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viernes, 20 de julio de 2012

La alcaicería de Granada

Entre la Mezquita Mayor, las calles del Tinte y Zacatín y la Plaza del Arenal o de la Puerta de la Rambla, se extendía el mercado musulmán destinado a los artículos de lujo y cuyos impuestos iban directos a la Corona de Granada. El nombre de alcaicería deriva del permiso que hacia el año 540 concedió a los pueblos árabes el Emperador Justiniano para que pudieran comerciar con los pueblos imperiales, de suerte que el mercado era conocido como “el del César” es decir, al-Qaysar, que da como resultado el actual de Alcaicería.

Contaba con un alcaide propio que velaba por la protección del mercado lujoso; antes que nada conviene precisar que la Alcaicería más importante de todo al-Andalus fue la de Granada, que se protegía mediante sus diez puertas de acceso que permanecían cerradas y bien defendidas desde la caída de la noche y que sumaba, a las medidas de protección, ventanas custodiadas por rejas y perros de presa que andaban por sus arterias desde que los negocios eran cerrados.

Dos partes bien diferenciadas dividían el conjunto comercial, dedicándose una de ellas a las tiendas y la otra a las oficinas desde donde se llevaba a cabo la administración de la seda, el principal artículo que vendía el lugar así como las aduanas destinadas a controlar la calidad de los materiales. Los responsables de esta tarea eran los jelices o aduaneros.

Granada, en 1843

El interior se decoraba con arreglo a la importancia que verdaderamente poseía la Alcaicería granadina. El suelo se pavimentaba con adornos y lajas talladas, más o menos ricas dependiendo de la trascendencia del comercio ante el que se colocaba esta solería. Estas tiendas eran de dimensiones reducidas, en un logro espacial sin precedentes para conseguir que el mayor número de comerciantes cohabitaran en esta extensión. Tales dimensiones parecerían estrechas al punto de que su dueño no podía ofrecer el género desde el interior, sino que permanecía fuera; o el cierre de su vano de entrada, a veces abatible y con forma de alero que se sostenía sobre pescantes de metal, pues la estrechez de la calle no permitía otra forma.

Planos de la Alcaicería

En época cristiana la alcaicería se había cristianizado. A la puerta que venía a dar con la del Sagrario Catedralicio se le añadió una tribuna en la parte superior presidida por un lienzo de la Asunción de la Virgen al que todos los sábados se le rezaba la salve. Otras seis puertas más contaban con imágenes marianas que tenían lámparas permanentes, atendidas por los distintos gremios que se pusieron bajo su protección. Pero fue la ermita del Señor de Rescate la más ostentosa y cuidada de cuantas capillas contó la Alcaicería, que en 1743 fue ampliada a costas de una serie de establecimientos derruidos a tal efecto y que contaba con Hermandad propia. Había misa diaria dentro de la modesta edificación y de su culto se encargaban los carmelitas calzados.

Planos de la Capilla del Rescate de la Alcaicería

En las primeras horas del 20 de julio de 1843, se desata un virulento incendio dentro de la alcaicería. La falta de medios técnicos del cuerpo de bomberos y lo inusitado de la hora, hace el resto: se destruye por completo el que fue mercado de lujo más rico y destacado de todo al-Andalus. Los edificios anexos quedaron arruinados y se mandaron derruir. Los arquitectos municipales Salvador Amador, José Contreras, Juan Pugnaire y Baltasar Romero fueron los responsables de un proceso de reconstrucción  que entre otras particularidades, contaba con la reducción del espacio, el trazado de calles más anchas, la supresión de muchas de éstas, la eliminación de la madera de cualquier parte del conjunto a fin de evitar un desastre futuro parecido y una nueva decoración unitaria a la que habría que llamar “neonazarí”.

Grabado del incendio de la Alcaicería

El incendio supuso una pérdida histórica y patrimonial. Pero el atentado real fue el falso histórico que vino a constituir su “recreación” y por supuesto, la aplicación de una decoración que se aleja en la zona oriental del recinto, de la propuesta nazarí primitiva. Sea como fuere, hoy se cumplen 169 años del incendio que privó a Granada, de otro poco más de su historia y su riqueza artística. 

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