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viernes, 31 de agosto de 2012

Al pie del cañón

Era la joven mujer de 24 años de un cabo de artilleros que defendía aquel 1808 la ciudad de Zaragoza de las tropas invasoras de Napoleón. Los cañones españoles intentaban disuadir al enemigo de entrar en la capital del Ebro apostándose junto a la Puerta del Portillo de la ciudad maña. La joven Agustina ni era aragonesa ni zaragozana, sino catalana de Reus, pero de apellido Zaragoza. Vamos, la de Aragón. Aquel día, como todos, Agustina llevaba la comida a su marido, encontrándose con la dantesca escena de los cadáveres de los soldados españoles, heridos o muertos todos por los disparos de los asaltantes. Sin nadie que estuviera dispuesto a disparar, una y otra vez los cañones que estaban al filo de la célebre puerta de entrada a Zaragoza, la ciudad estaba vendida, entregada a su suerte.

Agustina soltó los avíos de la comida y le quitó de sus manos muertas a un artillero, una mecha. Hizo disparar el cañón y esperó estoicamente, arriesgándose a recibir un balazo enemigo al pie mismo de la pieza, hasta que otros defensores zaragozanos empezaron a llegar, alentados por la muerte de los soldados del Portillo, y ocuparon sus lugares.

No vamos a entrar en la heroicidad del gesto ni en sus esfuerzos posteriores arengando a las tropas españolas. Su sentido patrio está fuera de todo lugar, desde luego. Porque para lo que nos sirve esta hazaña de Agustina, es para comentar la expresión que encabeza este texto y que significa la actitud de una persona cuando a pesar de lo comprometido o difícil de una situación se mantiene firme; o que por muy esforzada que sea su tarea, no la abandona hasta concluirla.

Agustina de Aragón, sin comérselo ni bebérselo, estuvo al pie del cañón. Y hoy día utilizamos la frase como herencia de lo militar, ya que los artilleros españoles tenían encomendada la tarea comprometida y arriesgada de cargar y disparar el cañón, pero sobre todo, de aguantar el fuego enemigo, fuere cual fuere el resultado, aún a sabiendas de que es su posición en el campo de batalla era una de las más peligrosas. Y estaban al pie del cañón, aunque les llevara la vida en ello. 

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