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sábado, 2 de junio de 2012

Los Últimos de Filipinas

30 de junio de 1898. Cincuenta soldados se atrincheran en la Iglesia de San Luís de la población filipina de Baler. Es el último coletazo de honra, el último suspiro de valor y de honor que le quedaba a un Imperio que duró en pie cuatro siglos y dominó el Mundo durante uno y medio. Esta es la historia de los últimos cincuenta hombres de verdad que ha parido España, desangrada en medio Planeta y madre de la otra mitad. Es la historia de una Guerra que ya habíamos perdido y que todos sabían menos cincuenta soldados de la Infantería española con el párroco del pueblo a la cabeza. Es la historia revestida de más honra que jamás antes nadie haya conocido y que supera las grandes gestas bélicas del Ejército Español. Es la historia de cómo un buen español, no tiene nada que perder si su Madre Patria le pide hasta la vida.

Los Estados Unidos nos habían declarado la Guerra. Sólo conservábamos ya del vasto Imperio donde no se ponía el sol, Puerto Rico y Filipinas. La Guerra estaba finiquitada antes de que acabara ese año del desastre de 1898 que marcó a toda una generación. Dentro de la Iglesia del pueblo de Baler, aguantaban como gatos panza arriba, como héroes sencillos pero con toda la carga de la historia de nuestros Invictos Tercios sobre la espalda, 50 mondantes y lirantes soldados del Reino de España. ¡Ya está todo dicho!

Madrid acababa de firmar la Independencia; Filipinas ya no era española. Pero en la otra punta del mundo, lo que el Gobierno de la Regencia había aprobado, no llegó a conocimiento de los que soportaban con un par mejor puesto que el de ningún otro, el sitio y ataque continuo de los soldados filipinos.

El Gobierno español hizo todo lo posible por alertar a sus hombres que la Guerra había acabado, que era inútil su esfuerzo porque no estaban defendiendo ya un trozo de tierra española. Intermediarios americanos, intermediarios filipinos y hasta Mandos militares españoles consiguieron a lo largo de los meses hacerles saber a la resistencia española, a los testarudos y obcecados patriotas, que depusieran su implacable aguante y obstinación y se dieran por vencidos. A fin de cuentas, su Gobierno y su Reina Regente, ya se había rendido. Pero por más que pusieron los intermediarios todo el empeño posible, los sitiados no creían ni un ápice de lo que escuchaban.

Con un cañón construido por ellos mismos y las pocas balas de sus Remington, resistían sin temblar, sin arrugarse, como sus predecesores al grito de ¡Santiago! Cierra España. Pero dejaron que un franciscano español entrara en la trinchera y refugio en que habían convertido la Iglesia y su corral aledaño. Cartas y recortes de periódico probaba que España se había rendido. Pero los sitiados, los valientes, los soldados de la Infantería española no se creyeron ni siquiera a un compatriota que además, era religioso. Por las tapias se colaban mensajes que enviaban los asaltantes filipinos. Los españoles, contestaban todas las noches con canciones y aplausos que enfadaban más si cabe a las tropas sitiadoras.


Faltan alimentos y si no comen pronto, morirán. Con todo, ya han perdido la vida por heridas o por disentería unos pocos. Quedan menos de 40 que resisten como pueden. El mando recae sobre el teniente Martín Cerezo que decide salir de la Iglesia con 20 hombres en busca de comida. Ni una baja y buena cantidad de frutas y verduras robadas a los filipinos de Baler. Se podía aguantar otros meses.

En enero de 1899 el país ya es norteamericano. Los soldados enemigos dejan en las puertas de la Iglesia periódicos que demuestran que la rendición ha de ser inmediata, toda vez que el traspaso de soberanía es ya una realidad. El teniente Martín Cerezo considera que hasta que no venga el mismísimo Rey de España (de 13 años entonces) a decírselo, no se rinde. El 1 de febrero ya es oficial. España ha dejado Filipinas. Pero los sitiados no se creen la veracidad de los periódicos, de las notas y de los interlocutores.

En mayo Estados Unidos manda una cañonera con soldados de élite americanos para rescatar a los españoles si es que consiguen hacerles entrar en razón. Desde España, se pedía como absolutamente necesario que volvieran con vida. Quedan 38 soldados... Pero desde el sitio de la Iglesia, responde a cualquier intento de aproximación lanzando queroseno con una caña de bambú. Ya sólo comen hojas de naranjo (con las que se hacen infusiones) y hierven los caracoles que pululan por el corral. Han comido perro, gato y cuervo. Y cuando un español dice no, es que no.

Una granada destroza el muro. Es el 29 de mayo de 1899. Llevan casi un año entero defendiendo un trozo de tierra que para colmo, está perdido. Los filipinos intentan el asalto pero desde el interior de la Iglesia los reciben con agua hirviendo. Pero el 1 de junio los sitiadores hicieron sonar la corneta y mostraron una bandera española. El teniente Martín Cerezo acepta hablar al ver la enseña patria. Entonces, llega hasta la Iglesia un militar español uniformado. Era el teniente coronel del Estado Mayor, el señor Aguilar.

Es inútil; ni siquiera a él lo creen. Éste, a parte de las credenciales, deja una serie de periódicos editados en Madrid. No hay tiempo para mucho más. Ya solo, Martín Cerezo se pone a leerlos con sumo cuidado. Dos noticias terminan por convencerlo: el traslado de un compañero de armas a Málaga y el casamiento de un familiar en Madrid. Empieza a pensar que es cierto.

El 2 de junio de 1899, tras 337 días de asedio, de estoico aguante, el regimiento militar español capitula. Quedan 35 valientes, entre soldados y curas. Es la epopeya final de la gloria militar española. La última demostración de la valentía, del honor, de la honra, la hombría, dignidad y la gloria del Ejército Español. Fue una de las últimas cosas con que un español sorprendió al Mundo. Fue, la última vez que los cojones de UN SOLDADO DE ESPAÑA SE VIERON.

Estos son los ÚLTIMOS DE FILIPINAS. LOS ÚLTIMOS HÉROES DE LA PATRIA. LOS ÚLTIMOS SEÑORES que tuvieron siempre claro, que vida sin honra es peor que honra sin vida. Con ellos, sí podríamos hoy, 116 años después, salir de esta crisis.

Agradecidos a los Héroes Españoles de Baler. ¡¡¡Siempre presentes!!!

2º Teniente Juan Alonso Zayas. Falleció por enfermedad el 18 de octubre de 1898.

2º Teniente Saturnino Martín Cerezo, natural de Miajadas, Cáceres.

Cabo Jesús García Quijano, natural de Viduerna de la Peña, Palencia.

Cabo José Chaves Martín. Falleció por enfermedad el 10 de octubre de 1898.

Cabo José Olivares Conejero, natural de Caudete, Albacete.

Corneta Santos González Roncal, natural de Mallén, Zaragoza.

Soldado de 2ª Julián Galvete Iturmendi. Falleció debido a heridas el 31 de julio de 1898.

Soldado de 2ª Juan Chamizo Lucas, natural de Valle de Abdalajís, Málaga.

Soldado de 2ª José Hernández Arocha, natural de La Laguna, Tenerife.

Soldado de 2ª José Lafarga Abad. Falleció por enfermedad el 22 de octubre de 1898.

Soldado de 2ª Luis Cervantes Dato, natural de Mula, Murcia.

Soldado de 2ª Manuel Menor Ortega, natural de Sevilla, Sevilla.

Soldado de 2ª Vicente Pedrosa Carballeda, natural de Carballino, Orense.

Soldado Antonio Bauza Fullana, natural de Petra, Mallorca.

Soldado Baldomero Larrode Paracuello. Falleció por enfermedad el 9 de noviembre de 1898.

Soldado Domingo Castro Camarena, natural de Aldeavieja, Ávila.

Soldado Emilio Fabregat Fabregat, natural de Salsadella, Castellón.

Soldado Eufemio Sánchez Martínez, natural de Puebla de Don Fadrique, Granada.

Soldado Eustaquio Gopar Hernández, natural de Tuineje, Las Palmas.

Soldado Felipe Castillo Castillo, natural de Castillo de Locubín, Jaén.

Soldado Francisco Real Yuste, natural de Cieza, Murcia.

Soldado Francisco Rovira Mompó. Falleció por enfermedad el 30 de setiembre 1898.

Soldado Gregorio Catalán Valero, natural de Osa de la Vega, Cuenca.

Soldado José Jiménez Berro, natural de Almonte, Huelva.

Soldado José Martínez Santos, natural de Almeiras, La Coruña.

Soldado José Pineda Turán, natural de San Felíu de Codinas, Barcelona.

Soldado José Sanz Meramendi. Falleció por enfermedad el 13 de febrero 1899.

Soldado Juan Fuentes Damián. Falleció por enfermedad el 8 de noviembre 1898.
Soldado Loreto Gallego García, natural de Requena, Valencia.

Soldado Manuel Navarro León. Falleció por enfermedad el 9 de noviembre 1898.

Soldado Marcelo Adrián Obregón, natural de Villalmanzo, Burgos.

Soldado Marcos José Petanas. Falleció por enfermedad el 19 de mayo 1899.

Soldado Marcos Mateo Conesa, natural de Tronchón, Teruel.

Soldado Miguel Méndez Expósito, natural de Puebla de Tabe, Salamanca.

Soldado Miguel Pérez Leal, natural de Lebrija, Sevilla.

Soldado Pedro Izquierdo Arnaíz. Falleció por enfermedad el 14 de noviembre 1898.

Soldado Pedro Planas Basagañas, natural de San Juan de las Abadesas, Gerona.

Soldado Pedro Vila Garganté, natural de Taltaüll, Lérida.

Soldado Rafael Alonso Medero. Falleció por enfermedad el 8 de octubre de 1898.

Soldado Ramón Buades Tormo, natural de Carlet, Valencia.

Soldado Ramón Donat Pastor. Falleció por enfermedad el 10 de octubre 1898.

Soldado Ramón Mir Brills, natural de Guisona, Lérida.

Soldado Ramón Ripollés Cardona, natural de Morella, Castellón.

Soldado Román López Lozano. Falleció por enfermedad el 25 de octubre 1898.

Soldado Salvador Santamaría Aparicio. Falleció debido a heridas el 12 de mayo 1899.

Soldado Timoteo López Larios, natural de Alcoroches, Guadalajara.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

VIVA EL EJERCITO.VIVA ESPAÑA.

Jaime Muñoz Beltran dijo...

Estos hombres son unos valientes, si señor. Soldados de verdad por la patria, pero no olvides, que la mayoría estaban deseando largarse de allí, y que si no hubiese sido por el teniente, que los comandaba, se habrían ido mucho antes.

lorenrendueles@hotmail.com dijo...

Claro que fueron unos héroes,unos héroes desconocidos,por desgracia,por su patria,a día de hoy,en Filipinas, se les venera por su gallardía,tienen,según creo,hasta un día para festejar su gesta.Aquí tristemente,somos muy pocos los que sabemos y estamos orgullosos de ellos.Yo tengo a mucha honra ser bisnieto de el soldado Domingo Castro Camarena, que una vez repatriados solo,la ignorancia imagino, solicito ingresar en el cuerpo de carabineros.