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jueves, 7 de junio de 2012

La custodia procesional de Granada

La custodia procesional granadina ya es citada en un inventario de 1501 y descrita como “espléndida custodia gótica, portátil y de templete, que donó la reina Isabel la Católica”. El origen de la pieza tenía que ser un ostensorio usado para las Misas de Campaña durante la Guerra de Granada (1482-1492) al estilo de las piezas que antecedieron a la custodia, configurada ya como una pieza tal y como las entendemos, dentro del periodo del gótico.

En el año 1531 se crea la Hermandad y Gremio de los plateros granadinos, que estarán encabezados por orfebres de la talla de Baltasar Delgado, Cristóbal Rivas (de cuya mano salieron los cálices renacentistas de la Parroquia de Santa Ana), Diego de Valladolid, probablemente el más meritorio del siglo XVI y seguidor nada menos que de Diego de Siloe (suyo es el espléndido portapaz de la Capilla Real) o el que vino a ser el mejor repujador del siglo: Bartolomé de Hermosilla (y que nos dejara el copón plateresco de San José).

A este conjunto viene a unirse el maestro mayor de obras de la Catedral de Granada, Francisco Téllez, activo hasta 1590 y verdadero artífice del conjunto sacramental que custodia a Dios el Jueves de Corpus por las calles de la ciudad. La pieza original era un ostensorio sobre el que se situaba una cúpula de seis caras rematada por un chapitel de crestería que se coronaba, a manera de terminación, por una cruz. El conjunto pesaba sesenta marcos (13,8 kilos) y siete onzas (202 gramos), o lo que es lo mismo, poco más de 14 kilos.

En 1535 el platero Diego de Valladolid tuvo que soldarla entera y repararla de principio a fin; pero será en 1565 cuando nuestra Custodia venga a sufrir la intervención que la dotaría del aspecto actual. Era Francisco Téllez discípulo de Diego de Valladolid y ostentaba ya la maestría de la Catedral. La primera de las intervenciones consistió en sustituir la manzana o nudo que soportaba la basa sobre la que descansaba la cúpula (en cuyo interior iba y va el viril) para incorporar una pieza al gusto de la época, que actualmente vemos: la jarra decorada con máscaras y adornos repujados; además reforzó la base del templete con seis soportes y añadió un pedestal, una peana  al más puro gusto renacentista, decorándolo con puttis, cariátides y otros caprichos relacionados con el candelieri. Todo esto lo hizo en plata, pero será a la muerte de Francisco Téllez cuando se dore el resto del conjunto en 1596.

Ese mismo año, aprovechando el dorado de toda la pieza, se le añade en las esquinas los jarrones de plata blanca para portar la flor. Pero será hacia el primer cuarto del siglo XVII cuando el Cabildo intente una vez más dotar de mayor decoro a la Custodia, encargando al platero Juan Serrano Salvaje, el gran basamento piramidal ochavado, todo cubierto de follaje y roleos que ya son de estilo barroco. Además, se añadieron las cuatro jarras o ánforas que persisten sobre la peana del conjunto procesional.

Pero será en el siglo XVIII cuando se configure definitivamente la pieza mediante esta peana antes citada, con forma de base cuadrada. Lo que sí sigue siendo un misterio, es el momento en que se sustituyó la cruz que remataba todo por la iconografía de la Fe, pieza anónima del siglo XVI que como en tantas otras ciudades españolas, corona sus custodias, lo que nos hace pensar que fue en el tercer cuarto del siglo XVI (1550-1575) por influencia de las obras de la dinastía de orfebres ARFE.

No ha sido siempre ésta la custodia procesional, pues durante algunos Jueves de Corpus, salió a la calle la soberbia y descomunal que regaló el Arzobispo Juan Manuel Moscoso y Peralta. Esta custodia se estrenó el día del Corpus de 1804, relegando a la original de la Reina Católica. Era de oro y plata y tenía engarzadas 29.904 piedras preciosas y hubo de ser empeñada para satisfacer las demandas de las tropas invasoras, las francesas, que en 1810 se dedicaron en el trascurso de la Guerra de la Independencia, a saquear el patrimonio histórico granadino. En la foto de arriba, una con la que tuvo que guardar similitud: la del Cogollo o del Millón de la Catedral de Cádiz, igualmente neoclásica. 

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