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domingo, 26 de agosto de 2012

Los mismos perros con distinto collar

De los abusos del monarca español Fernando VII poco vamos a contar que no puedan conocer ya los habituales; que en 1814 entró a España tras la definitiva victoria sobre los invasores franceses, al grito del “Deseado”, y que s ele respeta en El Escorial por simple gentileza católica, también. Sí, fue un mal rey, hijo de un rey corto de entendimientos y nieto, cosas inexplicables, de uno de los mejores gobernantes de toda Europa y de los mejores de la dilatada historia española.

Fernando VII empezó diciendo aquella frase de “marchemos todos juntos y yo el primero, por la senda constitucional”. Se refería al respeto que tendría a la Constitución, la primera moderna del Mundo, la primera española, que en 1812 parieron los prohombres en Cádiz. Pero como dice el castizo, poco dura la alegría en la casa del pobre, y eso le vino a pasar a España. El caso es que en 1820. hartos de un rey felón que no había sabido defender el trono y lo que significaba, y mucho menos a España y a los españoles, la revuelta de ese año (insisto, 1820) instaura el conocido periodo del Trienio Liberal, donde se hacen concesiones, se respeta la Constitución y quedan recortados los derechos ilógicos para la fecha, del Rey. 

Pero Fernando VII hizo llegar a España un ejército formado por austríacos y franceses, por prusianos y soldados de cuantos reyes como él, creían que el regreso al Antiguo Régimen era necesario y justo. De forma que en 1823 entran los Cien mil Hijos de San Luis, dirigidos por el Duque de Angulema. Entonces, los soldados antiguos, proclives a los cambios, fueron sustituidos por unos nuevos, realistas y afines al nuevo rumbo que cogería España hasta la muerte del Rey (la Década Ominosa, de 1823 a 1833). Esperaba Fernando VII en la Plaza de Armas del Palacio Real de Madrid a pasar revista a los nuevos soldados. A los del Antiguo Régimen pero que sustituían a los otros. Y de repente, Fernando VII se queda totalmente sorprendido al ver que las caras de aquellos nuevos soldados eran las mismas que los antiguos, que los liberales que acababa de licenciar. El monarca se volvió hacia el gentilhombre de guardia y le comentó socarronamente: “Pues hombre, son los mismos perros con otros collares”. Y poco hay qué explicar sobre su significado y sobre cómo seguimos empleando la frase que pronunció, dicho sea de paso, el peor Rey de la historia de España, que por una vez en su penosa vida llevó razón.

P.D. Escribió en 1976 el escritor español que más libros ha vendido y que poseía uno de los humores y capacidades más inigualables, don Fernando Vízcaino Casas, “De camisa vieja a chaqueta nueva”. Pues bien, léanla, o simplemente, reflexionen conmigo: hay algunos que con tal de mantener el poder y el cargo, les da igual acostarse de una manera y levantarse de otra. 

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