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sábado, 23 de junio de 2012

Puerta Real de Granada

Plataforma de Ambrosio Vico de 1595, en rojo lugar de la Puerta de la Rambla. 

Justo donde se abre la Calle Mesones, una puerta rompía la línea de muralla que en tiempos de la dinastía nazarí había corrido paralela al curso del Río Darro, protegiendo la ciudad baja en esta zona. Si hoy urbanísticamente hablando estamos a caballo entre el centro histórico (más bien neurálgico) y el Barrio de la Magdalena, era entonces hasta más debajo de la actual traza de la Calle Puentezuelas, el Arenal de Granada, a consecuencia de los depósitos del Darro y de los desbordamientos y crecidas del curso de este río que terminaron por dar a conocer toda esta zona de la ciudad medieval como “La Rambla” o bien, el Arenal.

Plano de Granada de Dalmau (1795). En rojo, la Puerta Real.

La puerta de la muralla, que los musulmanes conocían como Bib-al-Rambla, y que daría origen a la ulterior Plaza céntrica y polarizadora de la vida social granadina desde el siglo XVI, amenazaba ruina en el año 1515, por lo que fue rehecha y revestida con decoraciones heráldicas, coronadas por el escudo de los Reyes Católicos. La presencia del cercano Rastro de Granada, le terminó por dar este nombre a la Puerta, en tanto en 1610 una nueva remodelación le añadiría las nuevas armas patrias y una lápida que a manera de tarja, recordaba la expulsión morisca y venía a decir: “Granada mandó hacer este ornato, haciendo oficio de Corregidor el doctor Pedro de Antequera en el año en que mandó Su Majestad expeler los moriscos de este reino. Año de 1610.”

El Cristo de la Puerta Real en la Hornacina adosada al Hospital de San Juan de Dios.

En 1624, poco después de subir al trono, cruza esta puerta el Rey Planeta, el poderoso Felipe IV y la comitiva regia que habría de desplazarse hasta Granada. Desde ese mismo año, Puerta y entornos urbanos de su alrededor, empezaron a ser conocidos como LA PUERTA REAL  y a partir del siglo XIX, con el apelativo de Puerta Real de España como aún continúa. Será en 1640 cuando además se le añada una Capilla, donde venía a venerarse el lienzo de un Cristo atado a la columna que costeó Francisco Fernández de Cordova, uno de los descendientes del Gran Capitán. La pequeña construcción religiosa lindaba con la sólida puerta, que se abría entre las dos torres medievales y contaba con puertas de madera forradas de metal. Con el tiempo, el lienzo viene a ser sustituido por un pequeño Cristo dentro de la iconografía de la Humildad y Paciencia, que se encargará de difundir la Orden de los Jesuitas a través de los ejercicios de “Meditación” de San Ignacio de Loyola. Hoy, ese Cristo sigue contando con su hornacina en la Calle de San Juan de Dios, en la fachada del Hospital con la Calle del Rector López Argüeta y se le sigue conociendo como “El Cristo de la Puerta Real”.

En 1790 se derruyó la Puerta. Normalmente, estas piezas ya en desuso y sin necesidad de supervivencia en las ciudades contemporáneas, fueron derruidas a lo largo del siglo XIX, sobre todo tras las normativas de alienación y salubridad urbana que con el Reinado de Carlos III diseñarán los ilustrados españoles, pero es especialmente precoz este proceso de derrumbamiento, que deja claro que esta ciudad ha sido pionera en demasiadas ocasiones, y no siempre para bien. La pérdida de la puerta, si bien no supuso un menoscabo patrimonial sí que ha dejado, 222 años después, que la gran parte de los granadinos desconozca por qué el más céntrico espacio de la ciudad es denominado Puerta Real y a consecuencia de qué figura vino a ser conocida de tal forma.

Pues eso, que tal día como hoy, hace 222 años, corriendo 1790, se derruyó la Puerta Real de Granada. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

hablas de puertarrá, verdá???
RAFALCALA