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miércoles, 7 de noviembre de 2012

El Palacio de España


La Plaza de España en ROMA. 

En 1475 España abre su legación diplomática con el Estado Pontificio mediante la labor de Gonzalo Fernández de Heredia, pero será en 1480 cuando el Rey Fernando el Católico encargará a Gonzalo de Beteta, Caballero de la Orden de Santiago, que se haga cargo de manera permanente de las misiones diplomáticas y de representación del Reino de Aragón y de la Corona de Castilla y de León ante la Santa Sede. Nacía la Embajada de España en Roma, que se convertiría en el Edificio Diplomático más antiguo del Mundo. Si lo prefieren, se trata de la Embajada más antigua del Mundo, convirtiéndose España en pionera, puesto que las que la hayan precedido no habrán durado en el tiempo hasta el punto de tener este privilegio.

Edificio del Palacio de España. Oficia la misa el Papa Benedicto XVI.

En estos primeros años, desde el edificio romano España realiza actividades tan trascendentales como el apoyo del Papa a la Guerra de Reconquista del Reino de Granada, en la que participan 12 naciones junto a los reinos peninsulares, se debate y fija el repartimiento del Nuevo Mundo entre España y Portugal y se conforma la Liga Santa que con el andar de los tiempos será crucial para Europa, frenando al imperio otomano y su devastadora actividad bélica contraria a la fe de Cristo.

La Embajada española se asentó en el Palacio que la familia Monaldeschi tenía en Roma, hasta que en 1647 se adquirió a la vieja y noble familia romana, comprándose además las casas colindantes, cuatro en concreto, con el fin de acrecentar y dignificar la legación diplomática española ante el Estado Pontificio. Desde 1657 se producen las obras de mejora y acondicionamiento, que lleva a cabo nada menos que el genial Borromini, por lo que la Embajada española para el Estado Pontificio es una solemne obra artística que conserva, huella de uno de los más grandes arquitectos barrocos de la historia, la ampliación, vestíbulo y escalera principal. Desde entonces, fue conocido como el Palazzo Spagna, abandonando ya el histórico nombre de los que habían sido secularmente sus propietarios, los Monaldeschi.

Obra pictórica para tapiz de Pedro Pablo Rubens.

En su interior, piezas de las colecciones de la Corona Española, del Museo del Prado y las que de largo adornaban sus paredes conforman un rico conjunto de admirable impronta. Tapices hechos sobre cartones de Rubens, esculturas de Bernini, los tapices gobelinos de los Borbón-Orleans, pinturas de Madrazo, Vicente López o Mengs... Simplemente, un Museo digno de ser el edificio diplomático más antiguo del Mundo.

Inauguración del Monumento pagado por España, por el Papa Pío IX.

La Plaza empezó a ser conocida como “de España”. Así figura en el nomenclátor romano y así se distingue aún, más si cabe cuando en 1857 se inauguraba la columna triunfal que en honor a la Inmaculada Concepción de La Virgen levantaron los españoles, coincidiendo con la proclamación oficial dogmática que el mismo Papa que inauguraba el Monumento, tuvo a bien realizar tres años antes.

Otro hito más para la historia de la Humanidad que encabeza y protagoniza la Nación española y otra muestra más de la riqueza histórica y patrimonial de España, en esta ocasión desde el corazón de la Ciudad Eterna. 

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