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viernes, 19 de octubre de 2012

Peseteros


La jornada de un diecinueve de octubre no le ha venido nunca mal a España, desde el lejano 1469, hace por tanto 543 años, pasando por la fecha más cercana y que dista del día de hoy 23 años, cuando de nuevo un español conquista la cima de la honra literaria ganando el Premio Nobel en esa categoría. Vayamos por partes:

Aquel lejano 1469 significaría el momento en el que se empezó a cimentar la actual España y se puso asiento al que terminaría convirtiéndose en el Estado más antiguo del Mundo; todo ello gracias a la muy inteligente maniobra de Juan II de Aragón, el monarca de aquel reino que dio su aprobación y bendijo con vehemencia la unión de su hijo y heredero, Fernando, con la heredera del trono castellano-leonés, de suerte que su nieto o su nieta, recibiera como legado la práctica totalidad de la Península Ibérica y consiguiera así el pacto de neutralidad más fuerte de cuantos se hubieran intentado antes, esto es, la unificación completa de ambos reinos y el establecimiento de la ruta que llevaría a la unidad de un Reino/Estado que los visigodos ya habían perpetrado con toda suerte mil años antes de esta fecha de 1469: ESPAÑA.

Decíamos que también un 19 de octubre España se vio agraciada con la suerte de su quinto escritor reconocido con el Premio Nobel. En esta ocasión, fue don Camilo. Del gallego algunos se quedarán con esa agudeza socarrona que le distinguió televisivamente hablando sin caer en la cuenta que algún día fuimos contemporáneos de uno de los literatos más inconmensurables del momento. A mí, “La colmena”, me sigue pareciendo de un grado de intelectualidad que a pesar de lo abigarrado de su conjunto, rezuma tanto dinamismo rítmico en la narrativa que el lector no puede más que descubrirse ante Cela.  Y además los curiosos han de saber que han sido premiados novelistas de 39 países distintos, ocupando España un honroso 6º lugar en el ranking de nacionalidades galardonadas y el idioma español, con 11 laureados, el 10 % del total, se eleva hasta el cuarto puesto. Por cierto, nadie en catalán, qué cosas...

Y al fin, un 19 de octubre de 1868, nació oficialmente la peseta, moneda que estuvo durante más de 133 años al servicio de una España que sigue preguntándose si no nos iría mejor abandonando el sistema monetario único europeo a favor de nuestra antigua hermana mayor de los reales. Disparates a parte (y lo digo con nostalgia pero con algo de luz mental) el término se conocía desde época medieval y hubo una moneda que se acuñó con carácter perentorio y provisional durante la Invasión Francesa en 1808. La primera vez que se usó fue de manera interrumpida en 1837, cuando la Reina Isabel II le pagó a sus tropas en esta moneda acuñada ex profeso para ello, en concepto de su participación en la primera guerra carlista frente a los soldados que ilegítimamente pretendían defender la causa del primo de la reina para el trono de España.

La defensa de la causa legítima y legal, la de Isabel II, no tenía suficientes efectivos en el norte de España, por lo que el general Espartero diseñó un astuto modo de hacerse con mayor número de soldados por lo que recibió a civiles que se instruían en la práctica bélica. Estos nuevos hombres de armas recibían el equipo y la munición, además de un sueldo que oscilaba entre una y dos pesetas diarias, lo que sirvió para que los carlistas los conocieran como “peseteros”. Carlistas del norte, por cierto, que tenían la orden de fusilar ipso facto a cualquier “pesetero” que atraparan.

Vestían un sombrero alto o chacó, al modo que vemos hoy en la Guardia Real Española, los húsares reales de Dinamarca o popularizado por los Estados nidos como gorro de compañías de majorettes de carácter civil. Ese morrión de color rojo hizo que los carlistas llamaran a los peseteros chapelgorris (boina roja en vasco, es decir, txapel gorri) y que nos da que pensar si la gorra roja de los carlistas no procede precisamente del uniforme realista oficial, con lo que tendríamos una graciosa y humorística coincidencia: los carlistas se tocan a la manera de sus archienemigos al igual que los defensores de la república en España, hacen gala del color morado que también proviene de la simbología monárquica, dejando bien claro que en este país, a tontos, no nos gana nadie.

Con todo, ya saben... cuando escuchen pesetero en referencia a alguien que tiene tanta pasión por el dinero que sólo se mueve si éste suena, recuerden que proviene de un acontecimiento histórico a punto de cumplir 180 años. 

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