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viernes, 16 de noviembre de 2012

El Saludo Hispánico (II)


Hace tres días reclamamos desde esta Alacena que uno de los saludos marciales e ideológicos más extendidos en la historia, con unas connotaciones pervertidas y desde luego, según en qué sitios, aterradoras, fue invento, tradición y cuño de Hispania y de una de las primeras culturas hispanas que España puede y ha de tener como antecesora y conformadora de su pasado. En la anterior entrega, vimos cómo desde al menos 2.300 años los iberos contagiaron de esa expresión gestual a los romanos, encargados de llevarla a todos los rincones del Mundo conocido y que el llamado saludo hispánico se fue repitiendo en los más diversos acontecimientos y pueblos de la Historia, quedándonos entonces en el Primer Imperio Francés y en la época de Napoleón. Pueden consultar esos datos aquí: El Saludo Hispano

Pero la sorpresa quizás llegue desde los Estados Unidos de América y a través de la figura de  Julius Francis Bellamy (1855-1931), un ministro de la Iglesia Baptista y político socialista. En 1888 entró a trabajar en la publicación “Companion Juventud”, la revista “Compañero de la Juventud” un ferviente órgano patriótico que lanzó al aire la idea de que los alumnos estadounidenses se adhirieran desde sus más tiernos años al sentimiento patriótico y especialmente demostraran media algún signo externo, su respeto y fidelidad a la bandera norteamericana. Cada escuela estadounidense, debía tener en lugar privilegiado la bandera de las barras y las estrellas y comenzar la jornada escolar con algún acto sencillo que vinculara al niño con la Nación. Y fue así como para 1891 había mandado fabricar y había suministrado a más de 26.000 centros escolares, banderas norteamericanas. 

Será en 1892 cuando Francis Bellamy tenga la idea de celebrar el IV Centenario de la llegada de Colón a América con algún acto que subrayara la personalidad americana, publicando, el 8 de septiembre de ese año en la revista Companion Juventud un texto que pretendía que adquiriera carácter oficial, naciendo así el “Juramento de Lealtad a la Bandera”, tal y como hoy sigue haciéndose y declamándose por parte de los estadounidenses, extendiendo la idea a través Órgano nacional de directores de escuelas, en cuya reunión, gustó sobremanera la idea, al punto de que ellos mismos seleccionaron un comité de educadores con el objeto de poner en práctica el programa, bajo la tutela de la Asociación Nacional de Educación. Fue Bellamy el creador de la ceremonia, que incluía el izamiento de la bandera y su promesa. La promesa original decía así: “Juro lealtad a mi bandera y a la República que representa, una nación, indivisible, con libertad y justicia para todos”. El texto, el 12 de octubre de 1892, era ya una realidad. 

El propio Francis Bellamy, gran defensor de las ideas socialistas y creador a posteriori del socialismo cristiano estadounidense, quiso reforzar la idea de lealtad a la enseña con un gesto que expresara una mayor contundencia, incorporando al Juramento el “saludo hispano”, mal llamado saludo romano y que en Estados Unidos fue conocido como “saludo Bellamy”. Huelga decir, que cuando los americanos entraron en guerra con las potencias del Eje durante la II Guerra Mundial, el presidente Franklin Delanio Roosevelt prohibió el saludo a la manera que ya estaba haciendo Alemania. Sería en 1941, pero con todo, estuvo durante casi 50 años en vigor en los Estados Unidos de América.

Dejamos Estados Unidos para regresar a la Vieja Europa. Corre el año 1919 y tras el fin de la Primera Guerra Mundial, Italia ha perdido parte de su territorio tras los acuerdos dictados por el Tratado de Versalles, en concreto parte de la actual Croacia, entre otros la ciudad que hoy conocemos como Rijeka y que los italianos llamaban Fiume. Esto motiva el recrudecimiento de las ideas nacionalistas de algunos italianos a cuya cabeza se va a colocar el poeta y dramaturgo Gabriele D'Annunzio (1863-1938), a quién hemos de señalar como precursor del uso del saludo hispano (el mal llamado saludo romano, insisto) con tintes ideológicos radicales. 

D'Annunzio, al frente de un pequeño ejército de militares de baja graduación, compuesto por 2.600 soldados, inicia el 12 de septiembre de 1919 una marcha sobre la ciudad de Fiume, que acababa de ser entregada a efectivos militares aliados (y controlada por Estados Unidos), con el objetivo de anexionar toda esa zona geográfica conocida como el Golfo de Carnaro al Reino de Italia. Un año después proclama esta zona como “Estado Libre de Fiume”, que acabaría integrándose en la Italia fascista de Mussolini a partir de 1924 y perdida tras la II Guerra Mundial, formando hoy parte del Estado de Croacia. 

Esto sirve para situarnos. El poeta Gabriele comenzó a redactar unos estatutos para Fiume, con un ideario más cercano a lo poético y que eclosionaría en el fascismo. Mussolini siguió la ideología que D'Annunzio había pergeñado para Fiume, de forma que el poeta acababa de convertirse en el precursor del fascismo, incorporando todos los ritos y gestos públicos que el dictador italiano haría suyos: una economía basada en el Estado corporativo, largos y emotivos rituales nacionalistas, una distinción en la ropa de los seguidores fascistas, que en este caso era la camisa negra como símbolo, respuestas brutales y una fuerte represión contra la disidencia, si hacía falta, y como signo externo más identificativo, saludarse entre sí y mostrar la adhesión al dictador y a lo que representa, mediante el “saludo hispano”, que no el romano (que ya sabemos lo copió). 

Sin entrar en valoraciones, primero fue a través del poeta en 1919, luego con Mussolini en 1928, pero en definitiva, éste es el ejemplo que siguieron los joseantonianos, es decir, los falangistas españoles. Fascistas y falangistas son los culpables de la perversión de un saludo que no quería transmitir más que buenas intenciones y deseos de paz a quien lo recibiera. Luego, el nazismo, terminó por condenarlo al más repugnante (si se expresa bajo los ideales fascio-falangistas-nazistas) de los gestos de la Historia de la Humanidad. 

A España vino desde Italia. Mejor, para ser justos... REGRESÓ A ESPAÑA vía Italia para adoptarlo como decíamos los miembros de los movimientos próximos al fascismo, como las JONS de Ramiro Ledesma Ramos, en el año 1931. Después, al constituirse Falange Española, se incorporó a su simbología. Es decir, la antigua "salutatio iberica" vovía a su cuna desde Italia, 2.200 años después, aunque bien es cierto que con una carga moral distinta. En nuestra Nación perdurará con carácter oficial desde 1937 (en la zona del Bando Nacional durante la Guerra Civil) hasta 1943, cuando Francos se separe de los ideales fascistas de primer cuño y deje de situar el “Saludo” como oficial y de obligatoriedad cívica, aunque bien es cierto que se siguió mostrando a lo largo de todo el régimen franquista. 

En Alemania era el famoso Heil Hitler (vitoreando a Adolf Hitler) el saludo de la Alemania nacionalsocialista. Basado en el romano “Ave César”, sólo se sustituía por el Sieg Heil de las ceremonias oficiales. Fue adoptado por el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), levantando el brazo derecho, en esta ocasión, unos 135º acompañado de las voces, “Heil mein Führer” o simplemente “Mein Führer”. La motivación para adoptar el “saludo romano” reside en hombres como Heinrich Himmler, jefe de las temibles y atroces SS, convencido que el mal llamado saludo romano era originario de las tribus germánicas puesto que restos arqueológicos del siglo II parecen figurar que la manera de rendir pleitesía a un nuevo caudillo germano tras su elección como nuevo rey, era así. Los nazis, sin saberlo,  apostaron por su historia que no era otra cosa que la copia de la historia hispana. Más aún, algo acuñado 500 años antes en la Península Ibérica. 

Algunos han observado en este “saludo hitleriano” una herencia en los gestos empleados durante la coronación de los reyes germanos de la Edad Media, y especialmente cuando los seguidores del nuevo caudillo, gritaban tras su proclamación "Heil" (Viva). De acuerdo con los nacionalsocialistas de la época la versión romana no era otra cosa que una versión nórdica de la raza aria y de esta forma la costumbre migró al sur de Europa donde se estableció con el saludo de Salve César. Y en base a esta teoría, desde 1933 hasta 1945 el saludo se hizo muy común en los círculos sociales alemanes. 

La influencia de este milenario gesto llegó a Rumania mediante la Guardia de Hierro, una organización fascista, antisemita y represiva que operó política y socialmente en el país desde 1927 hasta el fin de la II Guerra Mundial. Y precisamente tras la II Guerra Mundial, el Planeta asoció (era inevitable) que el milenario gesto conducía a las ideas fascistas, nazis y genocidas, de forma que fue sucumbiendo, hasta que a día de hoy, Alemania y Austria han prohibido sin contemplaciones el saludo, que está considerado un gesto criminal. Los nacionalsocialistas actualmente emplean el número 88 para mencionar de forma críptica la frase "Heil Hitler" (el 8 ocupa la posición octava para letra H). Afortunadamente, en Italia, el "saludo romano" está prohibido por ley desde el 20 de junio de 1952, reiterada en 1993, pero solo se considera infracción cuando se realiza para realizar manifestaciones exteriores de carácter fascista. Puede ser castigado con un máximo de seis meses de cárcel y multas. 

Sólo me queda deciros, a fascistas italianos, nazis alemanes y falangistas españoles, que un saludo de 2.300 años que quería decir, paz, deseos de bienestar para el que lo recibiera e implicaba un poso cultural único, acuñado en la HOY ESPAÑA, lo habéis ensuciado, lo habéis mancillado. Porque nunca tuvisteis el honor del legionario romano ni la decencia y humanidad del pueblo ibero. Simplemente, sois...

Aunque al menos, me queda el consuelo de desdecir una mentira que todo el Mundo repite, que se llama “saludo romano”. 

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