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lunes, 22 de octubre de 2012

Diego de Siloe


Fue el más español de todos los arquitectos renacentistas, capaz de traducir las enseñanzas italianas hasta la fantasía de adelantarse a la decoración que determinaría el renacimiento patrio, el plateresco. Vivió 35 de sus 68 años en Granada y para Granada firmó los más intelectuales y soberbios proyectos del renacimiento peninsular, como la Catedral de Granada, que a juicio de los mejores historiadores del arte caso de Camón Aznar, “es el más importante de los monumentos renacentistas españoles, no habiendo en toda la arquitectura occidental nada tan armonioso, de una belleza tan agotada y cumplida como la cabecera de esta Catedral que es el resumen de la plenitud estética”. Recordemos, que no por repetirlo está de más, que ya nada menos que el grandioso Velázquez dijo de ella al verla que era “la octava maravilla del Mundo”.

Siloe es el primer artista español que se considera artista, imitando a sus colegas italianos que desde el siglo XV demandaron un estatus social y un reconocimiento intelectual distinto que el de las profesiones manuales con las que se emparejaba al pintor o al escultor. Su firma en la Puerta del Perdón de la Catedral de Granada deja constancia de ello.

La Torre de Santa María del Campo (Burgos)

Decía el historiador Pijoan que Siloe hizo la torre más bella de toda Castilla para la Iglesia del pueblo burgalés de Santa María del Campo; llegó a Granada en 1528 para firmar la genialidad del Monasterio Jerónimo, la idea espacial y homogénea de la Catedral, que hay que recordar, ha servido de inspiración a tres catedrales hispanoamericanas además de las españolas de Jaén, Almería, Málaga, Guadix, Murcia y Cádiz, en cuanto a planta y soluciones estructurales. Pero gracias a Diego, el Renacimiento en Granada se convierte en la expresión más altiva y generosa que había (y debía) conocer España.

La desaparecida Casa de los Miradores (1556)

Suyas son (en traza, alzado o participación directa) las Iglesias de San Matías, el Salvador, San Ildefonso y San Miguel el Bajo, todas en Granada, como también en la ciudad deja la Casa-Mirador de los Oidores o la Fuente-Pilar del Toro. No olviden San Jerónimo, la Catedral y su propia vivienda que ahora veremos. En la provincia firma las Iglesias de Montefrío, Iznalloz, Baza, Puebla de don Fadrique, Íllora, Santiago de Guadix, San Gabriel de Loja y la Catedral de Guadix. Fuera de nuestras fronteras provinciales, su labor en las Catedrales de Burgos y Plasencia, en la Iglesia del Salvador de Úbeda, en la prioral de Baeza y no podemos olvidar que bajo su influjo, trabajaron arquitectos de primer nivel caso de Andrés de Vandelvira. Hoy, no tratamos su labor como escultor, donde fija los preceptos de la “terribilitá” que auspició Miguel Ángel y cuyo patrón lega a la escultura religiosa. Hablamos, de uno de los mejores artistas del Renacimiento español y el mejor arquitecto de este estilo que conoció nuestro país.

El arco de acceso a la vivienda de Siloe.

Diego de SIloé compró en 1547 una casa en la colación de Santiago, en el número 5 de la hoy absorbida por la Gran Vía, Calle “angosta de la Botica”. Era un edificio palatino de época nazarí que el más grande de los renacentistas hispanos transformó. El arco de entrada de la foto de arriba da nociones de su plasmación estética... La inscripción “Aperi mihi Domine portas iusticie”, (Señor, ábreme la puerta de la justicia) saludaba al visitante, siendo el lugar donde un 22 de octubre de hace 1563 años, moría el más preclaro autor del Humanismo Artístico español, que se desangró creativamente en Granada.

Don Manuel Gómez Moreno (el de la izquierda) visita la Casa de Siloe. 

La Casa fue una de tantas pérdidas irrecuperables causadas por el “futuro” que abrazaron los granadinos de finales del siglo XIX, la Gran Vía, que como doctos incontestables (caso del gran restaurador y arquitecto Leopoldo Torres Balbás), la llamaron avenida fría para el invierno, calurosa para el verano, impersonal y adocenada. En 1899 se perdía para siempre, conservándose de la masacre a la memoria y a la historia, su balaustrada mudéjar.

La antigua calle es hoy el Pasaje Diego de Siloe, donde el Ayuntamiento colocó sobre un pilar de sabor medido y granadinísimo, una placa que recordara al maestro de la Catedral, genio de la España del siglo XVI.

Un 23 de octubre era sepultado en la Iglesia de Santiago. Allí, reposa desde hace justo hoy, 449 años, el escultor y arquitecto que situó a Granada en el más elevado lugar del arte moderno. Prueba de ello, este diseño que nunca se llevó a cabo. Y esta ciudad sigue en deuda con él, como con otros tantos, faltos de una escultura monumental que recuerda a cuantos han hecho grande a Granada. 

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