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jueves, 27 de septiembre de 2012

Cuando Inglaterra aprendía de España.


La situación geográfica de las Islas Británicas ha sido determinante en muchas cuestiones políticas y bélicas, pero también en la homogeneización cultural que mediante aportaciones y enriquecimientos de unos pueblos hacia otros, vivió el Mundo Occidental desde el siglo X a nuestros días. El aislamiento de las islas ha repercutido en el mundo del arte de una forma clara: les costó mucho más relacionarse con los mercados de producción artística que estaban en boga, siendo la potencia europea que en cuestiones de arte más atrasada estuvo hasta el siglo XIX.

La Alta Edad Media tiene poco de reseñable, salvo el trabajo decorativo gaélico. La Baja Edad Media, se caracterizaría por la perfecta asimilación del gótico, el estilo nacido en Francia, recrecido en el Centro de Europa y perfeccionado por Italia, actual país cuyo conjunto de Estados entonces, inventaría el Renacimiento, el Barroco o la ópera, y que junto a España son las naciones del Mundo con mayor patrimonio histórico.

Inglaterra, a lo suyo. Era una nación arcaica, pretérita y medievalista, que durante el reinado de Isabel I se había enzarzado en perseguir a los católicos, aniquilando cualquier huella de Roma y especialmente a los seguidores de Cristo que practicaran la fe Apostólica que encabeza el sucesor de Pedro. En Escocia, que aún no formaba parte del “reino unido”, gobernaba la católica María. El Estado, bien entrado el siglo XVI, era una muestra de arquitecturas que hacía casi un siglo que no se llevaban a cabo en toda Europa. Mientras España estaba enterrando a las que desde 70 años antes eran sus “águilas” como Bartolomé Ordóñez, Diego de Siloe, Alonso de Berruguete o Pedro de Machuca, la blanca Albión llevaba décadas, casi un siglo de atraso.

En 1626 subía al trono Carlos I, ya unificados bajo el cetro de los Estuardo las coronas de Inglaterra y Escocia. Fue un niño subdesarrollado, el más bajo de los reyes ingleses, que no podía caminar o hablar a la edad de 3 años y que al ser coronado su padre Jacobo (I de Inglaterra y VI de Escocia), lo dejaron en Gales al cuidado de enfermeras y criados porque se temía que el viaje dañara su frágil salud. Antes de su coronación, en 1623, formó parte de la expedición diplomática que viajaría hasta España para buscar una alianza con nuestra nación mediante un eventual matrimonio con la hija menor del Rey Felipe III, la infanta María Ana.

El enlace nunca se celebró, debido a que la corona española exigió la conversión del príncipe de Gales al catolicismo. A su vuelta a Inglaterra en octubre, tanto Carlos como el duque de Buckingham exigieron al rey Jacobo que declarara la guerra contra España. Pero lo cierto es que este viaje del futuro  Carlos I a Madrid será determinante en su posterior interés por el arte, afición a la que destinó cuantiosas sumas y que en parte le acarreó su creciente impopularidad y que serviría para que al fin, con más de un siglo de retraso, la capacidad creativa europea llegara a las Islas Británicas.

De su actividad bélica contra España hay que destacar el ataque naval contra Cádiz en 1625, que fue un estrepitoso desastre con buenos resultados para España. Los ingleses nos declararon la Guerra en 1624 y no concluyó oficialmente hasta 1630, pero sólo se atrevieron a disputarnos esta batalla;  aunque lo cierto es que a la Defensa de Cádiz se le sumaron otras operaciones militares muy exitosas como la reconquista de Salvador de Bahía en la costa brasileña, la rendición de Breda en los Países Bajos, Génova o la recuperación de San Juan de Puerto Rico, victorias que contribuyeron a restituir la reputación de España en el mundo. Seguíamos siendo la Nación más poderosa del Mundo.

Carlos I en su viaje conoció a Rubens; es indiscutible que gracias a los españoles, nació el primer edificio barroco inglés y la relación artística entre la monarquía británica y el prestigioso pintor flamenco, al que después le sucedió Van Dyck. El rey Carlos I de Inglaterra quiso posar como el Conde-Duque de Olivares, al ver el famoso retrato y los frescos a la hispana, empezaron a llegar a la famosa “Casa de Banquetes” de Londres. España, vencía a Inglaterra en la guerra, Y EN EL ARTE. 


P.D. El genial pintor barroco y muy católico Pedro Pablo Rubens, que además fue embajador al servicio de la Corona de España, se dejó seducir por los encantos de la broma, al representar a Jacobo I, padre de Carlos I, como un rey a la usanza católica y con elementos que lo definieran como Santiago Apóstol, catolizando por tanto al monarca anglicano. Y para la posteridad, España enseñó a Inglaterra los gustos por el barroco (que tan tímidamente había propuesto el arquitecto británico Íñigo Jones) y además, disfrazó la "nueva religión cristiana" de los ingleses, de catolicismo. 

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