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jueves, 4 de octubre de 2012

Santa Teresa de Ávila


Imagen de Gregorio Fernández (1614) encargada para su beatificación.

No hay nada más justo ni más cierto que la definición que el escritor Francisco Umbral creó para referirse a la santa de Ávila: “Teresa enamora. En su época no le perdonaron que fuera mujer y hoy no le perdonan que fuera monja”. Porque sólo así podemos entender la gigantesca dimensión de una mujer castellana del siglo XVI que para el que fuera Presidente de la Real Academia de la Lengua, “es la mujer que mejor ha escrito en castellano”. Ya está todo dicho con eso. Pero además fue fundadora (o reformadora), poetisa tan incomparable que le ha valido ser declarada “patrona de los escritores españoles”, se carteó con los reyes, tuvo claro conceptos femeninos que hoy la convertirían en feminista y se adelantó en su tiempo.


Imagen del granadino Alonso Cano (1629)

Sus coetáneos valoraban de ella el humor que poseía. Rozando los 70 años unos jóvenes, con juegos y prisas, la empujaron sin querer y la tiraron al suelo; y la santa carmelitana estuvo un buen rato allí, riéndose, incapaz de controlar el ataque y de parar de reír ante una situación tan cómica (así le pareció a ella) mientras que por el contrario, la madre carmelita que la acompañaba  y se afanaba en levantarla del suelo crecía en indignación. En efecto, estaba llamada a los caminos de la santidad.


Cocinas del Convento de San José de Ávila.

Teresa de Ávila acuñó la frase “entre pucheros anda el Señor”. Amante de la cocina, se extasiaba con la sartén en la mano y ponía esmero y dedicación en la gastronomía. El arte culinario carecía de secretos para la Santa del Carmelo y eso le valió un nuevo reconocimiento de la sociedad española, que la elevó a Patrona de la gastronomía. Pero resume muy bien su entrañable y sencilla vida el hecho de que llamara a cada una de sus fundaciones monásticas, “palomarcicos”, en referencia a la paloma envuelta en tonos anaranjados que en visiones se colaba entre sus sueños.

Comunión de Santa Teresa, barroco italiano en el Museo del Prado.

Hizo grande la literatura española; cultivó como pocos la ascética. Enamoró a quienes la conocieron y sirvió de ejemplo y de admiración para genios de la talla de Lorenzo Bernini que la coló en una de las esculturas más sublimes del barroco universal. Fue una mujer con impacto, que dormía en el suelo y que rezumaba gracia hasta para “ponerle motes a quienes la criticaban”, como si fuera una pícara colegiala.

Transverberación de Santa Teresa de Tiepolo.

Entre muchas de las curiosidades de su azarosa vida, queda la anécdota de lo bien que tocaba el tambor a juicio de sus hagiógrafos y de quienes compartieron convento con ella. Su santidad es tan rotunda que hasta la Iglesia Anglicana, enemiga acérrima del catolicismo, la tiene por santa, un dato demoledor y único.


Recreación de la celda de Santa Teresa en el Convento de San José de Alba de Tormes.

Murió la santa en Alba de Tormes pero a los nueve meses abrieron el ataúd y comprobaron que el cuerpo estaba entero y los vestidos podridos. Antes de devolver el cuerpo al cofre de enterramiento le diseccionaron una mano que envolvieron en una toquilla y la llevaron a Ávila. De esa mano cortó el padre Gracián el dedo meñique y, según su propio relato, lo mantuvo con él hasta que fue hecho prisionero por los turcos. Lo rescató a cambio de unas sortijas y 20 reales de la época.

El genial Éxtasis de Santa Teresa de Lorenzo Bernini (1647-1651)

Los frailes carmelitas descalzos acordaron que sus restos mortales debían volver a su ciudad natal para ser custodiados en el Convento de San José de Ávila. Un sábado de noviembre de 1585, casi en secreto, Santa Teresa, viajera incansable, daba su último paseo hasta Ávila desde el pueblo salmantino de Alba de Tormes. Las mismas religiosas que la habían conocido en vida y que la habían asistido en su muerte, pidieron conservar de ella un brazo a manera de reliquia. ¡Faltaba aún 40 años para que la canonizaran! Acababa de morir ese mismo año el Gran Duque de Alba, don Fernando Álvarez de Toledo. Si todo esto hubiera sucedido meses antes, o el “Capitán de Hierro” hubiera estado vivo, quién sabe si se hubiese llegado a mover el cuerpo de la santa. Lo cierto es que su sucesor, el IV Duque de Alba, Fadrique Álvarez de Toledo envió sus quejas a Roma e hizo negociaciones para que Santa Teresa no marchara de la villa salmantina, y consiguió lo que quería porque el cuerpo volvió de nuevo a Alba de Tormes y hoy reciben la visita y respeto del catolicismo universal en la Basílica que lleva su nombre, un conjunto neogótico colosal de 3.100 metros cuadrados que diseñó y comenzó Enrique Repullés en 1898.

Lo cierto es que tras el fugaz traslado, Santa Teresa se “medio quedó”. Su fama, en aumento, propició que se extrajeran del sepulcro varias reliquias, yéndose el pie derecho y parte de la mandíbula superior a Roma, su mano izquierda, a Lisboa, el ojo izquierdo y la mano derecha, a las carmelitas de Ronda (esta es la famosa mano que Francisco Franco conservó hasta su muerte y que querían quemar los republicanos),  el brazo izquierdo y el corazón, se conservan en la Iglesia de la Anunciación de Alba de Tormes como parte de la condición de panteón ducal de la dinastía Álvarez de Toledo, mientras que un dedo lo guarda celosa la Iglesia de Loreto de París, la abacial gaditana de Sanlúcar de Barrameda otro dedo y al fin, Amberes y otros lugares tienen el resto del vituperado cuerpo que, mayoritariamente, descansa en Alba de Tormes en un mármol jaspeado. La otra gran curiosidad de este sepulcro es que se cierra con nueve llaves, siendo la Familia Ducal de Alba la que custodia tres de éstas, la Comunidad de Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes otras tres y las últimas, el confesor de dichas religiosas.

Juan Pablo II orando ante el sepulcro de la Santa

Santa Teresa, además de Santa y Doctora de la Iglesia, fue nombrada Patrona de la Gastronomía, de los escritores españoles, Capitana de los Reinos de España (acuerdo que se revocó a favor de Santiago Apóstol), Doctora Honoris Causa por la Universidad de Salamanca y Alcaldesa de la Villa de Alba de Tormes. Y nos dejó incontestables escritos como:

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

Y hoy se cumplen 430 años de su muerte. 

3 comentarios:

Santi dijo...

prefiero el término reformadora, incluso podría emplearse el término aggiornamiento, pero aplicado en rectitud: mayor rigor en la vida religiosa, vivir con el mundo contemporáneo pero sin des-catolizarse, mayor profundidad y ortodoxia en la vida de fe... lo mismitico que llevamos viviendo tras la reforma conciliar vaticanosegundista (!)

Saturnino José dijo...

Nunca dejamos de aprender. Gracias por esta presentación que nos acerca más a esta Santa.

Anónimo dijo...

No olvidemos que santa Teresa de Jesús es también patrona de España junto con la Inmaculada Concepción y el señor Santiago, por petición y aprobación de las Cortes en 1617 y 1626, y por breve del papa Urbano VIII del año 1627, que dice lo siguiente:

"Y estatuimos, y con precepto mandamos, que de aquí adelante, para siempre jamás, todas las personas de los dichos reinos, así seglares y eclesiásticas, como regulares, tengan y reputen la dicha santa Teresa por tal Patrona, con todos y cada uno de los privilegios, gracias e indultos competentes a tales Patronos, o que de otra manera se acostumbra a concederse, y que así lo deban observar aquellos a quien toca, sin perjuicio o innovación alguna del Patronato de Santiago Apóstol en todos los reinos de España."

Además, en las Cortes de Cádiz, el 28 de junio de 1812, se estableció lo siguiente:

"Que desde luego tenga todo su efecto el Patronato de Santa Teresa de Jesús a favor de las Españas, decretado en las Cortes de 1617 y 1626 y que se encargue (...) dispongan acerca de la solemnidad del rito de Santa Teresa lo que corresponda en virtud de este patronato."


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