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miércoles, 1 de agosto de 2012

El león de la Metro

La Metro Goldwyn Mayer decidió adoptar un símbolo reconocible para el público y su asesoría artística puso los ojos en el rey de la selva, que saldría asomado de una ventana emergente mientras el lema “ars gratia artis” (el arte por el arte), anatemizaba al espectador. Era 1924 y desde aquel año, la compañía empleó cinco leones para sus rodajes y promociones, empezando por aquel que había nacido en el Zoo de Dublín, en 1919. Llegó a los Estados Unidos en 1924 y se incorporó a la inagotable actividad laboral de los estudios MGM, recorriendo durante dos años Norteamérica para promocionar los estrenos que preparaba la compañía. En uno de estos viajes, en concreto el que debía llevar al león desde Los Ángeles a Nueva York, a través de una avioneta Brougham, ésta se estrelló en Arizona. Era 1927 y a Slats, el nombre del 1º de los cinco leones de la Metro, no le ocurrió nada. Tal vez porque estaba ya curado de espantos, puesto que pasó por accidentes ferroviarios, terremotos, incendios en los lugares de promoción... Incluso el barco que lo trajo a EEUU estuvo a punto de naufragar aquel 1924.

Slats fue sustituido en 1928 por Jackie, inmortalizado para siempre gracias a un gramófono que registró su rugido para que los primeros segundos de la promoción de la Metro abriera precisamente con su espectacular exhibición. La mala suerte de su predecesor, de Slats, no fue otra que trabajar en tiempos en los que el cine sonoro estaba aún en pañales, a pesar de haber nacido en 1923 con la película “El Cantor de Jazz”. La imagen de arriba corresponde a Jackie, junto a una atemorizada Greta Garbo.

Pero el que todos conocemos es el tercero de los empleados felinos, el famoso Tanner que fue el primero de los leones de la Metro que se grabaron en tecnicolor. En total fueron cinco los leones que pusieron rostro al emblema de la Metro. Y solamente el quinto, imagen de MGM desde 1957, se llamó Leo.

Una leyenda urbana dice que el león mató a sus cuidadores; falso. Nunca hubo ningún incidente con ninguno de los cinco para fortuna de todos. Incluso Slats fue enterrado tras su muerte acaecida en 1936 convirtiéndose sy tumba en toda una atracción vecinal.

Y al fin, una imagen inmortal... porque el mero hecho de ver al grandísimo Hitchcock ante una de estas mascotas, vale mil segundos dedicados. 

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