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miércoles, 25 de julio de 2012

El Apóstol Santiago

El Cabildo de la Ciudad, en nombre de todos los granadinos, hacía entrega el 25 de julio de 1640 al Cabildo de la Catedral, de un regalo muy especial: la imagen de Santiago a caballo, tal y como iconográficamente se representa victorioso en la Batalla de Clavijo, esa suerte de figuración del santo peregrino Patrón de España que espanta a los progresistas y que se ha retirado de no pocas Iglesias patrias, pero que de la Santa Iglesia Catedral de Granada no saldrá mientras quede un poco de cordura en su Cabildo y en la ciudad.

Santiago Matamoros no es la directa ofensa que ven en su fabulosa hechura barroca los mismos que malinterpretan el 2 de enero; simplemente hace una síntesis de lo que supuso el Medievo en España, porque juzgar desde 2012 la manera de pensar de los ciudadanos de hace 1.200 años es simplemente un ejercicio suicida que atenta contra la verdad. Cuando empezó a representarse a Santiago como el protector de los ejércitos cristianos en lucha permanente contra los musulmanes, el Santo Apóstol era algo más que un hecho milagroso (Clavijo, año 844) que originó nada menos que una de las rutas culturales más grandes y más prósperas, cuando no más antiguas, del Mundo: El Camino de Santiago.

El Santo se convirtió en algo más que un icono religioso. Durante siglos, fue el espolón que animaba a los españoles en empresas difíciles y comprometidas. Ni en aquellos siglos los musulmanes realizaban sus “razias” con ramitas de olivo ni los cristianos sus incursiones con hogazas de pan. El que quiera comprender y juzgar los siglos pasados (a veces más de un milenio, como este caso) desde su actual perspectiva, es simplemente un incauto o un inculto. El caso es que la iconografía de Santiago Matamoros llegó a la Catedral de Granada, pero bajo el nombre de “Triunfo de Santiago Apóstol”. En 1640, el genial Alonso de Mena (maestro, entre otros, de su hijo Pedro o del escultor de la escuela sevillana, Pedro Roldán), uno de los más fecundos y acertados artistas granadinos del barroco, terminaba y entregaba esta escultura bajo encargo y pago de la Ciudad de Granada que la entronizaba en el primero de los Altares-Capillas anexas a la Girola catedralicia, en el lado del Evangelio. O lo que es lo mismo, hacía de Santiago, Patrón y protector de España, un discurso iconográfico que completaba y dimensionaba nuestra Basílica Menor.

El Retablo fue el primero de España en usar el estípite. Se concluyó en 1707 y lo doró el granadino Pedro Romero en 1712. Lo corona una Inmaculada, de Diego de Mora (1707) y a cada lado del Santo Apóstol, los santos obispos que iniciaron el cristianismo en Granada y que lo consolidaron: San Cecilio y San Gregorio. O lo que es lo mismo: antes de los musulmanes, en España había un reino prácticamente igual que la actual España y era cristiano, luego por muchos formulismos y mentiras que quieran contarnos, sí que hubo una invasión musulmana y sí que hubo una Reconquista cristiana. Al fin, lienzos de otros santos granadinos o relacionados con Granada, como el que mandó martirizar y asesinar un sultán nazarí (San Pedro Pascual) o el gran agustino de la caridad: Santo Tomás de Villanueva. Ambos cuadros, del granadino José Risueño. Pero será en el espacio central, en el arranque de la arquitectura retablística y protegido por el pedestal de soporte de Santiago, donde se aloje una fabulosa obra del siglo XV regalada por el Papa Inocencio VIII a los Reyes Católicos y que éstos usaron en sus misas de campaña para regalarla a los granadinos en 1492: La Virgen de los Perdones o del Pópulo.

En 1640 Santiago inmortalizaba para la Catedral de Granada algo fundamental: la unidad y la eclosión de un modo de pensar y de sentir que antes de la presencia musulmana, ya existía en la Península Ibérica, recogiendo la herencia de Roma, nada menos. ¿Parece insultante o contradictorio que fusionado con un hecho “milagroso” ocurrido hace casi 1.200 años se aguijoneara un sentimiento religioso y patriótico que tuvo por escenario el nacimiento de la primera nación moderna del Mundo y que con todos sus errores, dejó en la Humanidad el poso de sus aciertos? ¿Parece ofensivo que la Iglesia, aún reprobando cualquier atisbo de violencia, no deje de creer que la manera de pensar de los católicos del año 800 a 1800 no puede juzgarse desde la perspectiva de 2012 y por tanto, el arte y la cultura, como manifestaciones sociales del hombre y como “libros que ayudan a conocer el pasado”, no deben retirarse del culto y mucho menos esconderse porque a algunos puede ofender, a sabiendas de su error cultural?

Santiago, Matamoros o en Triunfo, genial aportación escultórica del maestro granadino Alonso de Mena, cumple hoy 372 años y sigue siendo, además de una pieza artística soberbia, un legado histórico incuestionable y un símbolo que dentro de su incongruencia católica, nos recuerda mensajes cifrados y a la vez evidentes, del pasado de España y del pasado del Mundo Occidental. Y de nuestra granadina y Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana y Patriarcal de Nuestra Señora de la Encarnación, ni se quita ni se cuestiona. Allá con sus conciencias y falta de cultura los obispos y curas norteños que sí lo estimen oportuno.

¡SANTIAGO, CIERRA ESPAÑA!

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