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jueves, 16 de agosto de 2012

La Plaza de la Romanilla

Cualquier granadino con un mínimo de sensibilidad y algo de vista sabe sobradamente que uno de los espacios urbanos más céntricos y próximos al patrimonio más alabado de la ciudad, es el compendio de la estulticia histórica de la clase política local a lo largo de casi dos siglos, amén de los desafueros de la propia ciudadanía que ha hecho y deshecho con el lugar a su antojo. La Romanilla debe su nombre a la síntesis popular del establecimiento para “Abasto de Granada” que el Consistorio abrió hacia 1850 en este espacio. En tiempos en los que las transacciones comerciales pasaban por la “romana”, no es difícil averiguar el nombre castizo que le quedaría a la plaza.

Desde 1636 el lugar estaba ocupado por el Convento de las Religiosas Capuchinas. Antes, era una amalgama de casas propiedad del rico comerciante genovés afincado en Granada, Rolando de Levanto. Lo curioso es que el Convento nació caótico y aprovechando una serie de construcciones que en efecto, estaban en inmejorable lugar tan próximo a la Catedral, pero que presentaban una modestia y simplicidad constructiva aplastante. 

Luego estamos en la Plaza donde históricamente, y a pesar de ser vecina de la arquitectura más sublime de Granada, menor trascendencia tuvo el arte y la estética y poco cuidado se puso en la reordenación espacial.

La Iglesia, dedicada a la Presentación de la Virgen, era modesta hasta decir amén. Tenía sólo tres altares, contando el Mayor. Una de las portadas laterales daba a una calle estrecha, contrita y sin salida, escenario de prácticas poco edificante y salubres, lo que motivó que las religiosas la cegaran ya en el mismo siglo XVIII. La Comunidad habitaba una sucesión de modestas viviendas, irregulares y sin prestancia. Al fin, cuando entra en vigor la Desamortización del Ministro Mendizábal, las religiosas ocupan el gran Convento que fue de los Franciscanos Terciarios (San Antón) y abandonan éste otro, dando muestras del poco interés que podía suscitar incluso para la recolección y la clausura capuchina, y mucho menos para el arte.

Acuarela de Ricardo Gómez. 

En 1837 empieza su demolición que está concluida y expedita en 1838, cuando del derribo nace una Plaza que bautizan “de la Libertad”. Tardará en empedrarse, demostrando que su céntrica ubicación es en todo caso, poco interesante para cuidar su ornato y decoro. En 1842 ya tiene las escrituras del solar el Ayuntamiento, que lo destina a mercado de verduras, pero de nuevo la cicatería (o la escasez de medios, o la falta de interés histórica que ha perseguido a este enclave) nos hace testigos de la erección de casetas de madera, incómodas, imprácticas y mediocres que siguen subrayando el pobre aspecto de la plaza.

En 1881 se levanta un mercado de obra. Nada del otro mundo. Ya estaba entonces el de San Agustín y éste tendría los días contados, aunque no se derribó hasta 1973, quedando un solar enormemente irregular, caótico, tomado como espacio para que los coches aparcaran y que en 1984 se le intenta otorgar algo de estética bajo el nombre de Plaza de la Romanilla por la oficina que la alcaldía de abastos tuvo aquí desde mediados del siglo XIX como hemos dicho.

En 1986 empieza a barruntarse la idea de que el legado de Federico García Lorca llegue a Granada. O regrese, según se mire. No será hasta 2007 cuando las distintas administraciones se pongan a conseguir dicho fruto y nace el Centro Lorca. El edificio debía estar acabado en 2010, pero falta de dinero y de acuerdos entre los políticos locales, provinciales y autonómicos hacen el resto. La obra, excesivamente contemporánea, es seductora pero impropia para el lugar donde se levanta. A menos que alguien con un poco de sensatez, entienda que no perturba la vista catedralicia ni de los espacios históricos y recuerde, que en la plaza donde mayores despropósitos se han cometido nunca en esta ciudad, la menos cuidada, la menos agraciada, la menos trascendental, debía estar, porque es como una maldición que embarga al sitio.

La arquitectura es obra de alumnos de la Universidad Jesuita de Guadalajara, en México. Los mexicanos Mara Gabriela Partida Muñoz y Héctor Mendoza Ramírez, junto a  los eslovenos Marjan Bezan y Boris Bezan, ganaron el proyecto en el año 2005 y se comprometieron a terminar este edificio para 2007, que al final fue la fecha de inicio de las obras. Demorado el plazo de finalización a 2010, a estas alturas, recibe tratamientos concretos para que no se deteriore antes de que se inaugure convirtiéndose en un monumento a la incapacidad política. Del edifico hablaremos en la entrada de mañana, pero lo que me interesa es que sepan, que del proyecto original a la realidad, el equipo de arquitectos MX-SL (“Mexican and slovenian arquitects S.L.”) ha tenido que variar la idea original... Así se deduce de lo que vemos y del proyecto que ganó.

La Romanilla es hoy una plaza maldita para la estética, la ordenación espacial, el uso lógico y el buen funcionamiento de lo que allí se instala. Por desaparecer, desapareció hasta un Convento, el Abasto de la ciudad, un mercado, y no termina de nacer la Fundación-Centro Cultural Federico García Lorca. Yo creo que en este lugar vivieron judíos; los que se tuvieron que marchar del espacio en agosto de 1492; tal vez la maldición sea morisca, porque Rolando de Levanto compró irrisoriamente sus viviendas a los herederos del mundo musulmán granadino. O es la errante alma de una monja que se resiste a que en este lugar no haya una casa consagrada a Dios y atendida por su Orden de “Franciscanas Menores”.

Pero lo que estoy convencido es que desde el cielo, don José Gabriel Díaz Berbel, alcalde de Granada, Senador del Reino de España, está retorciéndose de risa, de nube en nube, con su jocosidad habitual, de la que ya hizo gala en la tierra; porque recuerda lo mucho que criticaron ese monumento suyo al aguador de la ciudad, al histórico personaje granadino. Dijeron que era feo, la oposición política dijo que su excesiva contemporaneidad chocaba con el entorno (debe ser que el Centro Lorca es de estilo renacentista y yo no me he dado cuenta) y dos mil improperios más. Pero lo cierto es que, el atractivo de la plaza y el lugar de las fotos de los turistas es nuestro Aguador, la estatua de nuestro entrañable y siempre recordado “Kiki Berberl”, porque estoy convencido, absolutamente convencido, que la Plaza de la Romanilla, está maldita...

P.D. Entrevista del Diario Granada Hoy a José Gabriel Díaz Berbel, publicada el 27 de mayo de 2009:

El traslado de una escultura de un sitio a otro de la ciudad podría ser un acto sin mayor trascendencia social. El problema es cuando ese traslado remueve sentimientos y decisiones que van más allá de una ubicación física en el mapa granadino.

En tiempo más cercano que lejano Gabriel Díaz Berbel, el que fuera alcalde de Granada desde 1995 a 1999, verá como el Ayuntamiento retira la estatua del Aguador con su burro que él mismo inauguró hace unos años en la Plaza de la Romanilla. La reforma del Centro Lorca manda ahora y la imagen que fue un regalo a la ciudad de Aguas de Barcelona emprenderá su particular viaje, al parecer, al Camino de los Neveros. Díaz Berbel afronta con sorpresa y cierta acritud el final de todo aquello que él gestó hace unos años.

"La retirada de la escultura no me parece acertado... Especialmente, porque la imagen es uno de los monumentos más fotografiados por los turistas que vienen a la ciudad, así que me parece una pena", expone el ex regidor. Díaz Berbel reflexiona unos minutos y se lamenta al decir que le da "la sensación de que todo aquello que hice, ahora, no tiene razón de ser", expone.

Con el paso de los años se pierde el miedo decir grandes verdades en voz alta y Díaz Berbel, conocido por todos como Kiki, no se corta al decir sin pudor que en el partido lo tiene "defenestrado". También apunta que "es una verdadera pena que al alcalde que ha recibido más votos en Granada se tenga que enterar por los medios o por terceros, por ejemplo, de que Mariano Rajoy venga a la ciudad". Es consciente de que sus palabras pueden resbalar a más de uno, pero a él también le da igual.

Así que cuando algo le duele no lo esconde. "Al Aguador lo dejaría dónde está y si no fuera posible, la llevaría a 60.000 sitios de la ciudad en el que luciera como merece". Cuando habla recuerda la polémica historia de la escultura: "Todos decían que si era feo... pero vamos, para mí, feas las caras de Picasso o las del Greco. En fin, que sobre gustos no hay nada escrito...", concluye.

Cuando se le pregunta sobre el futuro destino de la imagen en el Camino de los Neveros, Díaz Berbel duda. "Yo la pondría en otro sitio pero, bueno, tampoco es el peor... quizás el enclave sea el perfecto para recordar la historia de los aguadores en el cruce de caminos y aguas de Sierra Nevada, pero, desde luego, no será el más lucido".

Las declaraciones del anterior regidor de la ciudad desvelan sus sentimientos y no ocultan la decepción 'política' que tiene con su partido y con los que fueron sus compañeros. Una realidad de sobra conocida pero que se remueve como el fango cada vez que le la sensación de que "quieren borrar del mapa todo aquello que hice por la ciudad". Como ocurre con su Aguador.

1 comentario:

Salva dijo...

Yo confieso que... la primera vez que me di un beso con una novieta, fue en el lugar en cuestión. Tenía 15 años. Parece una tonteria, pero nunca olvidaré ni dónde ni el cuando, jeje.

Un saludo.