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martes, 28 de agosto de 2012

Pagar el pato

La persecución social, a veces también personal, del pueblo judío, es una realidad tristemente constatable en la historia de la Humanidad, quizás iniciada por el pueblo romano y avalada por las distintas esferas de poder de toda Europa a lo largo de los últimos 2.000 años. Sería muy difícil entrar en valoraciones al respecto de por qué los hijos de Israel han despertado tanto odio, irrefrenable, asesino e inhumano allá donde han estado, pero sólo hace falta un repaso histórico para habilitar el pensamiento que dice que los hebreos, con musulmanes, cristianos, comunistas, nazis o nacionalistas o paneuropeos, han sido el pueblo más masacrado, perseguido y asesinado de la historia. Y conste que no nos toca a nosotros hablar ahora de eso, ni por supuesto valorar que en estos tiempos, son ellos los perseguidores y asesinos para con el pueblo palestino. ¡¡¡SEAMOS SENSATOS!!!

La Ley de Moisés es la Tora (como acepta nuestro Diccionario, o Torah/Torá si lo prefieren). Y desde la expulsión del pueblo judío de España, como vimos hace unos días en esta Alacena, mediante el Decreto de la Alhambra que formularon los Reyes Católicos, ni se extinguió su poso cultural, ni desapareció por completo su presencia en nuestras tierras, ni el odio ancestral hacia sus modos sociales desaparecieron del colectivo español. Convencidos que por Tora entendían los judíos la adoración privada de un becerro de oro, el vocablo hebreo “pacto”, que deriva del rito del “Berit Milá”, el pacto de palabra que como recogen las Escrituras hicieron los israelíes con Yavhé y que para asegurarlo y confirmarlo no es otra cosa que la práctica de la cricuncisión, fue objeto de la demonización cristiana durante el siglo XVI y las centurias que lo siguieron.

Al oír hablar de pacto, la irascibilidad cristiana confundió, como con el término Tora, el rito milenario judío también con un animal: “con un pato”. En ese intento visceral por calumniar todo aquello que se separara de la verdadera religión y movidos por ese intento de justificar que el pueblo judío, “asesino de Cristo”, seguía desde entonces intentado desestabilizar la sociedad cristiana en la que “mal convivían con los cristianos”, nació la expresión “pagar el pato” haciendo alusión a la pública persecución de los hebreos que ocultamente seguían practicando su fe y que tomando parte de su cultura (el pacto del pueblo con Dios), habrían de pagar, por esa osadía, y qué mejor manera que añadiendo los términos que desconocían y que interpretaban a su albur, como en esta ocasión.

El pueblo judío fue conducido cientos de veces a lo largo de los siglos de la Época Moderna española a la hoguera. La Santa Inquisición veía en todo, “causas de judaísmo”. Quemaba a los ciudadanos sospechosos de judaizantes, de seguir a Moisés y a la tradición de Israel, y tenían que pagar el pato, o lo que es lo mismo, les iba a costar caro mantener su cultura y su fe, el “pacto” con su Dios... Y en efecto, hoy día, cuando uno ha cometido alguna tropelía, se ha equivocado o ha errado mal, paga el pato, aunque pocos saben que su origen histórico es en definitiva, la historia misma de un pueblo que nunca tuvo paz y que, tomando sus “formulismos” culturales y religiosos, pagaría caro, (“pagaría el pato”) el atrevimiento de seguir siendo lo que quería ser: ellos mismo.

Luego, desde el fin de la II Guerra Mundial, a lo mejor Freud sabría explicar por qué el pueblo perseguido se convirtió en perseguidor... Pero esa es otra historia. 

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