en los estantes de su botica de Atlanta fuera más atractivo, le pidió a su amigo Frank Robinson un dibujo artístico. El “creativo” de Frank, se le ocurrió llamar a la bebida de una manera pegadiza y estampó en los papeles del frasco, con su propia caligrafía, el nombre de la marca... Acababa de nacer comercialmente, Coca-Cola. A los pocos meses, se vendía en todos los Estados Unidos y hoy día, es una de las empresas más fuertes del Mundo, gana netamente al año casi 100.000 millones de dólares y produce de manera indirecta, más de 800.000 puestos de trabajo. Y por supuesto, no olvidemos que se vende y consume en todo el Mundo.

En 1939 la Compañía de Coca Cola operaba con fuerza en Alemania. Quedaban meses para el inicio del mayor error humano y el más virulento de los episodios de nuestro Planeta, la II Guerra Mundial. Cerca de cinco millones de botellas de Coca Cola salían de las 43 fábricas que tenía el emporio estadounidense en Alemania. Otras 9 fábricas más estaban esperando su inauguración. El mercado era muy venturoso como vemos. Pero al poco estalla la Guerra y los Estados Unidos descubren a actitud del III Reich capitaneado por Adolf Hitler, de manera que el gabinete presidencial de Franklin Delano Roosevelt, prohíbe a cualquier empresa americana comerciar, vender y favorecer, aún de lejos, a los alemanes. Y entre ellos, está Coca-Cola.

El director general de la marca para Alemania era Max Keith que vio cómo le era imposible hacerse con ese ingrediente secreto de Coca-Cola, el sirope conocido en la fórmula como el ingrediente 7X de la Coca-Cola,  debido al bloqueo aliado. Pero lo que no estaba dispuesto a consentir es cerrar las 43 plantas embotelladoras y las otras 9 previstas, dejando en la calle a toda la familia laboral de Coca-Cola GmbH (la filial alemana de Coca-Cola) y lo que ello supondría. Las siglas GmbH significan Gesellschaft mit beschränkter Haftung, que traduciríamos por Sociedad Limitada.



¿Por qué este interés de Max Keith en proteger los intereses comerciales de la Compañía? ¿Sólo por conservar su puesto de trabajo que imaginamos, por el puesto que ocupaba, era difícil de conseguir en otro sitio? Algunos habrán fallado si es que pensaron que la política estaba detrás de su interés, porque en efecto Max Keith, investigado tras la guerra, resultó haber combatido a su manera al universo nazi, rehusando entrar en el Partido y todo ello a pesar ser de las fuertes presiones que recibió de su entorno para serlo. Pero por otro lado hay quienes sostienen que Keith, a su manera, se replegó a los deseos del peligroso Hermann Wilhelm Göring, o Goering, el lugarteniente de Hitler y encargado de la economía alemana durante el periodo de Guerra, deseoso de llegar a la absoluta suficiencia y no depender de nadie, la autarquía alemana. ¿Era un patriota Max Keith o simplemente un nazi por su permisividad y obediencia ciudadana?

Fuere como fuere, en 1941 Estados Unidos no comerciaba con los nazis y a las plantas germanas no llegaba la fórmula secreta. Los dirigentes del Tercer Reich obligaron que las fábricas cambiaran de nombre, nacionalizaron la producción y una vez que fueron independientes de Estados Unidos, el beneficio sería netamente alemán. Y es entonces cuando Max Keith reúne a la plantilla de la fábrica bávara y les pide ideas para un producto que les permita salvar, empleos, producción y en definitiva, sea algo alemán. Entre el grupo se encuentra un veterano vendedor. Había entrado en la plantilla casi al comienzo de la apertura de la división alemana de Coca-Cola, en 1920. Se trata de Joe Knipp

El director organizó un concurso para encontrar un nuevo producto, un nuevo sabor, algo propiamente alemán y que salvara a la compañía recientemente nacionalizada a través del Plan Cuatrienal del mariscal Goering. Keith les había pedido creatividad, que dejaran volar su imaginación, que en alemán, se dice Fantasie. Al oír aquello Joe Knipp, sin dudarlo, pensó en el nombre: Fanta, como acróstico de Fantasie, de imaginación... Acababa de nacer la COCA COLA ALEMANA, hecha con las sobras de cualquier otro refresco o zumo y endulzada con sacarina.

No era el primer intento alemán por hacerle la competencia al producto estadounidense. En 1931, ya había sido creada la Afri-Cola, una burda réplica con un contenido de 250 ml de cafeína por litro de bebida, una auténtica bomba alimenticia y desaconsejable en todo caso para la salud, que a partir de los años 60 del siglo XX empezó a perder fuerza, clientes y consumidores.

Fanta había salvado a la productora de refrescos nazi. Y al poco, abandonó su intención de reproducir el sabor de cola haciéndose a partir de pulpa de manzana empleada en la fabricación de la sidra, subproductos de la industria del queso, y endulzado todo ello con sacarina y un pequeño porcentaje de azúcar. De hecho, el refresco recordaba al Apfelwein, es decir, al vino de manzana (traducción literal) que no era otra cosa que una sidra famosa del sur de Alemania y especialmente consunida y apreciada en la región de Hesse.

En 1943, la antigua empresa de Coca-Cola, ahora la nazi fábrica de Fanta, vendía más de tres millones de botellas en el país. Solía la gente usarla como edulcorante, para endulzar desde infusiones, café a algunas comidas, debido al racionamiento de azúcar.

Fue a partir de 1960 cuando Coca-Cola empiece de nuevo a operar en Alemania; y fue entonces cuando decidió adquirir la marca Fanta, tras haberse asegurado la empresa americana que su “inventor” Max Keith no puso la marca al servicio del nazismo, no estaba afiliado al partido nazi, había superado las exhaustivas investigaciones a las que fue sometido tras la guerra, y por haber salvado a algunos trabajadores de la Gestapo, podía ser considerado incluso un antinazi. Keith incluso había ordenado que los camiones de reparto de Fanta, transportaran agua potable para ayudar a las poblaciones bombardeadas. Todo ello, convenció a Coca-Cola, compró la marca y la distribuyó por el mundo. Hoy, sus distintos sabores en nada tienen que ver con su nacimiento en medio del nazismo y por supuesto, nada de esto empaña su buena imagen comercial y empresarial.

¿Merece Max Keith una revisión histórica de su figura, como la propia Fanta? 

1 comentario:

Santi dijo...

...un judio ortodoxo bebiendo fanta seria la imagen que culminaria este articulo como broche de oro..