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jueves, 23 de agosto de 2012

Las paredes oyen

El 23 de agosto de 1572, vísperas de San Bartolomé, París ardió con una de las masacres más históricas que ha vivido el país vecino, que desde entonces se tilda como la Matanza de San Bartolomé, cuando los hugonotes, los calvinistas de Francia, fueron perseguidos y asesinados dentro del trascurso de la llamada “Guerra de Religiones” francesa. Pero dentro del odio entre protestantes y cristianos, lo que realmente movió a las persecuciones no fue otra cosa que la política, y toda ella originada entre los distintos partidos o facciones llamados a tener peso y poder dentro de la corte, de forma que cuando para conseguir fondos económicos para Francia, la Reina Madre Catalina de Médicis permitió que su hija se casara con un protestante, Enrique de Navarra, el futuro Enrique IV, nobleza y pueblo estallaron.

Estaba en contra el Papa, potencias aliadas, el Parlamento francés, la ciudad de París... para aquellos que hablan de historia a la ligera, bien les convendría saber que no se trató de la eliminación exclusiva de protestantes a manos católicas, sino de una guerra política que estaba buscando la conveniencia de todo un Reino. El gobernador de París sin  ir más lejos, justo después de aquel matrimonio que reprobaba todo el mundo, decide dejar su puesto e irse de la ciudad. Y así llegamos al 23 de agosto, cuando se produce un atentado hacia uno de los líderes protestantes, Gaspar de Coligny. Es ordenado por la familia Guisa, que estaba vengando la muerte del padre de la casa, Francisco de Guisa, asesinado por los Coligny.

Los Coligny eran enemigos de los intereses de España, porque los que tenía el reino español en los Países Bajos, recortaba los suyos; de modo que llevaba años preparando una revuelta contra España en la que entrara Francia, de modo que su país olvidara las disputas católico-protestantes y se lanzara a vengar las múltiples humillaciones que habían sufrido tras haber sido derrotados siempre por los Viejos Tercios Españoles. De modo que esta “matanza de San Bartolomé”, como vemos, escondía mucho más detrás. Pero es que además, el protestantismo en el poder francés, en definitiva, iba a abrir guerras europeas y nuevos conflictos.

De golpe y porrazo, a Catalina de Médicis le pareció que lo mejor para Francia y los franceses, y para la paz europea, era acabar con los cabecillas y líderes protestantes, de manera que en cuanto sonaron las campanas de la Parroquia de los Reyes, San Germán Auxerrois, al lado del Louvre, los hugonotes fueron progresivamente asesinados, hasta alcanzar los 5.000 en  todo el país. Para descubrirlos, en el caso de la Corte y los espacios reales, la reina empezó a sospechar de todos y se sirvió de un sistema de espionaje que consistía en practicar agujeros en las paredes y disimularlos mediante cornucopias, cuadros, molduras y tapices. Pero desde entonces, “las paredes oyeron”.

La historia termina de manera muy clara: el rey protestante y navarro, Enrique IV, ciego de codicia, decide que si su pueblo mayoritaria y casi totalmente es católico y quiere un rey católico, lo será... Y es así como nace la frase: “París bien vale una misa”. A España le quedaban unas pocas de décadas aún siendo la nación más imparable del Planeta, y Francia tragó con la fortaleza de nuestra Infantería y no pudo rascar nada en las IV Guerras de Religión. Y los protestantes franceses, demostraron que la causa religiosa es lo que menos importa... Ojo, no salvo de su culpabilidad a los católicos, pero los amantes de juzgar con premeditación y alevosía, a la ligera y de sopetón, relean la historia, porque la Matanza de San Bartolomé no fue como quizás crean ni por su origen ni  por su motivación.

Y al fin, 440 años después, cuando queremos hacer callar a alguien o prevenirlo de algo, seguimos recordando lo que pasó tal día como hoy y que desde la vecina Francia, se ha quedado ya formando parte de las expresiones de la cultura universal, porque, no me negarán, que las paredes oyen. 

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