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lunes, 1 de octubre de 2012

Mona Lisa descumple años


Hace unos días se ha dado a conocer de nuevo una obra de Leonardo que persiste en la fama de Lisa Gherardini, hija de Anton Maria Gherardini y mujer de Francesco di Bartolomeo del Giocondo; la obra parece unos diez años anterior a la famosa pieza que custodia el parisino Museo del Louvre y que junto al lienzo madrileño del Prado, viene a sumarse a la infinidad de obras que retratan a una mujer cualquiera que ni de lejos protagonizó las hazañas que la historia del arte han terminado por otorgarle ni venía de una cuna tan prestigiosa como para convertirse en la más famosa retratada de la Historia del Mundo.

El lienzo ginebrino, que es insultantemente el retrato de una Lisa 10 años más joven que la Gioconda parisina, ni viene a significar con absoluto certeza que Leonardo la pintara puesto que en todo caso, no habríamos de entenderlo más que desde la perspectiva de la más enorme de las amistades posibles entre artista y modelo, sino como muestra de una influencia vital inmensa que la florentina, en alguna ocasión, hubiera provocado en el de Vinci. Con todo, la experiencia de casos similares nos aventura a pensar que Leonardo recibió un encargo de ejecución de retrato que no hubo de satisfacer a nadie, empezando por él mismo. El colosal artista, encumbrado si acaso más de lo que sus éxitos le hayan jamás procurado, fue el más prolífico de los creadores que antes y después haya habido, con el delito de protagonizar sin saberlo el famoso dicho castellano: “quién mucho abarca, poco aprieta”.

Derrotado en el pincel y la gubia por Miguel Ángel y defenestrado, quizás sin merecerlo, como ingeniero, que tengamos al menos tres obras de Leonardo del mismo tema, del mismo tipo y sobre las mismas líneas iconológicas nos deja cuanto menos libertad para crear una hipótesis... El encargo jamás fue satisfecho económicamente, luego Leonardo nunca se deshizo del mismo y cuantos aprendices, colaboradores u hombres de taller lo acompañaron, seguro que fueron invitados a progresar en su labor de aprendizaje junto al maestro, copiando y revisando el tema.

No se entiende si no que pintores del magisterio indudable de Velázquez, cuando ejercieron el cargo de maestros de cámara (en el caso del español del Rey Felipe IV) no hicieran más que un retrato de su “Señor” y Leonardo se lanzara a la carrera de las mil y una “Lisas”. Pero por algo el arte es la subyugación de los sentidos, porque con hallazgos como éste, nos recuerda que la historiografía al respecto siempre tiene algo que decir. 

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