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sábado, 1 de septiembre de 2012

El oro y el moro

Para expresar el precio desorbitado de alguna cosa o la actitud aprovechada de alguien que pretende quedarse o apropiarse con más de lo que le corresponde, se emplea este forma popular que tiene su origen en una leyenda extraída directamente de los romances fronterizos de reconquista, sin que puede atribuírsele nada de credibilidad a la historia.

Soldados cristianos de Jerez de la Frontera realizaron una incursión en tierras del Reino de Granada y sorprendieron a los dirigentes locales de Ronda, posiblemente un cadí y un lugarteniente regio (la historia confunde el  término con el de “alcaide”) y solicitaron el tradicional rescate, que practicaron, y esto sí fue muy habitual, cristianos y musulmanes. Los segundos, especialmente en el reinado nazarí de Granada, solían hacer sus tradicionales razzias o batidas (incursiones) militares en territorio enemigo, capturar infieles cristianos) y solicitar por su liberación el pago de una suma de dinero que satisfacía de primeras a los raptores. El Campo de Alhabul en Granada, una llanura entre la colina de la Alhambra y la de la Antequeruela, hoy Carmen de los Mártires, fue una de los lugares escogidos como prisión de los cristianos hasta tanto pagaran su rescate o se intercambiaran por prisioneros musulmanes en manos cristianas.

Sigue la leyenda diciendo que el máximo responsable de aquella ciudad de la Ronda nazarí, que había sido capturado por los jerezanos, quedó pronto en libertad al disponer su familia de los posibles económicos necesarios como para pagar la suma de dinero acordada. Se fijó para el rescate de cada uno de los cautivos musulmanes, el pago de cien doblas (la moneda castellana en tiempos de Juan II, padre de Isabel la Católica) que nadie pagaba.

Medió al parecer el Rey, que venía luchando desde hacía años (o siglos, si tenemos en cuenta a sus predecesores) contra el poder de la aristocracia que muchas veces retaba al pode real. El caso es que no satisfizo en nada al monarca castellano Juan II que la nobleza jerezana exigiera tan desorbitada cantidad y mandó sus tropas reales para que los cautivos musulmanes pasaran a tierras bajo su control hasta que los caballeros de Jerez cejaran en tan elevada pretensión económica, llevándose a todos los cautivos, el cadí de Ronda entre ellos, cuya familia ya había pagado el rescate.

Y por el litigio entre el rey y los nobles, pugna histórica desde épocas feudales, el pueblo, no sin malicia, acuñó la frase “quedarse con el oro y el moro”, que hoy día se emplea para censurar a toda persona que pretende retener más de lo que le corresponde por derecho.

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