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lunes, 2 de julio de 2012

La Conquista de Motril

Tenía 2.000 habitantes y nos sirve de ejemplo rotundo y perfecto para explicar cómo los cambios a veces sirven para progresar. Motril fue desde un 2 de julio de 1489, el mismo día que se rindió a las tropas de los Reyes Católicos, una población llamada a crecer y ocupar un lugar en el mapa de lo social, más importante que hasta ese momento había tenido. Sí, hoy no sólo se cumplen 523 años de la Conquista de Motril, sino que este “cambio de propietarios” de la villa, aseguró que esa lengua de tierra entrara de lleno en los mapas de la historia, pasando de ser una alquería, un anejo pendiente y dependiente de las poblaciones cercanas, a una ciudad mimada con gracias y títulos por los Reyes Católicos, la Reina Juana, el Emperador Carlos, Felipe II, Felipe IV, Felipe V y al fin, convertirse en el ámbito provincial (y más aún en el sur-costero) en la ciudad Muy Noble que habría de pasar de ser “parte de” a “cabeza de”.

Primero Almuñécar y luego Salobreña. E incluso ambas a la vez. Durante el reinado de los nazaríes, Motril acabó destinada a comparsa de las poblaciones vecinas que la administraban jurídica y socialmente. En la recta final del reino de Granada es cierto que contó con una “auxuluquia” o sede de un cadí, de un regidor de justicia, pero en todo caso “Salambina” y “Sexi” mantenían su predominio y potestad. Era por tanto una lengua de tierra dedicada a la agricultura, a merced de las localidades que sí estaban próximas a la costa y que contaban por tanto con las prebendas portuarias al servicio del comercio del azúcar y otros bienes.

Por Almuñécar entró incluso el mundo musulmán a comienzos del siglo VIII. Desde allí partieron las expediciones militares granadinas que en comunión con los pueblos del norte de África le pusieron las cosas difíciles a la marina castellana desde el siglo XIII y especialmente durante el siglo XIV. La alcazaba de Salobreña se convirtió en improvisada corte real con el desmembramiento del Reino cuando el invicto Zagal, hermano y tío de rey, decidió proclamarse Sultán y acabó desterrado de su fugaz gobierno accitano. Mientras Motril, producía azúcar y seda y mandaba sus productos a los severos puertos vecinos, cuando no al de Málaga o el de Almería (éste último plataforma centenaria desde donde la seda granadina llegaba a las costas italianas), viviendo de espaldas al mar y creciendo lenta y críticamente.

Y el 2 de julio de 1489, cuando los 2.000 vecinos de Mutrayil se rindieron a las tropas de los Reyes Católicos, cuando ondeó en la casa del Cadí y en el alminar de su Mezquita Aljama la bandera roja de los cristianos, el pendón de Castilla y las armas de Ponce de León, ese día del que se cumplen 523 años ahora mismo, acababa de nacer una población asentada sobre otra probablemente creada hacia el año 890 y que miraba al futuro con el convencimiento de algo mejor.

Por supuesto que entonces la población local, musulmana, ni lo sabía ni lo quería. Pero así era. Porque primero la Reina Isabel la Católica le concede Capitulaciones propias que desligará Motril de la influencia de otras localidades. Su hija Juana concede mercedes de repoblación. Carlos, dotaciones defensivas... y con el devenir del tiempo, se convierte en lo que es, no sé si menos de lo que debiera pero desde luego mucho más de lo que fue con el mundo musulmán a lo largo al menos de seiscientos años.

Motril no celebra (dudo que si quiera, lo sepan sus ciudadanos) el acontecimiento de la conquista. Es cierto que volvería a caer en 1490, cuando las campañas a la desesperada de Muhammad XII, el sultán Boabdil, pretendieron tomar toda la costa; pero incluso en esta campaña militar se podía ver cómo la trascendencia era otorgada a Salobreña, fortaleza que recibió los empeños demudados de las tropas nazaríes. Pacificada en 1491, la revuelta de 1503 y la de 1507 son los últimos episodios que conectarían Motril con su pasado musulmán. Y al fin, el siglo XVI trae prebendas regias y obras de importancia que catapultan a la sociedad local por encima de sus competidoras vecinas.

Sostengo que es el mejor ejemplo de cómo, cualquier tiempo pasado no tiene obligatoriamente que ser mejor. Porque si nos fijamos en Granada, en la capital, más mimo y más gracias que le procuraron los musulmanes, en su condición de Capital del Reino, no pudo tener. Y sin embargo, sin los Reyes Católicos y sin el Emperador Carlos, nada sería igual, porque fueron ellos los artífices del reconocimiento y esplendor (mucho o poco, pero esplendor) que gozó y del que, lastimosamente, vive.

Quizás estas letras, más que un recordatorio del acontecimiento histórico de la Conquista Cristiana de Motril, sean en todo caso un aviso para navegantes, para todos aquellos que confunden churras con merinas y mantienen abierto el debate de la idoneidad de la celebración del Día de la Toma, cada 2 de enero, en relación con Granada. La historia es la parcela que hay que dejar siempre a los que la han estudiado y la han convertido en su forma de vida, y no en el escenario de la manipulación ideológica o política. Pero lo cierto es que desde aquel 2 de julio de 1489, cuando Motril se incorporó a la Corona de Castilla y de ahí, al poco, al que se iba a convertir en el Primer Estado del Mundo Moderno, el Reino de España, todo cambió y para mejor.

Tal vez sería bueno que los dirigentes locales se plantearan sin necesidad de sumar una festividad más, rememorar la jornada de alguna forma. Tal vez en años futuros alguien entienda que pasar de manos musulmanas a manos cristianas hizo que esta ciudad se convirtiera en un lugar que dio que hablar y que pudo hablar por sí misma. Y que lo mucho o poco que tiene, empezó a gestarse a partir del día que, el color rojo de la cristiandad ondeó sobre los lugares visibles de sus edificios representativos, con un castillo goticista como arma heráldica dejando claro que “el futuro puede ser prometedor”. 

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