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martes, 2 de octubre de 2012

La Torre de Hércules


Eleva 68 metros los dos mil años que tiene a sus espaldas, convirtiéndose en el único faro romano que queda en el Mundo, además de ser el FARO MÁS ANTIGUO en funcionamiento de todo el Planeta. Pero lo cierto es que al faro coruñés poco le queda de romano, porque fue rehecha dada su mala conservación durante el reinado de Carlos III, de suerte que se terminó su presencia externa, cuatro caras neoclásicas que en 1791 terminaba Eustaquio Gianni, de suerte que nuestra querida torre (y digo bien, porque el faro coruñés es un poco de todos desde que fuera declarado Patrimonio Mundial en 2009) es en realidad, un falso histórico que casi nada tiene de romano y sí de neoclásico.

Se cree que fue construida entre los gobiernos de Nerón y Vespasiano, por tanto, entre el año 40 y el año 80 de nuestra era. En la Edad Media dejó de tener uso marítimo y de faro, pasó a fortificación, por lo que sería entendible que haya pasado a la historia bajo el nombre de “Torre de...” y no “Faro de...”; con todo, le fueron haciendo añadidos y transformaciones, como la de 1682, cuando de nuevo recuperaría la función marítima que conserva hasta hoy para la que se construyó una escalera de madera sobre las bóvedas con el objeto de llegar a dos pequeñas torres donde se alojarían los fanales que custodiaban las linternas del faro.

La leyenda dice que Hércules enterró en los cimientos de la torre la cabeza del gigante Gerión, es decir, el décimo de sus famosos “Trabajos”. Curiosamente, Gerión era de Eriteia, que para el que no lo sepa, es el actual San Fernando, por lo que queda más que demostrado desde antes del Mundo Griego y Romano, que el sur de la Península Ibérica fue uno de los primeros asentamientos culturales de toda Europa y por qué no, del Mundo. La leyenda mitológica de este décimo trabajo explica la existencia de las columnas de Hércules que señalan a España y la Península Ibérica como principio o fin del Mundo, así como hermanan a dos pueblos: Cádiz y la región gallega, porque en efecto, el “Finis Terrae o el Non Plus Ultra”, son sinónimos en esto.

En 1858 Isabel II y sus hijos, entre ellos el futuro Alfonso XII, visitaban La Coruña. Para embellecer el interior de la Torre, aprovechando la visita real, se revistieron sus paredes de papel estampado, se hicieron falsos techos y se decoró el interior para que la Reina lo viera a la manera de una estancia palatina mientras subía sus 234 peldaños, aunque cuesta creer que la glotona y perezosa Isabel II fuera capaz de tamaño esfuerzo físico. Pero lo más curioso es que esta “reforma de interior” se mantuviera décadas después hasta casi finales del siglo XIX cuando fue  todo retirado para recuperar el aspecto definitivo.

A resultas de todo esto, conviene llamar la atención en el término artístico “falso histórico”. Por desgracia, muchos monumentos destacados y destacables, casi rotundos, no son más que la desafortunada intervención de generaciones posteriores que “reproducen” formas, técnicas y maneras como si fueran las originales, llevando a equívocos y engaños. Muchos turistas y visitantes se quedarían sorprendidos al saber que en verdad, la gran parte de las “incontestables” obras de arte de la Historia del Hombre no son más que manipulaciones excelentes de las instituciones y administraciones del turismo y de los guías turísticos, que saben vender los duros a seis pesetas. 

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