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lunes, 26 de noviembre de 2012

Casablanca


Película de culto, éxito de taquilla, triunfo del sistema de estrellas, clásico imperecedero. Casablanca se estrenaba tal día como hoy y ahora que cumple 70 años, el tiempo le ha sentado mejor incluso que aquella tarde-noche del 26 de noviembre de 1942 en la que se exhibió por vez primera en el Teatro Hollywood de Nueva York, haciéndola coincidir con la conquista de la costa atlántica africana por parte de las tropas aliadas y la toma de Casablanca (Marruecos) por la Francia Libre durante la II Guerra Mundial.

Pero la película, que retrata de una manera colosal la vida en esta ciudad marroquí a la que llegaban huyendo del nazismo europeos de todo tipo pero que, bajo el estricto control de la GESTAPO, les resultaba casi igual de peligrosa que su país de origen, es una obra maestra absoluta que consiguió desde el mismo montaje definitivo, convertirse en un icono de la historia del cine en base a guión plagado de diálogos insuperables y ágiles que salen de la boca de actores de la talla de Humphrey Bogart o Ingrid Bergman, a quienes se suma con acierto imperecedero un Max Steiner que nos dejó una de las bandas sonoras cinematográficas más sublimes. Difícilmente habrá alguien que no reconozca al escucharlos, los acordes de “as time goes bye”,( “a medida que el tiempo pasa”)... ¡Pero ojo, este tema no es de Steiner! Con esto, no es de extrañar que fuera nominada ocho veces al Premio Óscar, ganando 3 en las categorías de mejor película, mejor director y mejor guión. Pero el tiempo se encargaría de agrandar la estela de Casablanca, al punto que en 1989 fue preservada en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos por sus valores culturales, históricos y estéticos, en 1997 fue considerada la 2ª mejor película de la historia del cine y en 2006, los guionistas y empleados de cine, televisión y radio, dijeron que su guión era el mejor de todos los tiempos.

Con estos datos abrumadores, nadie pensaría que el rodaje comenzó de forma muy distinta. La película se grabó entre el 25 de mayo y el 3 de agosto de 1942, basándose en el guión de la obra teatral “Todos vienen al café de Rick” de Murray Burnett y Joan Alison. Cuando compró los derechos la Warner Brothers los especialistas literarios de la compañía, la calificaron como “una tontería sofisticada”. Fue grabada en las pistas de los aeropuertos de Los Ángeles, en el estudio californiano de la Warner y en un pueblecito de Arizona, Como curiosidad, los habitantes de Casablanca (Marruecos) intentaron tras el éxito internacional del largometraje, aprovechar el tirón turístico de cuantos acudían a la ciudad marroquí para conocer los enclaves del film y tomarse algo en el bar de Rick, que obviamente no existía. Ni cortos ni perezosos, la ciudad, aún bajo el protectorado francés, se lanzó a construir dos bares frente a la gran plaza donde se ambienta la escena principal, naciendo de manera ingeniosa y engañosa, el bar de Rick, y el "Blue Parrot", para que los turistas se fueran satisfechos tras su visita.

La dirección corrió a cargo de Michael Curtiz (1886-1962) un húngaro de ascendencia judía que antes de Casablanca había dirigido “Ángeles con caras sucias” (1938) y tras este largometraje impecable, aún tendría tiempo de regalarnos “Alma en suplicio” (1945). Antes de morir reconoció que el guión fue modificado con largueza respecto del original en el que se inspira. De hecho, cada día, el texto recibía cambios y cuando ya había comenzado el rodaje, no se había escrito nada del final, de forma que tanto Curtiz como Ingrid Bergman, desconocían en el momento de grabar la última secuencia, qué iba a suceder con el objeto de que actuaran con el mismo desconcierto que después transmiten al espectador. Pero Humphrey Bogart, que era ya una estrella imparable, sí que lo sabía por exigencias de su contrato, pues estaba autorizad a aprobar los guiones antes de rodar.

La mejor manera para describir al actor protagonista, es simplemente decir que era Bogart. Y la actriz protagonista, quizás una de las mujeres más hermosas de la industria universal e histórica del cine, la rubia por antonomasia junto a Grace Kelly y a Marilyn Monroe; pero en pantalla, el poco más de metro sesenta de Bogart y el mareante metro ochenta de Bergman se corregía con mil ingenios, desde las plantillas casi ortopédicas que tuvo que llevar, a otras soluciones que salían de plano y que servían para adecuar la altura de los protagonistas. Curiosamente, el otro gran actor del reparto, Paul Henreid no se llevó muy bien con sus compañeros actores. A Bogart lo consideraba un actor mediocre y a Bergman llegó a llamarla: “flor de un día”:

Pero es sin duda la mano de Woody Allen la que se cuela, 30 años después en la película, hasta el punto de provocar la más extendida de las curiosidades y errores de la historia del cine. Seguro que más de uno, recuerda como si hubiera vivido el rodaje, la famosa frase, inmortal, de “tócala otra vez, Sam”. Pues bien, deben volver a ver la película para descubrir que en ningún momento se dice eso. Woody Allen había escrito una obra de teatro que se lleva al cine en 1972, protagonizada por él mismo y por una de sus parejas fetiche en la gran pantalla: Diane Keaton. Se trata de “Sueños de un seductor” y el final es un homenaje a Casablanca con el toque irónico de Allen y la parodia en la que el genio neoyorquino, introduce la frase “tócala otra vez, Sam”, que se parece a la original, pero no es esa. En Casablanca, Ilsa (Ingrid Bergman) está en el café y reconoce a Sam, el pianista, al que le dice: Tócala una vez, Sam, en recuerdo de los viejos tiempos. Él finge ignorarla y ella le ordena «Tócala, Sam. Toca “A medida que el tiempo pasa”... Pero si algo pasa por la mano de Woody Allen, se convierte incluso en uno de los grandes errores que llega a confundir hasta el que ha visto la película mil veces. Por cierto que este tema fue compuesto por Herman Hupfeld para el musical de Broadway Everybody's Welcome, en 1931, 11 años antes de la película. En la canción es interpretada por Dooley Wilson.

A lo largo de los dos meses y dos semanas de rodaje, mientras la II Guerra Mundial sembraba de muerte y destrucción a Europa, dio lugar para todo. Como por ejemplo las súplicas del productor, Hal B. Wallis a Herman Hupfeld para que ceda la partitura y los derechos de reproducción de “as time goes by”. Su autor, la consideraba una obra menor, una vulgar melodía que no por ello, dejó impactado al productor. Es a él y su capricho a quien debemos una de las músicas de cine más recordadas, al igual que aquella que acompaña a Rita Hayworth en “Gilda” (“Put to blame of Mame”), o Moon River para Audrey en “Desayuno con diamantes”. Hal B. Wilis no dudó en ponerse de rodillas ante el autor que, conmovido, aceptó que Dolley Wilson la intrerpretara en la película.

Pero si el rodaje terminó oficialmente un 3 de agosto, será el día 21 de ese mes cuando en el afán por rizar el rizo y crear algo distinto, Michael Curtiz bajo presión de su director artístico Carl Jules Weyl (dicen que el verdadero protagonista del éxito de Casablanca), llaman a Bogart al estudio. Y le piden que en ese final que no conocía nadie, diga otra de las frases míticas no ya sólo de este film, sino de toda la historia del cine: “Louis, creo que este es el principio de una gran amistad”. De hecho, Casablanca ha conseguido colar 6 frases entre las cien más célebres de la historia del cine, siendo la única película capaz de tal logro. Por ejemplo, “El mago de OZ” o “Ciudadano Kane” , sólo tienen una en este prestigioso listado, que se conforma con frases como la de Clark Gable (“Sinceramente, cariño, me importa un bledo”), en la última frase de la película Lo que el viento se llevó(1939),  o “Le haré una oferta que no podrá rechazar” de Marlon Brando, en “El padrino” (1972), que ocupa el segundo puesto; el cuarto es para: “Toto, me parece que ya no estamos en Kansas”, de “El mago de Oz” (1939) y aparece ya en el quinto lugar nuestra obra, para que Bogart diga: “Aquí me tienes mirándote, chica”.  Ahora bien, para mí, siempre, Casablanca es Casablanca cuando oigo: “Siempre nos quedará París”.

Parafraseando al bolero, 70 años no son nada... Y sin embargo, no dejan de hacer mejor, que ya es difícil, una película inmortal que como homenaje a la efemérides, merece que volvamos a disfrutarla tantas veces como se pueda. 

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