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jueves, 20 de septiembre de 2012

Santiago Carrillo


Definitivamente España murió el día que los Últimos de Filipinas se dejaron el poco de honor que le quedaba a un pueblo como el nuestro entre los muros de una desvencijada Iglesia asiática. Ayer vi con estupor cómo cientos de comentarios en las redes sociales se atrevían a disculpar en pro del olvido y de la estupidez de nuestra Guerra Civil aquello por lo que en su día tuvo que ser juzgado el que ya ha muerto. Apelando al espíritu de la transición y enarbolando la bandera de no sé qué códigos éticos (la gracia está que también códigos religiosos, tratándose de un contumaz enemigo de la fe) me sugirieron a mí y a tantos otros que si Carrillo fue un asesino, Franco también.

De primeras a uno le dan ganas de arrancarle de la cara esa venda a la diosa Justicia. Nos hemos pasado los últimos 8 años viendo cómo después de una modélica transición ajena al rencor los asesinos de derechas debían ser señalados y restañada la memoria de las víctimas de izquierdas, y por arte de magia cuando después de ocho años de haberse quebrantado ese “código” de olvido, de perdón y de sensatez, algunos decimos alto y claro que un asesino se va sin castigo, tras imputársele la responsabilidad en el asesinato de más de 4.000 personas, nos recomiendan que tengamos en cuenta que Franco también lo fue.

Vieja práctica ésta de los españoles: “y tú más”. La suerte para los que tenemos todavía un poco de sentido común (y nunca fuimos franquistas ni por edad ni por convicción) es que dijimos siempre quiénes habían atentado contra la vida de alguien  sin importarnos su bandera. Luego no nos achaquen nada. Si Franco fue un asesino, éste que acaba de morir no menos. Y se nos ha escapado la posibilidad de poner fin a toda herida que haya que curar haciendo un juicio moral y ético a los responsables del derramamiento de cualquier gota de sangre.

Recuerdo los aplausos de la sociedad enferma española cuando Baltasar Garzón se empeñó en que Pinochet pagara por sus crímenes. Yo fui de los que dije que como al dictador chileno se le podía imputar asesinatos, nadie permitiera que se escapase de rositas. Lo que me molestó es que a Baltasar Garzón le cundiera la necesidad de legislar y juzgar sobre un personaje a miles de kilómetros de España, cuando en su misma ciudad (tal vez su mismo barrio, lo desconozco), vivía otro que debía rendir cuentas por lo que hizo.

Utilizar distintas varas de medir señala y retrata a algunos. Jamás idolatré la figura de ningún dictador porque sólo he conocido el sistema democrático y porque el régimen dictatorial español impidió que la Jefatura del Estado recayera sobre mi idolatrado don Juan de Borbón, el último español de la vida público-política nacional que dijo una frase digna de llevar a los anales de la historia, cuando traspasó los poderes dinásticos a nuestro actual monarca. Que a un monárquico le intente hacer comulgar con el dictador Franco es cuando menos irrisorio, si acaso de una memez intelectual digna de estudio científico. Que además a un católico le pidan que no condene cualquier crimen, peor. Así las cosas, la cantidad de españoles que se alegraron hace meses por la muerte de Fraga y que ahora exculpan a Carrillo, dan, simplemente, miedo. Porque a Fraga le podían decir e imputar cuanto quisieran, pero jamás se fue a la cama con la mala conciencia de ser responsable de la muerte de nadie. Sin embargo, el oscuro personaje que nos ocupa, tenía sangre de inocentes recorriendo las mil capas de la moralidad (que en su caso discuto) con la que la cultura de Occidente nos ha vestido.

Cuando hemos asistido a un duelo público, a un continuo lamento de tantos y tantos y a panegíricos donde lo equiparan a un “padre de la Patria” y artífice de la transición, a este pueblo español no le queda ya ni un vago ramalazo de lo que un día fue y que jamás será ya. Y no hablo de poder militar, hazañas bélicas ni dominio del Mundo. No hablo de Siglos de Oro de cultura y artes ni de invenciones y aportaciones a la Humanidad. Hablo de la dignidad y el honor que fueron santo y seña de nuestra más reverenciada forma de decirnos españoles. Porque de aquel espíritu de la transición no quedó nada el día que se desempolvó el odio y el rencor de muchos con dinero de todos los contribuyentes en la llamada “memoria histórica”, adornado todo por la ANTI CONSTITUCIONAL bandera republicana y con un mismísimo presidente del gobierno (nótese la minúscula) hablando mentiras sobre abuelos desertores y traidores dentro del código militar.

Desde ese día, no sé qué más podemos pedir. Yo lo tengo claro, lo que pensé y sostengo: depuración de todo lo que haya que depurar y por supuesto, dignidad para los muertos, fueren los que fueren. Pero castigo a los asesinos. Y el más grande que quedaba vivo, quizás el asesino más tremendo, más horrible, más gigantesco, más odiable que hasta este lunes ha existido en España, se ha ido sin escuchar el juicio de la diosa Justicia, porque en ese empeño iconográfico de vendarle los ojos la han dejado lela de por vida. Al menos por el confín de Europa que llamamos España.

Luego, a cuantos confiáis en “no juzguéis y no seréis juzgados”, no cabe más que contestaros con otra palabra de Cristo: “quien a hierro mata, a hierro muere”. Y las cosas del César, en este caso, se las hemos dejado a Dios. Tal vez porque aquí en la tierra, las cosas de Dios las lleváis vosotros revestidos de una piedad cristiana falsa, hipócrita, cara a la galería, pero muy oportunista, he de reconocerlo. Pero como todavía quedamos unos pocos que pensamos lo que decimos y decimos lo que pensamos, yo no quiero más que ser rotundo: ha muerto un asesino, el peor de los que vivían en España, y millones de falsos y de incapaces éticos y morales, han mirado durante decenas de años para otro lado, no sé bien por qué, mientras perseguíamos otros asesinos de otros países y mientras seguíamos condenando a los de siempre, quizás para tapar los fallos propios.

Desde este lunes 18, España está más limpia. Y lo siento, condénenme la caterva de piadosos católicos que pululan por el Mundo, si es menester: yo si me alegro de que haya muerto un asesino. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me indigna más la retahila de citas bíblicas para justificar la paz, el olvido y el perdón dejando de lado versículos que están un poco más adelante o detrás. contagio de un paupérrimo protestantismo...o, me atrevo, un déficit (prima de riesgo inclusive) formativo.

sobre el personaje poco más que aportar. pero la loa llega hasta el propip rey! se ve que, efectivamente, la muerte desmemoria.
me gustaba más el padre del rey que el rey.y más que éste,al menos en lo que a posicionamiento ideológico y cierta coherencia de vida, el pretendiente carlista. al menos no tiene esas medias tintas, esa moral relativista de todo por seguir aquí.
creo que españa es juancarlista..asi que veremos que pasa cuando cierre el ojo...

como resumen a su vida, no en lo económico: fracaso. baste ver la pobre españa de hoy y los ex restos del pacto de varsovia. y la represión estalinista si hablamos de memoria...con lo que podía haber significado una victoria frentepopulista.

el inútil de zp abrió la caja de pandora...buscando el emfremtiento y la tensión para obtener rédito electoral.ahora hace falta tiempo y cordura para que se.vuelva a cerrar.

santi.

Salva dijo...

Pues he de decir, con vuestro permiso, sin ánimo de arrojar leña al fuego, que el padre de mi abuelo, a la sazón alcalde republicano de la vieja Acci, era gran amigo de un señor llamado Wenceslao Carrillo, padre del susodicho y mantuvieron correspondencia algunos años, sobre todo durante la Guerra. Pues bien, en una de esas cartas, se lee algo así como "mi hijo (Santisgo) a pesar de su corta edad, ama la violencia y las armas, esa es la razón por la que ha decidido integrarse en las juventudes comunistas, abandonando las socialistas".
Ya prometía desde muy temprano, por eso lo de Paracuellos me lo creo. Y mi abuelo, que en paz descanse, más datos sabía sobre este señor al que todo han sido loas y parabienes desde que estiró la pata.
Los elegios brillaron por su ausencia cuando murió Fraga, por establecer un paralelismo, y ahí sí que la izquierda creyó legítimo y adecuado tirar mierda sobre su figura.
Venga hombre!!