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martes, 16 de octubre de 2012

Juan Carlos I de Borbón


Hace años el inconmensurable Carlos Medina me dio un consejo que tengo en tan alta estima, al punto de desmentir el famoso aserto de Federico García Lorca: “si los consejos valieran para algo, no se darían, se venderían”. Lo cierto es que el raciocinio del bueno de mi hermano Carlos venía a decir que <<nunca hagas promesas cuando estés enamorado y tampoco escribas nada cuando estés enfadado>>. Y en efecto he dejado desde el pasado viernes, que el tiempo atempere mi criterio para ahora escribir esto que leen, incluso posponiendo temas que eran quizás de una suculencia más acorde a esta Alacena.

Pudimos ver sus gestos; los ademanes faciales, el interés por hablar con Rajoy, casi a solas, en medio del tumulto propio de cuantos invitados y representantes de la Patria provocaban al abandonar las gradas de las proximidades de la Plaza de Cánovas del Castillo. Hablo de Su Majestad el Rey y de lo que al parecer dijo tras la finalización del Desfile de nuestras Fuerzas Armadas. Todo apunta (aunque el uso del laxante, del paño caliente, “presuntamente” se impone) a que el Rey y Jefe del Estado le dijo al Presidente del Gobierno que “no le placía las palabras del Ministro Wert en referencia a la españolización de los alumnos catalanes”. Por el momento, porque Rajoy aquí ha sido un señor como su cargo debe y como su moral le asegura, ha tapado el incidente negando que hubiera regañera, riña, recomendación, llamada cariñosa al orden o como quieran ustedes decirlo.

Ya saben que soy un monárquico convencido y que baso en cosas empíricas, demostrables e innegables, como las asignaturas de Derecho Constitucional, el derecho político, la inspiración legislativa de otros países y al fin, la propia historia, mi defensa de un modelo de monarquía parlamentaria. Como hombre de historia (académica, profesional y pasionalmente hablando) insisto en la “casi” obligatoriedad de que nuestra española Nación sea un Reino. Y si algo quedara por explicar, llevado por una posesión romántica (en tanto ésta se refiere a lo sublime del término) de mi espíritu, encuentro en la Monarquía el momento más catártico de España. ¡No es necesario explicar más!

Nuestro Rey ha nadado en aguas tranquilas que a veces, le ha dado al propio monarca por revolver e intranquilizar. Esa cansina e innecesaria actitud de distanciamiento hacia la ciudadanía que verdaderamente es monárquica y que si no lo es, puede ser la única garante de la continuidad de nuestra Corona (la derecha, en todo su espectro) para aplaudir y bendecir a una ciudadanía que “tolera” a don Juan Carlos pero es abiertamente republicana (la izquierda, en todos sus espectros igualmente) siembra desconcierto. Seguimos sin entender cómo sintió tan hondo pesar nuestra Casa Real ante la muerte de Carrillo y sin embargo, fue un dolor atemperado y llevadero el que le produjo la muerte de Fraga. Entre uno y otro, la Casa Real está claro con quién sobreviviría y con quién no. Esa sensación nos produce a muchos españoles que vemos exaltadas manifestaciones a una izquierda que lleva en su ADN el republicanismo, mientras que la derecha le produce al Rey una mal disimulada urticaria. Sobreentiendo que se trata de una maniobra “cara a la galería”, un intento de acercamiento con frutos excesivamente temporales, porque si bien conquista a la progresía, es una victoria momentánea. Haciendo un símil futbolístico, se trata de un partido de ida y vuelta. El empate en casa no es malo, pero la vuelta es en campo contrario y los goles a favor del otro equipo, llegado el caso, puntúan el doble. ¡Y esto viene protagonizando el Rey!

Su malestar acerca de las palabras de Wert (parece que los únicos que no pueden decir lo que piensan son los políticos de derechas) existe. Las palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, confunden. Si el heredero considera que en Cataluña no hay problema, alguien debería dejarle unos cuantos números atrasados de algún diario nacional. Tal vez sea el único empleado de España que no sepa que en Cataluña, sí hay un problema, pero tienen solución.

Vuelvo a decir que soy monárquico y por el contrario que el resto de españoles, que la inmensa mayoría, no sólo soy “juancarlista”. A muchos convencidos en la idoneidad de la existencia de una Corona en España, nos asusta que tras don Juan Carlos, este país acelere su republicanismo hasta que la regia maleta se tenga que componer de nuevo camino de Francia. Y la tibieza, la cobardía, la demagogia bien dicha de nuestra Casa Real y en especial de Su Majestad acerca de Cataluña, de los movimientos independentistas que atentan la Constitución y al resto de la españolidad formal, granjean problemas para la dinastía. No se puede tolerar que el principal garante de España no diga con rotundidad y sin enrevesadas frases que España es una y no se rompe. Pero por mucho que le pese a algunos (que les pesa), ahí está el vituperado Partido Popular (al que ni pertenezco ni perteneceré, téngase en cuenta) diciendo claramente que se dejará la dermis y el tuétano en defender una España unida. Lo que no es capaz de hacer el que más interesado debe estar en ello, lo hace el Presidente del Gobierno. ¡Bien, señor Rajoy! Esto le demandamos.

Miren, el uso partidista y equivocado de la historia me repugna. Lo hace porque como hijo de la disciplina histórica, me duele que cualquiera pueda servirse de los documentos para verter infamias y mentiras. Por eso, me aflige tener que decir que nuestra actual dinastía regia ha dejado muestras más que suficientes de una cobardía supina. Nunca antes los españoles (ni otro pueblo del Mundo), ha perdonado tantas veces a una familia como a esta. Les perdonamos la alta traición (los militares, y los reyes lo son y éste más como Jefe de las Fuerzas Armadas, son fusilados por el delito de alta traición) de Carlos IV, la vergonzosa actitud del que es el peor rey de la historia de Europa, Fernando VII; les absolvimos por la huida (y conspiraciones posteriores incluidas) de Isabel II y les indultamos y eximimos del abandono alevoso y zaíno de Alfonso XIII el desertor.

Me costaría pensar que la genética patria existe, y que los Borbones llevan la cantidad de sangre francesa justa como para no olvidar que durante casi dos siglos, estuvieron al orden y mando de España. Y me pesa decir que nuestro Rey no es español, sino nacido en suelo romano. No puedo poner en duda el patriotismo de don Juan Carlos o de don Felipe, menos en base a estas apreciaciones (que de todas formas dejo, para interés general), pero sí en cuanto a esa indiferencia doliente y lesiva que están teniendo a la hora de reclamar la españolidad de Cataluña, que JAMÁS, lean bien, JAMÁS, quiere decir que niegue la identidad catalana y quiera abolirla del colectivo ciudadano de aquella región. Se trata tan sólo de que la catalanidad no suprima a la españolidad, sino que en el marco de una convivencia realmente democrática, unos y otros puedan convivir, escoger y decidir libremente qué quieren ser y sentirse, sin imposiciones y sin penalizaciones. Y me refiero a las políticas lingüísticas, a la persecución mediante impuestos del comercio y el producto español y de cuanto es cierto y comprobado que hace la Generalidad de Cataluña en una actitud más propia del franquismo que de una democracia.

A eso se refería Wert, Majestad. A eso. Porque si nos quedamos con la frase, inconexa, desvinculada, parece que vamos a reprogramar cerebralmente hablando mediante la quirúrgica nazi a los catalanes. Y no, se trata de frenar el catalanismo impuesto para otorgar algo bello y magnífico: libertad y el cese de las hostilidades. Pero si el que más español ha de ser y más defensor de lo español se ofende por la apreciación de un ministro mucho más patriota y consciente que el mismísimo monarca, entonces no está de más que tiremos de historia, y recordemos que con los Borbón, España pasó a perder todo, a dejar de ser una de las dos grandes potencias del Mundo a convertirse en el país que es hoy día. Hemos de recordar cómo nació el problema de Gibraltar, cómo tuvimos la primera guerra civil de nuestra historia por culpa de esas flores de lis que enfrentaron a isabelinos y carlistas durante tres cuartos de siglo. Hemos de contar cómo por un palacio y una renta, los Borbones vendieron el trono de España a Napoleón. Hemos de dejar claro que siendo ya Jefe de Estado nuestro Rey, dejamos a su suerte a los saharauis. Y hemos de precisar que “el rey de todos los españoles” sigue teniendo oscuras su patrimonio personal mientras su familia política es presuntamente culpable de ROBO.

A los monárquicos, la afección a una dinastía, nos importa poco. Cuando murió nuestro último Austria (ESOS SÍ QUE FUERON REYES) quisimos que nuestro trono fuera ocupado por alguien capaz de amar a la Patria tanto como sus súbditos. ¡O más! Cuando a Isabel II hubo que echarla (porque no quedó más remedio), vimos que el trono había de ser de nuevo ocupado, para que llegara el bien intencionado y mal tratado Amadeo de Saboya. Y mañana mismo, aunque sea mediante experimentos genéticos, si hace falta extraer el ADN de la Reina Isabel la Católica y de Carlos III (el único monarca de los Borbón que aprueba; pero encima de forma extraordinaria), se hace y nos quedamos tan contentos.

El Rey de España no es nadie. Es un ciudadano más. Ya está. Y si es alguien no le viene dado por el apellido (¿siguen siendo Borbón o desde Alfonso XII nos gobierna la dinastía Moltó?) sino por ser heredero de la Gloria y la Dignidad, de los valores incuestionables de España y su Corona. Es decir, y resumo: en la foto de arriba se refleja el sentimiento monárquico, no en la Casa de Borbón ni en sus francesas flores de lis. No en esa historia putañera y cobarde que ha empañado la Glorificación de nuestra Católica e Incuestionable Corona.

Este súbdito, este vasallo, quiere dejarles dicho algo a Su Majestad y a Su Alteza Real el heredero; quiere decirles que esos empeños de acercamiento izquierdista, de tibieza en la defensa de la Unidad de España y de tantos otros fallos que están empañando el que venía a ser uno de los reinados idílicos de nuestra dilatada historia regia, les deja en mal lugar. Los monárquicos seguiremos vitoreando al Rey de España, pero no a la Casa de Borbón, en tanto la legitimidad histórica y moral para ocupar el mismo trono que los Reyes Católicos, que el Emperador Carlos, que Felipe II, que el Rey Planeta y IV de los Felipe y que, si me apuran, hasta el bueno de Amadeo de Saboya, es muy reducida cuando no inexistente. Mañana mismo los Saboya, Braganza (más españoles que los Borbón, qué duda cabe) o los  Hohenzollern, pueden ser perfectos sucesores de Su Católica Majestad (NO SE OLVIDE LO DE CATÓLICA EN LA VIDA) don Juan Carlos de Borbón y de Borbón.

Nos duele España y nuestra corona, pero si nos han de poner en un aprieto, nos duele en este mismo orden... ESPAÑA, Y LA CORONA. Y si lo que nos resta de ahora en adelante es la actitud del pasado viernes, 12 de octubre, conmemoración de un hecho que cuando sucedió, los Borbón no eran ni pretendientes al trono francés, pueden por mi parte desempolvar la maleta de Isabel II, de Alfonso XIII y marcharse a su bien amada Francia (todos se iban allí, algo de verdad será en eso de que tira la genética patria) que si el pueblo español sensato lo consiente, aquí seguiremos con una historia de 16 siglos de reyes. Oigan bien: 1.600 años de reyes hispanos, pero sin titubeos, tropezones y CUERNOS, como al parecer nos espera con la triple flor de lis que nos ha dejado a los monárquicos, a los pies de los caballos.

Y por eso, después de cinco años, la foto oficial de Su Majestad el Rey de España, don Juan Carlos de Borbón y de Borbón, abandona esta Alacena y será sustituida por los símbolos de la gloria de España y de su Corona, sin que vuelva por desgracia al blog de este servidor, nada alusivo a la Casa de Borbón sino a la realeza verdadera y auténtica, la que defiende a España y no vive de España.

¡VIVA LA MONARQUÍA ESPAÑOLA! ¡VIVA EL REY DE ESPAÑA! ¡AL DESTIERRO CON LOS TRAIDORES! Y vivan los santos cojones de DON JOSÉ IGNACIO WERT ORTEGA. 

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Juan Carlos I El Abortero tiene de Católica Majesta lo que yo de Testigo de Jehová.
Dicho ésto, la descomposición de los Borbones viene como crisis previas en el país. Otro síntoma de qu están mal las cosas.

Aunque los pusieras a caer de un burro, por lo que leo, el pretendiente carlista además de católico tiene unas ideas más claras de la unidad en la diversidad de España.

Necesitamos, y la historia lo demuestra, un Jefe de Estado "fuerte" para evitar el cainismo y la descomposición..y ahora mismo no lo hay en España y Juan Carlos, no ha sabido seguir el ejemplo de su padre.

Quizás la bonanza ha permitido seguir una inercia...ahora se trata de algo más que salir en la foto y dedicarse a sus ocupaciones, como buen Borbón.

Como la cosa siga mal, y con el Principe y la presentadora divorciada y recasada por Rouco no mejorará, ya veremos como termina ésto.

Santi.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

El problema, Santi, es que la lucha e ideal de su familia hermana y pretendiente carlista era todavía menos congruente y más imposible de sostener, luego insisto, un monárquico como yo tiene los ojos en los tronos de Luxemburgo, Liechstentein, alguno de los antiguos principados electores y especialmente los bávaros, (Sajonia, Ghota, Hohenzollern o Wutemberg) y en las muy casi españolas casas de Braganza y de Saboya.

Y que de Francia llegue lo justo, como debimos pensar aquel funesto 1701

Anónimo dijo...

perdona mi incultura histórica. de las casas de braganza y saboya a quien tendriamos? lo digo por mirarlo por internet y ber el "perfil"...

santi

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Da igual, simplemente sangre regia de otras dinastías con mucha relación con España. La de Braganza casada y emparentada hasta en ocho ocasiones con España y la italiana, originada desde una serie de Estados algunos de los cuales, fueron España, sin olvidar el paso de Amadeo de Saboya por el trono español.

Otra cosa, me estoy temiendo que o bien el comentario que te dejé en la entrada de tu blog, "Tiempo de Glorias", no se ha publicado por error mío, o porque te ha gustado menos que una saya de pana a un vestidor... Heme intranquilo.

J. Carlos Medina dijo...

Querido hermano:
Se agradece la mención hacia mi persona que viniendo de ti no es precisamente adulación y por tanto todo un honor para mí.
Y en cuanto a Su Majestad, malos tiempos para la lírica que decía la canción. No obstante y curiosamente todas las trastadas de nuestro monarca me sirven para ser un poco menos juancarlista y bastante más monárquico.
Creo que el principal problema que tiene nuestra casa real es que quiere quedar bien con todo el mundo y D. Juan Carlos debería saber que en este país "o estás conmigo o estas contra mí". Le tiembla el pulso a la hora de posicionarse y eso le da descredito. Añadámosle como bien dices que sus llantos por asesinos comunistas en nada contrastan con el desdén disimulado ante la muerte de D. Manuel Fraga.
En fin, no hay mal que cien años dure.
¡Viva España y viva el Rey!

Anónimo dijo...

Estimado David:
Has tocado varios temas que son muy interesantes y sobre los que he leído todo y más, lo cual no quiere decir que entienda.
Yo no me considero monárquico, porque no entiendo que por nacimiento se pueda heredar una jefatura de estado. Pero en este caso, creo que el beneficio que ha reportado es infinitamente superior al coste. La historia de la caza de elefantes es el ejemplo, pues consigue la concesión del AVE a la Meca, y así muchas. En este caso me resulta preocupante que la crítica fue por el animal y en cambio lo de la supuesta amante se pasara por alto. Es la prueba de la decadencia moral en la que vivimos.
Pienso que el Principe está preparado y capacitado, sobre todo para las relaciones internacionales y para mí eso me basta.
No creo que le Familia Real tenga que dar muestras de españolismo y me resulta extraño que hablasen del ministro cuando el día anterior se reunieron durante horas los tres.
Por cierto, Santi; la Princesa d Asturias no estaba casada por la Iglesia, así que es divorciada a efectos civiles y eso no impide el Matrimonio. Otra cosa es que nos creamos su conversión, pero habrá que aplicar el "no juzguéis y no seréis juzgados".
Po último y perdona la epístola, creo que uno de nuestros grandes errores fue la Guerra de la Independencia. Yo soy afrancesado y haciendo un ejercicio de fe me atrevo a decir que nos hubiese ido mejor bajo el manto de La Marsellesa y la tricolor. Como país es el más grande en cuestiones fundamentales, roza la perfección.

Un saludo,

Emilio Linares

Santi dijo...

Conversión de la princesa?
Claro... vamos, igualico, igualico que san Pablo. Lo de que fuera justo en el noviago con el heredero de la catoliquísima Casa de Borbón fue solo circunstacial.

Y además da fe una charla profunda de un par de horas con el card. Rouco.

Sobre el fuero interior es complicado discernir pero al menos me concedo el beneficio de la duda...dejándola, como diría Rahner, encristiana anònima.

De lo demás, totalmente de acuerdo. En política internacional y externalización empresarial juegan un papel decisivo y pones un ejemplo clarísimo. Pero ese rol lo pueden desempeñar igual otros del gremio real... y con apego a la Nación que los sostiene.