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jueves, 21 de junio de 2012

La rana de Salamanca

Tres teorías históricas han venido a explicar por qué una rana polariza y concita la atención de la fabulosa fachada de la Universidad de Salamanca, empezando por aquella que viene a decir que se trata de una simple firma del autor, a manera de recordatorio de su obra y como señal identificativa de su producción escultórica. Pero esta es poco creíble, porque cuando hemos dado con el empleo de un símbolo o una codificación concreta del trabajo de un artista, también ha trascendido su nombre, no siendo así en este caso. Es algo extraño que se haga uso de esa vanidad artística (firmar una obra) pero con la finalidad opuesta: que no se sepa la autoría con nombre y apellidos.

Una segunda teoría queda explicada mientras la iconología, en tanto la rana ha sido siempre asociada al pecado mortal de la lujuria. Además, la salmantina de piedra reposa sobre una calavera, por lo que tal vez se trate de un mensaje didáctico con el propósito de explicar al espectador que la comisión de ciertos pecados, acarrea la muerte.

La tercera es la más famosa, pero no es más que una leyenda de transmisión oral y carga fantástica que ha calado mucho entre el pueblo, precisamente por su concepción fabulosa: el estudiante que conseguía verla antes de terminar sus estudios, aprobaba éstos.

Pero la cuarta teoría, de reciente cuño, es quizás la más verosímil aunque no precisamente la más sencilla; son tres las calaveras de la fachada de decoración plateresca ocultas entre el inmenso y rico trabajo ornamental de la Universidad Salmantina, como tres los hijos fallecidos de los Reyes Católicos. El último, el príncipe Juan, fue tratado por el prestigioso médico de la época, Gonzalo de la Parra, muriendo el 4 de octubre de 1497 en Salamanca, dando origen al romance conocido como “Tragedia de Salamanca”, porque la muerte del heredero, recién casado con Margarita de Austria, ensombreció a España.

La rana sobre la calavera del que estaba llamado a ser Rey de España, es conocida entre los salmantinos como Parrita, precisamente por don Gonzalo de la Parra, el médico que puso todos sus esfuerzos en salvar la vida del Príncipe de Asturias, muerto, según la época, por calenturas. Y la rana advierte de la fugacidad de la vida. Es un mensaje didáctico en consonancia con los fabulosos óleos pintados por Juan de Valdés Leal para el sevillano Hospital de la Caridad, caso de “In ictu oculi” o “Finis gloriae mundi”.

Pero para el mundo, la escondida y difícil rana de la fachada plateresca de la Universidad de Salamanca, es sólo la obligada búsqueda del estudiante que debe encontrarla y visualizarla, si desea aprobar los estudios académicos que “si natura no da, Salamanca no presta”. 

1 comentario:

Enrique Henares dijo...

Todo un placer encontrar una entrada sobre Salamanca en el blog de un granadino. Salamanca y Granada, dos de las ciudades que tienen loco hace años a este sevillano.