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martes, 18 de septiembre de 2012

La Lonja de Mercaderes de Granada


Cumple en un día como hoy 494 años del inicio de su construcción y cuando fue terminada hace 490 años, en 1522, pasó a convertirse en uno de los edificios góticos más estilísticos y mejor definidos de su estilo en todo el sur de España, bajo acuerdo y pago de la ciudad y en concreto durante el mandato como regidor de Antonio de la Cueva.

El edificio fue proyectado como una casa de contratación donde pudieran llevarse a cabo las reuniones y los tratos de los mercaderes de la ciudad, y muy especialmente con destino al comercio más granado y con materiales más ricos, caso de la seda, que a juicio de los embajadores europeos, era entonces la mejor que había en todo el mundo. Así, el negocio de la seda granadina seguía comercializándose en el mismo espacio urbano, pues en tiempos musulmanes sería en la Alcaicería y en los primeros del cristianismo bajo los artesonados de este ejemplar edificio.

La Lonja contaba con el lugar del trabajo del funcionario público dedicado a comprobar la exactitud de las pesas de los comerciantes, el “fiel contraste”, y contaba con un banco de recaudación de la seda. Pero lo interesante es la elección del lugar: La ciudad se empeñó en este espacio a sabiendas que constituía un núcleo fundamental de poder dentro de la urbanización de la nueva ciudad, la moderna y cristiana. Pero los terrenos eran los de la Capilla Real como así había previsto la Reina Católica, de manera que la Chancillería llegó a un acuerdo con ambas partes, puesto que los canónigos reales se negaban a que los mercaderes pudieran enturbiar el oficio religioso y el barullo de su actividad pudiera oírse en el interior del “Panteón real”. Así, los magistrados acordaron que la ciudad podría ejecutar su proyecto en este suelo, pero a costa de ceder un segundo piso para el uso y necesidad de la Capilla Real, quedando conformes ambas partes.

Primitivo escudo de la ciudad de Granada.

La Lonja es el último canto de cisne del gótico, posiblemente en el Mundo, habida cuenta que su fecha de ejecución (1518-1522) concuerda con el Renacimiento que paulatinamente está triunfando en medio continente. Flamígera o tardogótica, en su entrada se lee aún “don Antonio de la Cueva, señor de la dorada Granada, mandó hacer...” Y es que desde un primer instante el proyecto habría de responder a una idea clara y evidente: embellecer y ennoblecer la ciudad, esto es, una Granada que ya se tenía como DORADA.

Sus medidas son recoletas, pequeñas e íntimas: 16,25 metros de longitud por 8,20 de anchura. Sirve además para explicar todos los recursos artísticos que estaban entonces practicándose en España en ese momento, pues estamos ante una construcción gótica, decorada con la filigrana del plateresco (movimiento renacentista propio de España) y cuenta con el mudéjar de sus artesonados internos.

El resultado final habla por sí solo. El efecto óptico que produce no deja a nadie indiferente. Junto a la Capilla Real, el viejo colegio Fernandino, la primera universidad y Ayuntamiento y algo de la fábrica del que fue sede del Diario Patria y hoy Museo contemporáneo, conforma una de las calles más deliciosas e historicistas de toda España, quizás pervertida por una absurda concesión municipal que busca sacar dinero a toda costa, llenando la que debía de ser una de las calles más bonitas de la ciudad, para propios y visitantes, en un universo de comercios de tres al cuarto y de mesas y sillas para tapeo.

Sea como fuere, entre García de Pradas, Enrique de Egas y Pedro Morales, acabaron este singular conjunto con casi quinientos años de antigüedad y toda una lección de arte y de estilos entres sus muros, que lleva más de un siglo sirviendo como Museo de la Capilla Real y recepción de visitantes a la Iglesia donde descansan los cuatro primeros reyes de España. 

1 comentario:

Santi dijo...

se le echaba en falta y, como siempre, un placer empezar la mañana con una pincelada de cultura y cumpliendo con el dicho de no acostarse sin aprender algo nuevo.