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miércoles, 6 de junio de 2012

La Tarasca

La leyenda que sitúa en los primeros años de nuestra era a una de las seguidoras directas de Cristo, (Marta, la hermana de Lázaro) en la región francesa de la Costa Azul y en concreto en el pueblo de Tarascón, es de sobra conocida y apologética. O fabulosa, no por sorprendente, sino por legendaria. Pero lo cierto es que la creencia popular afirma que una criatura amenazadora, entre dragón y serpiente, atemorizaba a la población referida y fue Santa Marta, con sus rezos, quién aplacó a la fiera.

La leyenda desde luego, tiene todo un conjunto de referencias a las alegorías cristianas, empezando porque no se trata más que de la lucha sempiterna entre el bien y el mal. Emplea además la iconología cristiana: la serpiente o dragón como símbolo del pecado Y por último, hace alusión a la Biblia y en concreto al Apocalipsis, donde una mujer vence al mal que es el dragón, pisándolo. La mujer, huelga decirlo, es María.

Dibujo de la Tarasca en 1667. 

Con todos estos silogismos de lo que no hay duda es que la “Tarasca” nació como otro de los tantos elementos que venían a sugerir la lucha entre bien y mal, con una carga moralizante, la trasmisión de una idea catequética, entre a formar parte de los cortejos sacramentales la figura que hoy nos acompaña y que hoy tenemos en nuestras calles.

Lo que sí es cierto es que mucho ha cambiado la Tarasca de nuestro Corpus desde sus orígenes, pues a raíz de la recuperación de la misma hacia 1883 (estuvo prohibida en toda España, como Cabezudos y Gigantes, por las Reales Cédulas de 20 de febrero de 1770 y 21 de julio de 1780), tomó un nuevo cariz y un nuevo sentido, ingresada ya en la conocida como “Pública de las Fiestas” o parte de la comitiva que entendemos y traducimos como profana o civil. Y es que la “idealización” de Santa Marta, era uno de los componentes eminentemente sacralizados y dirigidos a evangelizar.

La Tarasca barroca granadina.

La Tarasca granadina que mejor hemos conocido se realizó en época barroca. Un flamante conjunto de exquisito porte y vistosa estética, muy por encima a las que procesionan (o procesionaban) en otras ciudades. El personaje femenino intentaba transmitir al público que con la oración a Jesús en el Sagrario, al Verdadero Dios, había conseguido dominar a la bestia que se rendía bajo sus pies. Además, la bestia era de siete cabezas, tantas como los vicios de la Antigüedad, los pecados capitales, las ciudades blasfemas que se citan en la Biblia... En todo caso, el granadino de época barroca que la viera, estaba contemplando la victoria sobre todo lo malo sólo con la oración. En menos, jamás se ha podido decir tanto. Gracias a la Exposición Andalucía Barroca, se realizó una reproducción siguiendo fielmente su descripción, que se expuso en Antequera y que ven en la foto de arriba.

Vino una posterior de manos del escultor granadino y profesor de Vaciado y Moldes de la Escuela Artes y Oficios, Francisco Morales González, que gracias al impulso del Centro Artístico, termina en 1883 la Imagen de la Tarasca que estuvo hasta 1930 en las calles granadinas; Francisco Morales ha pasado a la historia de la ciudad por su participación en el Monumento a Mariana Pineda o por la hechura primitiva de la Virgen de la Misericordia de la Hermandad de Favores.

Dragón de la Tarasca de 1931.

Luís Molina de Haro, un acertadísimo barrista granadino, lleva a cabo la obra de la nueva, que procesiona el mismo año de 1931. El dragón y la cabeza de “Santa Marta” se conservan en ese Museo que se convirtió en el segundo Romántico del Mundo y consiguió para Granada el inolvidable Antonio Gallego Burín. Se trata de la Casa de los Tiros. Y es además la misma Tarasca a la que se le hizo un vaciado para que la actual pueda conservar los rasgos de esta que en su juventud vieron Lorca o Ayala entre otros.

La Tarasca realizada por Luís Molina de Haro en 1931.

En 1987 ABC de Sevilla nos contaba algunas cuestiones al respecto. Aquí pueden leer el artículo, donde entre otros, se viene a decir que era el primer año que no habría toldos en la Procesión, como en este de 2012.

Reproducción de la Tarasca barroca granadina. 

Pero hoy día, la Tarasca sirve para otra cosa distinta. En el año 1720, dentro de aquella corte licenciosa y libertina del primer Borbón, de Felipe V, la Tarasca de Madrid se usa para anunciar la moda de ese verano a las cortesanas de la Villa, más preocupadas en sus afeites y estética que en el mensaje que ofrecería dentro del Corpus madrileño la Tarasca. Granada copiará esa función para la alegoría de su Santa Marta y hoy día es la única ciudad que lo sigue haciendo. Hemos de creer que ya antes de 1770 sirvió para estos propósitos, y no será hasta la recta final del reinado de Isabel II (1868) cuando se recupere de nuevo la figura de la Tarasca, que como ya hemos dicho, estuvo primero perseguida en la Real Cédula de 1770 y definitivamente suprimida en la expedida en 1780. Lo que sí es cierto es que entre la barroca y la que hizo Francisco Morales (la antepenúltima) no sabemos de la existencia de ninguna, lo que nos lleva a pensar que aquella obra de gran carga didáctica y evangélica del Barroco, difícilmente siguió el dictado de Madrid y sirvió para anunciar la moda, luego por vez primera sería la de Morales de 1883, secularizada la sociedad pero especialmente, el cortejo sacramental del Jueves de Corpus.

Reproducción de la Tarasca barroca granadina. 

Como ayer, yo apuesto también por recuperar para la Procesión de Jesús Sacramentado una alegoría con carga religiosa y cristiana. Yo sí que creo necesaria esa figura y que el Ayuntamiento haga la suya si así lo desea, con el boato de la “Pública de las Fiestas” que crea necesario, pero sin pervertir la carga doctrinal que tuvo desde sus orígenes la Tarasca de Granada, convertida hoy en un vulgar maniquí más propio de una Cabalgata de Carnaval que en algo decoroso para anteceder a Dios. 
Reproducción de la Tarasca Barroca granadina.

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