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martes, 14 de agosto de 2012

Ciudadano Kane

Moría William Randolph Hearst. Además, 10 años después de que Orson Welles, tocado con la varita mágica del ingenio, hubiera estrenado la que para muchos sigue siendo la mejor película de todos los tiempos que da título a esta entrada. Una semblanza a propósito de este magnate que controló la vida de Estados Unidos haciéndose con el poder casi completo de los medios de comunicación. Porque nadie estuvo más desacertado que el que definió eufemísticamente a la comunicación como el 4º poder. 

Marion Davies. A su izquierda, Charles Chaplin.

El largometraje arranca con Rosebund, el hilo conductor que sirve para todo el guión. Orson Welles sabía bien lo que significaba: así llamaba Randolph Hearst a los genitales de su amante, la afamada actriz Marion Davies con la que protagonizó uno de los episodios más negros de la historia del cine americano, cuando encontró a la diva besándose con Charles Chaplin en su yate, en el trascurso de una fiesta que estaba dando en honor a uno de los padres del cine: Thomas Harper Ince, que siendo su cumpleaños también fue su muerte, puesto que el disparo dirigido hacia Chaplin dio de lleno en el corazón de Ince. Pero el poder de Hearst no tenía límites en aquel 1924, de forma que al atracar el yate, los médicos forenses no dudaron en levantar acta alegando que el guionista y director había sufrido un ataque al corazón. ¡Algo de verdad había, al menos por separado!: ataque, claro que sí, y corazón, por supuesto. 

Randolph Hearst en una de sus mansiones.

El extravagante Randolph es retratado sin ahorrar una coma: sus lujosos excesos, sus compras millonarias y otros, son perfectamente comprobables, como la adquisición de un Monasterio Segoviano, el del Císter de Santa María, que fue desmontado y trasladado piedra a piedra a Santa Mónica en los Estados Unidos. Pero no debe extrañar nada en alguien que poseía 298 periódicos nacionales, 12 radios estatales, editoriales, todo tipo de empresas y compañías o revistas de la fama de “Cosmopolitan”. 

A este oscuro personaje debemos la campaña amarillista que sus diarios fueron tejiendo en torno al supuesto ataque español contra un buque de guerra estadounidense, el Maine, que originaría la Guerra hispano-estadounidense, o el Desastre del 98, de abyectos resultados para España. 

El gran Orson Welles.

Fuera como fuera, murió hace hoy 61 años, a los diez del nacimiento de una de las películas más increíbles de la historia del cine, Óscar al mejor Guión pero adelantada técnicamente a su tiempo y convertida en referente obligado para cualquiera. William Randolph Hearst hizo bueno el dicho de que “la realidad, supera a la ficción”. Y Orson Welles, hizo el resto con su arrollador talento. 

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