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domingo, 22 de julio de 2012

Edward Hopper

A 130 años del nacimiento del pintor Edward Hopper, que murió en Nueva York a los 85 años en 1967, su legado sigue siendo uno de los que más dificultad de adhesión a corriente estilística concreta presenta, aunque con la particularidad de adherirlo a unas formas de fácil entendimiento: la contemporaneidad revestida de la mejor de las originalidades. Porque el estadounidense fue un amante de la pintura impresionista y forjó su estilo gracias a las visitas que practicó a los museos parisinos; hasta que en 1910 en un viaje a España, se cuela nada menos que Francisco de Goya entre sus intereses pictóricos, cuando a sus 28 años se convertirá el genio zaragozano en el pintor que más admirará.

No hay en sus obras nada de esas enseñanzas y a su vez estará todo. Es el pintor de los interiores, de las escenas urbanas, del realismo al que se le ha añadido el impresionismo y la paleta rápida y emplastecida de Goya y para culminar todo esto, ser encima el primer gran artista de reconocimiento que daba Estados Unidos al mundo.


Ahora que Madrid acoge una exposición única consagrada al artista que se puede visitar hasta el 16 de septiembre en el Thyssen, lo que nunca dejará de seducir de las obras, las que se exponen y las que recorren las paredes del mundo, es que el cine está en ellas. Porque parece que Hopper no nos engaña cuando sentencia: “mi arte es mi estilo de vida”. Y cuando uno contempla “Nighthawks” (1942) no puede desprenderse de las películas de cine negro que tienen siempre la sordidez de un establecimiento de este tipo en su metraje. Como si momentos antes de que el coche se estrellara contra un camión de reparto cerca de las oficinas de la Compañía de Seguros de la película “Perdición”, del genial Billy Wilder, Fred MacMurray hubiera empinado el codo con la señorita del vestido rojo del cuadro.

Dicen que Antonioni se inspiró en “Gas” (1940) para su película “El grito”. Pero yo sigo creyendo que son los surtidores que usan Lana Turner y John Garfield cuando huyen del establecimiento rural donde dejan  en la estacada al marido de ella en aquella película de Tay Garnett de 1946: “El cartero siempre llama dos veces”.

La lista de películas influenciadas por los cuadros de Hopper es amplia. A lo mejor el listado de largometrajes que influyeron al pintor, también. Pero lo cierto es que veo “Días sin huella” de Wilder en sus cuadros; y en sus mujeres rubias está Lauren Bacall, porque la decoración de “El sueño eterno” (1946) película que uno no sabe bien si mirar a Humphrey Bogart o a la irresistible Bacall, todo pudiera haber salido de la cabeza humeante de Edward Hopper, que hoy cumpliría 130 años. pero que sigue vivo hasta septiembre en el Thyssen. 

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