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domingo, 15 de julio de 2012

Rembrandt

De su nacimiento se cumplen 406 años pero desde el corazón de Holanda se detiene el tiempo para volver los ojos a una obra que ni tiene edad ni tiene fechas. No nació en la ciudad de los canales pero en ella estaba con 24 años. Y 6 después se casaba con una adinerada heredera y musa del autor. Saskia fue su baluarte, su sostén. A su muerte, la vida del genio se tambaleará. Pero su arte reside en la capacidad de evolucionar desde ese barroco que es servil a la invención de Caravaggio, hacia un autor que se empapa del sentimiento protestante y se convierte en su más destacado representante. Capaz de crear nuevas iconografías (como “La cena de Emaús”) que se aparten de los tipos católicos, a Rembrandt siempre se le recordará por su capacidad para crear atmósferas que nos recuerdan los tonos de la escuela veneciana, su ingenio capaz de separarse de un barroco adocenado y su acierto a la hora de representar escenas reales (“Ronda de noche” o “Lección de anatomía”).

Pero hay una persona dentro del personaje. Un viudo a los 32 años que pierde a su mejor compañera. El que vivirá un duro pleito con la niñera de su hijo que le acusa de propuestas matrimoniales que no cumplió jamás. O los desórdenes que protagoniza al vivir en concubinato con su ama de llaves, que se convertirá en amante y modelo a la vez. No es de extrañar que en 1656, 14 años antes de su muerte a la edad de 63 años, nuestro hombre acabe en la ruina y se declare en quiebra, tras una vida azarosa cargada de juicios y pleitos; gastando tanto como ingresaba, fue un manirroto a la hora de hacerse con obras de arte o incluso pujando por sus propios lienzos, estrategia empresarial que no siempre le salió convenientemente.

Rembrandt subastó su patrimonio: bustos originales de emperadores, corazas japonesas de época, rarezas minerales... Pero ni aún vendiendo su cara y acomodada casa del barrio judío de Ámsterdam (hoy Museo Rembrandt) pudo hacer frente a los pagos contraídos, de modo que el gremio de pintores lo expulsa de este e impide su trabajo como maestro. Será su amante y su hijo quienes abran una galería donde el genio holandés trabaje como empleado para eludir los requerimientos que sobre este pesaban. Pero sólo cuatro siglos después de su muerte hemos podido saber qué don externo tan sumamente arrebatador hacía que el pintor creara imágenes de tanto volumen e impacto visual: su estrabismo.

A 406 años del nacimiento de uno de los más grandes artistas de la Historia del Arte, hoy, está más presente que nunca. 

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