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domingo, 17 de junio de 2012

La conspiración de las mantillas

“Queda elegido Rey de los Españoles el Señor Duque de Aosta”. Y así, en 1870, las Cortes españolas habían decidido que para sustituir a Isabel II de Borbón en el trono español, el hijo del rey de Italia sería el idóneo. Pero si la elección ya de por sí fue reñida y auspiciaba poca adhesión al recién proclamado rey (de 319 votos, 191 fueron para Amadeo de Saboya), el pueblo español fue mucho más contundente, haciendo que la pareja real se sintieran en todo momento como extraños nada menos que en el mismísimo Palacio Real.

Amadeo gastó su fortuna personal en rescatar las embebidas arcas españolas. Su esposa la Reina María Victoria, se dejó las piedras y metales preciosos de su joyero personal en obras de caridad. Aún así y siguiendo la tradición regia hispana, ningún noble quiso amadrinar al primer hijo de la pareja, nacido en el Palacio de Oriente. Fue una vulgar cortesana quién lo llevó a acristianar. Y si se atrevían a pasear en calesa por el Retiro, rápidamente dejaban de hacerlo el resto de los madrileños. Pero el desaire mayor vino en 1871, cuando a cada acto público al que acudían los monarcas, el pueblo de Madrid contestaba, como protesta y repulsa por la presencia de dos intrusos (por cierto, llamados por España y no por su voluntad) italianos, vistiendo todas y cada una de las castizas españolas, la tradicional mantilla.

Llegó a tal punto su uso y abuso, que a pesar de haberse retraído su empleo y haberse dictado otras modas en la esfera pública, a la reina María Victoria del Pozzo, la consorte de Amadeo de Saboya, no le quedó duda alguna que en efecto, era poco querida. Pero como quiera que intentó integrarse, en una Solemne Función oficiada en la Basílica de Atocha, en ese instante en que la vieron aparecer con el clásico velo hispano, las españolas se destocaron del mismo, naciendo desde ese momento el principio de la salida de los Saboya del país.

Mal se juzgó al rey, un caballero de luces y oficio que accedió al trono español por imposición paterna y que fue maltratado en demasía, sin necesidad. Pero lo cierto es que una simple mantilla, una españolísima y castiza mantilla, fue la que ocasionó nada menos que la caída de una casa real. 

2 comentarios:

manipulador de alimentos dijo...

Me encanta descubrir cosas de la Historia que desconocía. Muchas gracias, un saludo!!

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Pues gracias de veras y espero seguir aportando algo nuevo. Viene una sucesión de entradas para este verano, creo, que muy curiosas. Espero la fidelidad de su lectura.

Un saludo muy cordial.