Visitas

martes, 23 de octubre de 2012

Orleans


¡Qué mal nos ha ido a España y a nuestra Monarquía la Casa Real de Orleans, una de las dinastías más enaltecidas e históricas del continente, que han llegado a reinar en varios países, partiendo por supuesto desde su Francia natal. En concreto nos toca analizar los cuatro Orleans que han estado relacionados con el trono de España y que precisamente, alegrías, no nos dieron jamás desde el lejano 1679 hasta bien entrado el siglo XX. Pero empecemos situando a los Orleans:

La historia negra de tan regia familia nace con Luís Felipe José, conocido como Felipe Igualdad y que por línea materna, era también Borbón. Primo del entonces rey francés Luís XVI, tuvo varios encontronazos con la consorte, la Reina María Antonieta, encargándose desde entonces de propagar rumores y mentiras que terminaron, al estallar la Revolución Francesa, por llegar a la guillotina a la tristemente vituperada reina, de la que desde luego cabría traerla a esta Alacena. Conviene eso sí que tengan en cuenta que desde su nacimiento ostentó el título de Duque de Montpesier, y ya verán por qué lo digo... Pero quédense con esto: Luís Felipe o Felipe Igualdad, cogió un odio contumaz hacia los monarcas, en especial hacia la reina, acusándola de ser la autora de todos los males que ocurrían en Francia, promoviendo la Revolución y siendo el líder del partido más radical. Aún hoy, a los Orleans, a través de él, se les señala como principales inductores al ASESINATO en la guillotina de toda la familia real francesa, Luís XVI el primero.

José María Zavala Chincharro publicaba hace unos meses un libro con el título más sugerente posible: “La maldición de lo Orleáns sobe la Casa Real Española”, obra histórico-narrativa de la editorial Áltera. en su más que recomendable lectura, uno descubre episodios tristes de nuestra historia causados directa o indirectamente por esta “regia familia”, donde hay que apuntar con brevedad absoluta que una Orleans fue la reina más efímera, que un Orleans ha estado implicado en intentos de regicidio, han protagonizado el divorcio del siglo, ha habido un infante rebelde o maldito, han provocado la muerte de infantes de España en duelos y la estela del infortunio, les ha perseguido hasta nuestros días, pues una Orleans es a fin de cuentas la madre de nuestro actual Rey, que veía cómo uno de sus hijos moría trágicamente en la conocida como “tragedia de Estoril”. A fin de cuentas, resumimos sin ánimo de equivocarnos que los Orleans, han sido de todo menos positivos para España y la Casa Real española

La primera Orleans que se entromete en la historia de España es María Luisa de Orleans (1662-1689), que tendrá el infortunio de casar con Carlos II, el último Austria español. A ella no podemos achacarle realmente que su marido llevara el apellido Habsburgo 8 veces seguidas, y un total de 26 veces en su árbol genealógico. Realmente, la guapísima reina, se topó con un error genético creado 200 años antes de su nacimiento. El desdichado Carlos II no fue un mal rey, sino un monarca enfermo. Pero María Luis de Orleans, fue el instrumento de los franceses, una espía, una intrusa encaminada a asegurar a su patria la herencia española. Rodeada de servidores franceses, de perros y loros –le encantaban los animales- debió caer como una bomba; nunca estuvo interesada por la política y protagonizó pataletas de niña chica. Murió prematuramente de una caída de caballo, pero sin conseguir lo que se esperaba de ella, un descendiente. De ahí, que a la reina la recuerde el pueblo con esta copla muy significativa:

Parid, bella flor de lis,
que en aflicción tan extraña,
si parís, parís a España,
si no parís, a París.

Luisa Isabel de Orleans (1709-1742) fue la siguiente de la saga familiar con influencia en España. Se casó con Luís I, y antes de aquel enlace (20 de enero de 1722), los ministros españoles pudieron conocer por su propia abuela, la Reina Isabel de Baviera, que la joven de doce años era detestable, caprichosa, encarada, violenta y sin educación. Tuvo que ser bautizada y recibir todos los sacramentos de prisa y corriendo, pues sus padres se habían olvidado hasta de atenderla y prodigarle algo de educación. Cuando ya estaba en España, trajo a toda la corte de cabeza. Le hacía feos hasta al mismísimo embajador de Francia, el Duque de Saint Simon, al que le eructaba en la cara cuando procedía a presentarle sus respetos. Además, se paseaba casi desnuda por palacio, se negaba a comer con su marido, entonces Príncipe de Asturias (pero luego se atiborraba en su dormitorio), practicaba juegos sexuales con sus damas de compañía, usaba camisones transparentes para provocar a los mozos de las reales cuadras y tuvo que ser arrestada (orden que dio su marido siendo ya Luis I) y fue sorprendida por el nuevo embajador francés, jugando a “broche en cul”, un juego de la época, con tres camaristas y ella misma, desnudas. Por no decir que se negó siempre a cumplir sus obligaciones como princesa de Asturias. Y en el incidente del manzano, donde se aprovechó de un mayordomo de palacio, a punto estuvo de costarle la vida al fiel servidor la broma de una reina enferma mental. Esto nos traía Orleans a España.

Señoras y señores, niños y niñas, con todos ustedes, Antonio María de Orleans (1824-1890), Duque de Montpensier, traidor de la patria, traidor de su familia, asesino confeso y culpable de intento de regicidio. Con su dinero costeó la revolución destinada a que su cuñada la Reina Isabel II perdiera el trono y tuviera que exiliarse, todo por ser él el rey de España. Asesinó a su primo (y hermano del rey consorte Francisco de Paula) Enrique de Borbón. Fue juzgado por un Consejo de Guerra y desterrado de la Península Ibérica. Pero quedaba más: mandó asesinar a Juan Prim, Presidente del Consejo de Ministros y el que le podía cerrar la puerta para conseguir el trono de España. Para rematar tan odiosa biografía, hay que decir que se encargó de pagar los sicarios que debían acabar con los 12 sicarios también que él mismo costeó para matar a Prim. ¡Esta perla de persona, por ser Infante de España, está enterrado en El Escorial!

María de las Mercedes de Orleans (1860-1878). Sí, otra reina y en esta ocasión, hija de tan pérfido humano. Como curiosidad, se le impuso en el bautizo la nada desdeñable cantidad de ¡25! nombres, a los que hay que sumar los conocidos “De la Santísima Trinidad y Todos los Santos”, además de ser una de las dos únicas reinas que han nacido en España, junto a Ana de Austria, esposa de Felipe III. Se convirtió en la consorte más joven de la historia con 17 años y su historia de amor encandiló al pueblo madrileño que la recordó como “Carita de Rosa”. La sevillana, que murió tan joven, no tiene culpa de su ominosa familia, pero lo cierto es que con su enfermedad y muerte, dejó tocado al romántico rey Alfonso XII. La traemos aquí exculpada de los males que los Orleans nos han dejado a los españoles, pero como parte de esa leyenda negra de desgracias y muertes prematuras que acompañan su apellido.

Antonio de Orleans y Borbón (1866-1930), era el cuñado (por partida doble) del rey Alfonso XII. Primero su hermana que fue la primera esposa del monarca. Y él mismo se casó con la hermana de Alfonso XII, la infanta Eulalia, a la que humilló con sus continuas infidelidades. Doña Eulalia de Borbón, escribió: Mi marido, en sus aventuras, era algo más que principesco, y la fortuna de Montpensier, junto con mi patrimonio y mi lista civil, se le iba de las manos rumbosamente... Sevilla, París y Madrid lo vieron pasar en carruajes lujosos junto a una amiga a la que apodaron La Infantona, mientras yo en París me encontraba en una situación comprometida, difícil y molesta de una casada sin marido. En efecto, era manirroto y despreocupado con el dinero, llevó casi a la ruina a la regia pareja, hasta que se convirtieron en el primer matrimonio de la familia real española que se divorciaba. Se casó de nuevo pero para volver a la traición conyugal cuando conoce nada menos que a la viuda del famoso Gugenheim con la que se pega la gran vida, dilapidando la fortuna familiar que quedaba, mientras que su segunda mujer (la historia se repite) vive en una relativa pobreza. Sus gastos excesivos hacen que tenga que vender, en 1919, las tierras de su ducado italiano, muriendo en la más absoluta miseria. Pero en premio a una vida disoluta, infiel y poco moral, lo premiamos con el honor de que sus restos mortales, descansaran en el Panteón de los Infantes en el Monasterio del Escorial.

Luís Fernando de Orleans y Borbón (1888-1945), fue el hijo del anterior. Que nadie se pierda: nieto del asesino Montpensier, hijo de un vividor... Sí, la cosa, no pinta bien. Y los augurios, se cumplen, porque en 1924 fue expulsado de Francia por tráfico de drogas, su primo Alfonso XIII le retiró la dignidad de Infante Real, se dedicó al comercio ilegal usando la frontera portuguesa que cruzaba disfrazado de mujer, se casó con una rica noble 31 años mayor que él, boda que intentó frenarse por parte de la familia de ella por incapacidad mental ante el Alto Tribunal del Sena, fue detenido en 1935 por la Brigada policial antivicio de Francia, arruinó la fortuna de su esposa y justo después de vender su castillo y acciones la abandonó y al final, no ocultó en nada su resuelta homosexualidad, que le valió que el pueblo de Madrid lo conociera como “el rey de los maricas”. Éste es, el infante maldito.

Nos quedaría hablar de doña María de las Mercedes, la esposa de don Juan de Borbón y madre de nuestro actual monarca don Juan Carlos I. Pero creo que la semblanza para asegurar que a España, los Orleans, no le han traído más que malas noticias, malos hechos y mala reputación, es suficiente. 

2 comentarios:

administracion del blog dijo...

Sobre LUIS FERNANDO DE ORLEANS Y BORBÓN:

"El infante maldito. la biografía de Luis Fernando de Orleans, el más depravado príncipe Borbón", de José Carlos García Rodríguez
Editorial ESPASA, 2012

administracion del blog dijo...

Sobre Antonio de Orleans, duque de Montpensier:

"MONTPENSIER. BIOGRAFÍA DE UNA OBSESIÓN", de José Carlos García Rodríguez.

RD EDITORES, 2014