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viernes, 13 de julio de 2012

División Azul

Cuando cainitamente a alguien le interesa esconder verdades de la historia, hace falta dedicar una entrada como esta a un episodio de España con el que no necesariamente uno ha de estar de acuerdo, pero que sucedió y de eso no se puede librar ni desdecir el pueblo español. Vengo a referirme a la estratégica e inteligente manera que el General Franco tuvo a la hora de conseguir que España no entrara en la II Guerra Mundial con lo que ello hubiera supuesto para un país destrozado de punta a punta; bajo ningún concepto me pongo del lado del franquismo con ello, pero no ha de negarse la mayor y a pesar de que nadie puede olvidar que hablamos de un dictador, y ningún hijo de nuestro tiempo comulgaría con este tipo de gobierno y sus consecuencias, no menos cierto es que el entonces Jefe del Estado tenía adornos políticos y personales que tampoco pueden ocultarse, siendo uno de ellos el hábil modo de dar esquinazo a Hitler y preservar a España y al español de formar parte de la contienda más horrible que haya presenciado la Humanidad.

Pero durante poco más de dos años, de una u otra manera España sí que tomó parte del horrendo espectáculo de la II Guerra Mundial. Y fue a través de la conocida como División Azul, que más que un conjunto de soldados mandados a la fuerza por el Gobierno de Franco a los campos de batalla europeos, fue un movimiento bélico espontáneo (también irracional) que nació en el seno de la Falange y que por oposición de muchos falangistas que formaron parte de la 250 División de Infantería de la Wehrmacht (Fuerzas Armadas de la Alemania nazi), o la Einheit spanischer Freiwilliger a quitarse su camisa azul y conservarla bajo el uniforme militar, recibió el nombre de Blaue Division, esto es, La División azul.

Estaba formada en un 50% por oficiales y soldados militares de carrera, falangistas veteranos de la Guerra Civil y estudiantes de distintas universidades españolas. No había desechos sociales como muchos han querido malintencionadamente señalar. Fueron enviados al frente tal día como hoy, un 13 de julio de hace 71 años. En total, 47.000 españoles de los que 8.000 fallecieron, 10.600 fueron heridos, 2.140 quedaron mutilados, 572 fueron hechos prisioneros de guerra por el ejército soviético y unos pocos lograron sobrevivir a las privaciones y trabajos forzados de los campos de Siberia. Mientras que la mayor parte de los soldados alemanes, italianos o rumanos fueron puestos en libertad tras cinco años en los campos de internamiento, la mayor parte de los prisioneros de guerra españoles de la División Azul hubieron de esperar hasta 12 años, regresando gracias a un barco fletado por la Cruz Roja, un 2 de abril de 1954 al puerto de Barcelona.

La batalla de Leningrado, del Lago Ilmen, o la de Krasny Bor fueron los baños de sangre españoles en tierras rusas, peleando ya no a favor de Hitler, sino con un juramento especial que sólo hicieron los soldados españoles de la División Azul: en contra del comunismo. Y cuando uno conoce la marcha histórica que protagonizaron en noviembre de 1943, a lo largo de 23 días, cubriendo en marchas de 40 kilómetros diarios los más de 900 kilómetros que los hubo de llevar a las orilla del lago Ilmen para después luchar con el rigor climático ruso, al menos ha de reconocer que la División Azul puede juzgarse hoy día desde la perspectiva que se quiera, pero desde luego, era heredera de aquellos soldados españoles que dominaron el Mundo.

El pueblo que no conoce su historia está tristemente abocado a repetir los errores del pasado. Y el que no reconoce cualquier gesta, aún en condiciones de guerra y de muerte como la que envuelve obligadamente a los hombres de la División Azul, no deja de ser un mentiroso que se engaña a sí mismo y por alguna oscura razón, procura silenciar la verdad al resto. No estoy a favor de ninguna guerra y menos si ésta tenía el aval de los nazis. Pero desde luego, no pienso olvidar a los 47.000 españoles que por motivos personales, un día se alistaron voluntariamente para formar parte de uno de los batallones, de una de las compañías o de uno de los regimientos de aquella 250 División de Infantería de las Fuerzas Armadas alemanas, consiguiendo dos objetivos: callar las pretensiones belicistas de Hitler, que a lo mejor hubieran metido a España en la II Guerra Mundial, y combatir la lacra política mayor que un día inventó el hombre, culpable de 100 millones de muertos desde 1917: el comunismo.

A lo mejor, a muchos españoles se les olvida que esos 47.000 soldados españoles, pudieron lograr nada menos que España no fuera otra vez, el escenario de una guerra. ¡Y qué guerra!

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