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jueves, 5 de julio de 2012

Ni más ni menos

Los seguidores más habituales de esta Alacena saben ya a estas alturas que no es este un lugar donde el que suscribe suele verter en él comentarios ni entradas personales, simplemente porque soy celoso de una intimidad que le corresponde conocer a quién servidor estime oportuno y que se disfruta en el más estricto de los silencios personales, pero hoy es día de una celebración particular, muy nuestra, muy agradable, que a fuerza vuelvo a vivir desde la lejanía como otros años pero con el corazón cerca de dónde tiene lugar.

Que cumpla 32 años no es siquiera cifra lo suficientemente redonda como para la inclusión habitual en mi lista de efemérides conocidas, pero sí lo es la novedad de hacerlo por vez primera, en un año que supondrá un antes y un después para él y para quién él ha decidido que en mayor o menor grado compartamos sus cuitas y alegrías y sus peores momentos también.

No quedan ni dos meses, porque el capricho de la vida se empeñará en que sea en torno a la Virgen de las Angustias, y ya con eso, en Granada, está todo dicho, cuando te conviertas en padre. Manuel vendrá a un Mundo extraño pero con la inmensa suerte de hacerlo en el seno de una familia con principios y valores que dejaron hace tiempo de ser habituales y aplaudidos y que son una mezcla de la fe que inunda sus rincones hogareños y de esa herencia intachable, la mejor posible, que los mayores de Manuel legaron en su momento a sus futuros padres.

Para ese momento, aguardo con la felicidad de compartir vuestra felicidad. Tú felicidad, amigo. Y para hoy, la dicha de poder presumir de un amigo que, dos décadas después, me sigue ofreciendo la verdad de su raciocinio, de su cultura, de sus buenos modos y de su simpatía y gracia espontánea y franca.

Felicidades hermano. Y en menos de dos meses, repetiremos alegrías y abrazos, con motivos sobradamente importantes como la venida a casa de Manuel. Porque Dios lo querrá. 

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